lunes, 7 de noviembre de 2016

BILBAO ll

...Como decíamos ayer (aquí) Bilbao me sorprendió muy agradablemente, me parece una ciudad muy cuidada, a la que están sacando mucho partido desde el punto de vista turístico.
Por la mañana recorrimos una buena parte de la zona de la ría, que digamos que es el hilo conductor, el eje principal de la ciudad, desde el Palacio Euskalduna hasta el Mercado de la Ribera. Al salir de este, con las pilas cargadas, nos metimos al Casco Viejo, con sus famosas 7 calles, en dirección a la Catedral de Santiago, construida entre los siglos XIV y XVI en estilo gótico, aunque posteriormente y tras varios añadidos, en el S XIX se reconstruyeron la fachada y la torre ya en estilo neogótico. Llama la atención por su pequeño tamaño para ser una catedral, pero en realidad fue concebida para ser una iglesia parroquial, para lo cual era bastante grande.  La torre, de 64 m. de altura, aloja 11 campanas aunque no son visibles tras los ventanales (fuimos incapaces de hacer una foto en la que se viera la torre y la puerta por lo cerca que están los edificios de alrededor):

La portada de la fachada principal, ojival, está flanqueada por esculturas de San Pedro y San Pablo. Encima el rosetón, con la cruz de Santiago:
El pórtico, en el lado sur, ligeramente triangular por su función de contrafuerte  al tener la iglesia problemas de cimentación por encontrarse en terreno de marisma, se levantó en lo que había sido un cementerio.
La portada del pórtico, presenta un escudo policromado de Bilbao del siglo XVIII:
No la vimos por dentro, no nos daba tiempo a todo. Continuamos nuestro paseo en busca del Palacio de John o Edificio de La Bolsa,  hoy Centro Cultural, de estilo barroco, destaca por la puerta adintelada en la entrada de la calle de la Pelota, con una hornacina con la imagen de la Virgen de Begoña.


Por esta zona, en pleno casco viejo, decidimos comer porque, aunque no era muy tarde y no teníamos demasiado hambre (nos habíamos comido unos buenos pinchos), pensamos que más tarde igual había problemas para encontrar donde comer; así que buscamos un restaurante y nos sentamos en la calle, peatonal, viendo pasar a propios y extraños de la ciudad. Comimos tan a gustito.
Después seguimos nuestra ruta, ahora en dirección a la iglesia de San Nicolás, barroca, con sus dos torres y fachada enfrentada al Teatro Arriaga, sufrió acontecimientos cuando menos peculiares (se cerró durante la guerra de la Independencia, más tarde le cayó un rayo y luego, durante las guerras carlistas, se utilizó de almacén militar) por lo que estuvo cerrada al culto durante distintos periodos. Es el punto de encuentro de los pescadores antes de hacerse a la mar. Arquitectónicamente, llama la atención el que sea un octógono dentro de un cuadrado, con esculturas y retablos de Juan de Mena en su interior:
Cerquita está la Plaza Nueva, de estilo neoclásico, cuya construcción se prolongó durante 65 años, interviniendo 3 arquitectos, sustituyendo al recinto antiguo en busca de una mayor funcionalidad, comodidad y belleza:
Supongo que, normalmente, estará muy animada, la gran cantidad de terrazas de bares y restaurantes así dan a entender, pero cuando nosotras la vimos estaba prácticamente vacía:
Seguimos por la margen derecha de la ría en dirección al Ayuntamiento o Casa Consistorial de la Villa de Bilbao, por la mañana lo vimos desde la otra orilla, por el Paseo Uribitarte.  Inaugurado en 1892 es un edificio de porte elegante aunque lo principal creo que está en su interior, por su rica ornamentación, destacando el llamado Salón Árabe (nosotras no entramos):
Nuestro próximo objetivo: el funicular de Artxanda. Para ello continuamos por el Paseo Campo Volantín y nada más pasar el puente Zubizuri nos metimos hacia la Plaza del Funicular (perfectamente señalizado). Compramos los tickets y para arriba. El recorrido es de unos 770 m., con un desnivel máximo de casi el 45%, con una velocidad máxima de 18 km/h, con capacidad para 70 personas, durando el viaje unos 3 minutos. 
Por menos de un euro se llega a un parque donde se puede pasear y sobre todo obtener unas vistas de la ciudad espectaculares, pudiendo observar todo lo que habíamos recorrido durante el día, desde la Torre de Iberdrola, con el San Mamés detrás, a la derecha de la foto, hasta el Teatro Arriaga, a la izquierda de la foto, donde se pierde de vista la ría:
Otra panorámica del Guggenheim, con sus extrañas formas:
Arriba, en el parque, junto al mirador, está el Monumento al Gudari (guerrero). Se trata de una enorme escultura de casi 8000 kg. que representa una huella dactilar y que, como mínimo, invita a la reflexión, porque aparte del significado político que pueda tener, en realidad ¿no tenemos todos una huella dactilar?, ¿no podemos sentirnos representados cualquiera de nosotros?:

Allí pasamos un rato muy agradable pero teníamos que bajar, que nos quedaba todavía una zona de la ciudad por ver, lo que llaman Bilbao Centro. Así que volvimos a utilizar el funicular para bajar, con la suerte de dar con un señor vasco muy amable que, mientras esperábamos, nos estuvo contando cosas.
Cruzamos la ría por el puente Zubizuri o puente de Calatrava, el peatonal de los cables de sujeción, en dirección a la plaza Moyua, que se sitúa en el mismo centro de la Gran Vía de Bilbao. De forma elíptica, se construyó en la década de los 40, con bonitos parterres de estilo francés e inglés y una fuente en el centro:
A esta plaza se asoman importantes y emblemáticos edificios como el hotel Carlton, la Agencia Estatal de Administración Tributaria, el edificio La Aurora (arriba, a la izquierda) o el Palacio Chávarri (arriba a la derecha).
Este, el Palacio Chávarri, es, quizás, el edificio más notable de Bilbao. Fue construido para Victor Chávarri quien, habiendo estudiado en Lieja, quiso que su casa tuviese un estilo flamenco. Además de su colorido, su tejado abuhardillado, su composición,..., llaman la atención sus ventanas: son todas diferentes. Hoy es la sede de la Delegación del Gobierno de Bizkaia:

También nos acercamos hasta el Palacio de la Diputación Foral, inaugurado en 1900, fue considerado un poco excesivo en la ornamentación de su fachada, de estilo ecléctico mezclando elementos barrocos, medievales, monumentales, haciendo gala del espíritu burgués al dejar muestra de poder en edificios majestuosos:
Seguimos por la Gran Vía hacia la Plaza Circular con el edificio Terminus (en la foto, el de la izquierda), la Estación de Abando Indalecio Prieto (el de la derecha) y el monumento a Diego Lopez de Haro en el centro:

Aquí también hay una entrada al metro de Bilbao, con uno de sus famosos fosteritos, llamados así porque fueron construidos por Norman Foster en 1996 y que dan un aspecto peculiar al entorno de la ciudad:


Desde aquí fuimos hasta la iglesia del Sagrado Corazón (junto al Corte Inglés), donde la Compañía de Jesús estableció su residencia con iglesia adjunta. De estilo neogótico, el interior está ornamentado en estilo bizantino:
Y ya nos dirigimos a otro de los edificios que nos llamaron mucho la atención, el Azkuna Zentroae también conocido por Alhóndiga Bilbao. Se trata de un edificio que en su origen fue un enorme almacén de vinos (debían surtir a todo el mundo, o ¿beberían mucho los vascos? jajaja), de estilo modernista, que el ayuntamiento ha recuperado como un centro cultural y de ocio en el más amplio sentido de la palabra:
Es muy peculiar. Según entras, tiene un hall de recepción, el Atrio de las Culturas, con 43 columnas de diferentes estilos y materiales y un gran sol, con tiendas alrededor, además de una gran sala de exposiciones (en la foto, detrás de las cortinas rojas) que estaba preparada para algún evento. Desde algún punto de esta planta baja se puede ver la piscina de fondo transparente que está en la cubierta, cosa curiosa, sin duda: veíamos a la gente por los pies, chapoteando y nadando. También vimos una biblioteca  (mediateka), donde el ambiente, ciertamente, animaba al estudio, a la lectura, al recogimiento. Parecía de película. Hay además 8 salas de cine, un auditorio, un gimnasio, restaurantes y un aparcamiento subterráneo. Nosotras hicimos una incursión por donde pudimos y puedo asegurar que hasta los baños tenían estilo. Y había movimiento, un centro cultural y de ocio, en efecto, y muy bien aprovechado. Me encantó.

Desde aquí creo que ya nos fuimos hacia la estación de autobuses, no sin antes sentarnos en una terracita para tomar un refrigerio, que nos le merecíamos. Eso sí, nos faltaba comprar unos dulces típicos para que los de casa disfrutaran, que no nos olvidamos de ellos... en ningún momento, faltaría más. Así que, ya cerca de la estación entramos en una pastelería y compramos (y, ya de paso, merendamos, que estábamos muy, muy cansadas y había que reponer fuerzas) carolinas, pasteles rusos y pasteles de arroz (Angelines, corrígeme si me confundo). Esperamos un poco y al autobús, de regreso. Yo, realmente agotada, me dormí un rato. 
Y así terminó nuestra primera incursión en la ciudad vecina. Me gustó mucho, la verdad. Para verla bien aconsejo hacerse de un mapa en una oficina de información turística, como hicimos nosotras (en una cercana al Guggenheim), porque, aunque Angelines llevaba un mapa impreso con los puntos principales, siempre es más completo el típico mapita turístico. 
Os pongo una copia de ese mapa con el recorrido que hicimos, mas o menos, en el que destaco (en letra negra) los puntos más emblemáticos de la capital, a modo de orientación (pero lo mejor, repito, es el mapa con su anexo lateral en el que enumeran los  lugares de interés):

Sólo por ver el Museo y sus alrededores merece la pena:

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