martes, 30 de mayo de 2017

EL SOPLAO BAJO MI MIRADA

Quiero contaros mi experiencia con Los 10000 del Soplao 2017. Y no quiero empezar sin decir que el culpable de que lo haya podido vivir así, es mi marido. Él tiene varias experiencias con este evento deportivo, el Infierno Cántabro lo llaman: en 2012 lo intentó en la modalidad de BTT, pero no lo pudo acabar, hasta nevó, en 2014     lo volvió a intentar y ya lo pudo terminar. Y por último, en 2016, el pasado año, lo hizo en la modalidad de Ruta a pie, que también finalizó. Este invierno le acompañé al Palacio de Festivales de Santander a ver una película que habían hecho sobre el Soplao, contando varias historias de participantes, de sus vivencias, y pude ver un poco del ambiente que se respira en esta prueba. Yo nunca había ido, porque tampoco mi marido me lo había mencionado siquiera, y salí de allí con un sabor un poco amargo, la verdad, me dió pena no haberle acompañado nunca. 
Angelines y él han intentado convencerme de que este año lo hiciera yo andando y, cuando han visto que no había manera, mi marido me dijo que si yo quería vivir el ambiente este año, él no se apuntaba  en ninguna modalidad y me acompañaba. Ante su insistencia, acepté y así empezó todo. Yo no entiendo mucho (más bien nada) de las diferentes modalidades, las combinadas, las ultras,..., y, por supuesto, no voy a entrar en la parte técnica, tiempos, recorridos, clasificaciones,...(eso está todo en la web del Soplao). Solo quisiera poder explicar cómo lo viví yo, desde mi mirada ignorante.
Mi particular Soplao comenzó el viernes por la tarde, día en que se recogen los dorsales. Ya por la autovía vimos muchos coches portando bicicletas, pero no me podía imaginar lo que había en Cabezón de la Sal, un pueblo volcado en este evento anual:
Dimos una vuelta por la avenida principal donde ya todo estaba preparado para la salida de los primeros, los Soplaoman y los Ultra, ambas modalidades harían parte de su particular reto de noche.
Bueno, después nos fuimos al Parque Conde San Diego, donde estaban las diferentes carpas con los dorsales, y gran cantidad de imágenes publicitarias y chiringuitos relacionados con este tipo de deporte:

 No faltaba el toque cántabro, con el pito y el tambor, animando el cotarro:
 Todo bien visible:
Y perfectamente organizado para las diferentes pruebas:
 Encuentros con mucha gente conocida. Todos ellos, bueno, los que iban a participar, un poco, digamos nerviosos. De hecho, cuando llegamos, me llamó la atención el aspecto que tenía la mayoría: muy morenos, enjutos, serios, gente triste... Aún no era consciente de lo diferente que lo vería más tarde...
Se iba haciendo de noche y se aproximaba el comienzo de la fiesta.  Cenamos en un restaurante por allí mismo, antes de que empezara el lío. A partir de las 10 comenzaron a contarnos por megafonía un poco de la historia del Soplao y del esfuerzo de los Soplaoman (prometieron que para el año que viene sería Soplaoman y woman, ya que había 2 participantes femeninas), que ya por la mañana tuvieron que luchar contra la fuerza del mar. Todos dijeron que estaban muy bien y con muchas ganas de empezar la siguiente prueba, ¡después de haber nadado entre 3 y 5 horas por la mañana!. Este fue mi primer golpe con la realidad, empezaba a tomar conciencia de lo que iba a ser aquello. Inauguración oficial con las correspondientes palabras de los políticos de turno, con una pincelada del folklore cántabro, a manos de un grupo de Ibio:
A las 11 en punto salían los primeros, los Soplaoman,  ¡venga Rubén!, mis manos empezaban a calentar. Y detrás los ultra:
 Cuando salieron todos, nos fuimos al coche y a Ruente, a verles bajar por la super-cuesta, lo que llaman el cortafuegos, una bajada casi en vertical, donde las piernas ..., y que yo os  conté aquí
Es en ocasiones como esta cuando echo en falta esa cámara de fotos que mi marido quiere comprarme y que yo no quiero por no cargar con ella. Pero aquí me hubiera encantado tenerla, porque la mía con poca luz no es la mejor. Pero bueno, esto es lo que hay...
Ya desde Ruente hice fotos de la bajadita. Ponía los pelos de punta ver una especie de serpiente de luz y pensar en la dureza del tramo que yo ya conocía:
Tuvimos que ponernos al final del pueblo si queríamos ver a los participantes, por la cantidad de gente que había. Todos con sus focos en la frente. Y corriendo. Yo no podía dejar de aplaudirles y animarles. Y, prácticamente todos, te devolvían una sonrisa. Aquello me parecía de seres de otro planeta, no humanos. ¡Esta gente había nadado por la mañana varias horas en el mar Cantábrico y ahora pasaban por allí corriendo y con alegría en la cara! ¡Y eran las 12 de la noche! Ahora que veo las fotos pienso que igual es verdad que eran de otro mundo y esas luces amarillas les inyectaban energía:
Estuvimos un rato más animando y ya nos vinimos para casa, que al día siguiente queríamos madrugar para volver a ver la salida de las demás modalidades. 
La mañana amaneció lluviosa. Con nosotros fue Angelines, que iba a participar en la ruta a pie. Ibamos todos nerviosos porque, aunque al principio pensábamos que por allí no llovería (era la previsión), cuanto más nos acercábamos, más oscuro se ponía. Allí se fueron juntando los que conocíamos: Angelines, Andrea, Maria José, Jose Angel, Milio, su hijo:
Ángel, Juanjo, Rocio, Juan, Oscar, Gabi,..., todos deseando empezar:
Por otra parte estaban los de Btt. Entre ellos, Paco, Ricardo,.....:
Y los de la combinada con Rafa y Lolo participando:
A las 8 en punto se dio la salida para los primeros, los ciclistas (de montaña, que los otros salen dos semanas más tarde). 17 minutos saliendo ciclistas. Después salieron los de la combinada, los de la ruta a pie y los de la ruta adaptada. Suerte para todos y que cada uno cumpla aquello que venía buscando:
Mientras ellos seguían su recorrido, nosotros cruzamos el pueblo para verles pasar por otro tramo. Sus caras de felicidad eran contagiosas. Cada uno a su ritmo. Alguien dijo por detrás mío al oír al helicóptero sobre nuestras cabezas: "Tranquilos, que ahora deja de llover, que pasa el helicóptero". Y en efecto, ya no volvió a llover. Desde luego, una gran alegría para esta gente que bastante tenía ya...:
Con casi 2500 inscritos en la modalidad de ruta a pie, el verles pasar imponía, la verdad:
También vimos a los que realizaban la ruta adaptada. Familiares o amigos llevando a los participantes con alguna incapacidad. Más duro todavía. Cuando pasaron todos, cogimos el coche y nos dirigimos a Ruente. Antes de llegar al puente de Santa Lucia, la vista de la Sierra del Escudo de Cabuérniga, por donde tenían que subir los de la ruta a pie y los de la combinada, era esta, se perderían en la niebla:
Pero al pasar al otro lado de la Sierra, a Ruente, la cosa ya había mejorado y ya les veíamos bajar por el temido cortafuegos y, algunos, por otra senda más a la izquierda (en la foto se puede apreciar, si pones mucho interés, jajaja):
Nos colocamos junto a las vallas para verles pasar. Yo no dejaba de aplaudir y animar, aunque no les conocía de nada, porque he oído a los que ya han participado que es muy importante para ellos el que alguien les ofrezca una palabra de ánimo, así que, hala, a animar (también es verdad que había algún antipático, que ni te miraba siquiera, que daban ganas de retirarles lo dicho, jajaja, pero estos eran contados, la inmensa mayoría te lo agradecían con su mirada, con sus gestos, con sus palabras). Veíamos a los que pasaban y a los que seguían bajando por el cortafuegos, con nuestros prismáticos. En torno nuestro, gente que esperaba a maridos, hermanos, hijos, amigos. Cada uno con su historia. Como el que estaba negro porque su hermano no acababa de pasar y no era lo esperado. Tenían hecho un estudio de tiempos de pasada por cada control y algo fallaba. Al final llegó. El hermano iba bien, no sabía dónde estaba el problema, y él quería llegar a Ucieda en moto y comprobar que todo estaba en orden. Y en estas estábamos cuando llegaron Milio y su hijo, que pasaron como las balas. Estos no andan, vuelan!!! Casi no les pillo:
Más gente, nuevas historias, como la del chico que llegó donde su mujer y su hijo renegando porque se le caía el pantalón. "Claro- me dice- tanto que tenía que bajar de peso, que he bajado 5 kg y ahora la ropa se me cae". A los 20 minutos pasó este otro grupo de los Ozono, con estas caras:
Y media hora más tarde llegó la chica valiente, contenta porque había bajado bastante bien. ¡¡¡Ánimo Angelines!!!
Un cuarto de hora después pasó este otro grupo. Andrea, feliz:
Nuestro próximo destino era el Área Recreativa Saja, la Campa de Ucieda,  pero como hasta allí no dejaban llegar en coche, decidimos ir andando y así hacíamos también nosotros lo que nos gusta. Pero no sé si fue buena idea. El camino más corto para ir era el mismo que hacían en bicicleta, por lo cual era un poco agobiante por el cuidado de no interceptar su buen hacer. Pero en una de esas que me aparté para dejar pasar a un grupo de corredores, cual fue mi sorpresa cuando vi que Paco y Ricardo formaban parte de él!!! Yo, que seguía aplaudiendo a todos los que pasaban, no daba abasto a foto, gritos de ánimo,...¡¡¡venga chicos!!!: 

Supongo que los participantes no tendrían mucho tiempo de disfrutar del entorno, pero era realmente bonito:
Y así llegamos a la campa. Nuevas historias. Un chico tenía su bici tirada en la cuneta y al preguntarle qué le había pasado nos dijo que subiendo había notado que la bici le iba mal y decidió volverse a la casa rural que habían alquilado para el fin de semana del Soplao pero allí se había trabado la rueda de atrás y... hasta allí llegó. Se le había roto el eje, pero él ni se había dado cuenta.
Al poco de llegar a la campa, ya vi bajar a Ángelines. Hasta me puse nerviosa de verla. Estaba tan contenta de verla llegar con esta cara de felicidad...:
Estuvimos un rato con ella, mientras reponía fuerzas comiendo y bebiendo un poco. Aquí, en la Campa de Ucieda, estaba uno de los puntos de avituallamiento:
Los ciclistas también paraban para hidratarse y comer algo:
Luego vimos llegar al grupo de Jose Ángel (el de Ángel ya había pasado). Todos fueron reanudando la marcha hacia la ruta de los Puentes, que nosotros también hemos hecho (aquí podéis recordarlo). Eso sí, ellos continuaban su camino hacia El Toral, otro paraje duro del recorrido (y donde estaba otro punto de avituallamiento, el de las salchichas, huevos y calimocho! Si lo llego a saber...).
Nosotros nos volvimos andando hacia Ruente. Por el camino más historias: Adelantamos a una pareja que bajaba muy despacio, ella cojeando. Al preguntarles qué le había pasado, nos contaron que al bajar por el bosque antes de llegar a la campa, le había empezado a doler mucho una rodilla y decidieron dejarlo allí, que otro año sería. Tenían que volver andando hasta Cabezón de la Sal, 10 km. más abajo. No sé cómo llegarían. Después he pensado que para esos casos también supongo que estarían los vehículos de la organización.
En Ruente cogimos el coche y nos fuimos a otro punto álgido del día, la subida hacia el Negreo. Aparcamos donde pudimos y nos subimos por una pista para ver a los ciclistas en lucha contra el terreno. Por un desnivel que costaba salvar andando, subían los valientes, con gran esfuerzo. Ahí mi marido me dijo que daría lo que fuera por estar entre ellos. No me lo podía creer. Está claro que en este tema del sufrimiento haciendo deporte tenemos distintos puntos de vista. Pero una cosa me quedó clara. Hay mucha gente a la que el supremo sacrificio, el esfuerzo hasta la extenuación, le compensa con la satisfacción del desafío conseguido, mi marido está entre ellos. Y yo seguía aplaudiendo, animando (Jose me decía que descansara un poco... lo recordaría al día siguiente, que tuve hormigueo en las manos):
Desde allí ya nos volvimos a Cabezón para ir viendo cómo llegaban. Aquí tengo la prueba de que mi marido tampoco se quedaba atrás animando,  en este caso a Mimi:
Y  diez horas y media y 50 km después llegaba nuestro primer grupo, felices, satisfechos, sin otro sentimiento que no fuera la alegría (el cansancio y las agujetas ya llegarían al día siguiente):
2 horas más tarde, Angelines y sus amigas, con gran juerga:
Y por último, media hora después llegó el grupo de Andrea, que por cierto, se puso muy contenta de vernos, jajaja.
Al final, nos juntamos todos y, desde luego, tienen mi reconocimiento por su espíritu de superación sin límites. Aprendí muchas cosas ese día. Todos perseguimos sueños y marcamos nuestros objetivos. Para algunos eso supone ir superando retos que se autoimponen, siempre en pos de conseguir una satisfacción personal intentando vencer las propias limitaciones, aunque eso les suponga sufrir lo indecible. Yo tengo otra forma de entender la vida y el sacrificio, pero eso no me impide reconocer el valor de esta gente y entender que donde yo veía gente triste el día anterior, ahora veo gente preocupada por ser o no capaces de superar aquellos retos personales para los que se han estado preparando, algunos durante mucho tiempo. Los desafíos eran  muy duros y los tiempos empleados muy variados:
  • BTT: 
              Oro:      163 km. 
              Plata:    127 km.
              Bronce: 113 km.
    En la cat. Oro, tardaron entre 6h 45min. (el primero) y 17h                     15min (el último).
  • ULTRAMARATÓN: 
              Oro:    113 km.
              Plata:    83 km.
              Bronce: 73 km.
       En la cat. Oro tardaron entre 12h 52min. (el primero) y 24h              21min (el último).
  • MARATÓN: 48 km.
        Emplearon entre 4h 10min y 12h 45min.
  • COMBINADA: 48 km. corriendo + 70 km. en bici.
        Tardaron entre 7h 39min y 14h 7min.
  • RUTA A PIE: 50 km.
         El primero empleó 6h 58min y el último 15h 49min.
  • SOPLAOMAN: 10 km. nadando ( o alternativa, dependiendo del tiempo) + 77 km. corriendo + 111 km. en bici.
      Tiempos empleados:
         Natación:        2h 58min /5h 6min. (no sé la distancia exacta).
         Ultra y Btt:   14h 09min/ 21h 26min.
  • AGUAS ABIERTAS: 10 km. (o menos, según el tiempo).
         Les llevó entre 2h 28min y 4h 29min. (no sé distancia exacta).
  • RUTA ADAPTADA: 
          Movilidad reducida:     15 km: 4h 14min / 9h 33min.
          Senderismo inclusivo:  25 km: 4h 27min / 9h 45min.
  • BTT E-BIKE: (Con ayuda, max. 25 km/h y 1 batería) 
              Oro:      163 km. 
              Plata:    127 km.
              Bronce: 113 km.
           En la cat. Oro, el primero tardó 5h 36min. y el último 12h 59min.
Los tiempos tan diferentes empleados por el primer clasificado y el último, en las diferentes modalidades, nos da una idea de la gran diferencia entre unos participantes y otros: Cada uno con sus circunstancias, con su objetivo y con su ritmo. ¿Os imagináis qué se le puede pasar a alguien por la cabeza para estar haciendo la ultramaratón, 113 km, durante más de 24 horas? ¿o haciendo los 50 km andando durante más de 15 horas? En fin...

¡Quién les iba a decir a aquellos que hace años pensaron en organizar algo como esto y le pusieron el nombre de Los 10000 del Soplao, que no solo se iba a superar esa cifra, sino que también iba a traspasar nuestras fronteras con inscritos no solo de todas las comunidades españolas, sino de 16 nacionalidades más! ¡y que cada año deben aumentar el número de modalidades para dar respuesta a todas las peticiones y necesidades! Organizadores que deben estar orgullosos por hacer del Infierno Cántabro una de las pruebas más bonitas del panorama europeo. "Es en la única parte de Europa, y he participado en pruebas de varios países, donde la gente está animándote a cualquier hora del día o de la noche" decía un Soplaoman aquella noche antes de salir a correr la ultramaratón.
Y así terminó mi experiencia con el mundo Soplao. Lo que en principio pudiera parecer, incluso, un poco aburrido, por tantas horas que pasamos allí, en realidad resultó ser de lo más entretenido, eso sí, acabé "casi" tan cansada como ellos, los participantes, jajaja.
Sólo me queda hacerme a mí misma una última reflexión: Cada uno afrontamos cada momento de nuestra vida de una forma distinta pero creo que siempre deberíamos perseguir lo mismo, aquello que nos proporcione la felicidad.

jueves, 18 de mayo de 2017

BROWNIE DE CHOCOLATE


El Brownie,  esa especie de bizcocho más compacto que el normal, que surgió cuando a un repostero norteamericano se le olvidó añadir la levadura a su pastel de chocolate, es un postre que nunca había hecho, aunque sí que había comido y me gusta, pero no había encontrado el momento. Y hete aquí que a Robert, mi profe de inglés, le gusta mucho el chocolate, así que pensando en algo que pudiéramos comer todos en clase, con facilidad y sobre la marcha, pensé que esta era una buena opción. Me dijeron que estaba muy bueno y, como a mí también me lo pareció, repetí para que lo pudieran probar en casa y aquí os presento la receta.

Ingredientes:
  • 200 gr. de chocolate negro (70% mínimo).
  • 100 gr. de azúcar (normal o glass).
  • 100 gr. de mantequilla.
  •   80 gr. de harina de repostería.
  •     4 huevos grandes.
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio.
  •    1 cucharada de esencia de vainilla.
  • 2-3 cucharadas de cacao en polvo.
  • 80- 100 gr. de nueces troceadas (opcional pero aconsejable).
Empezaremos preparando el recipiente donde vamos a hacer nuestro brownie. En mi caso, lo he hecho en una fuente cuadrada  de cristal, tipo pirex. Lo he engrasado con un poco de mantequilla (yo cojo un trozo de mantequilla con la mano y lo voy pasando por la base y subo por los laterales del recipiente). Después espolvoreo un poco de cacao en polvo, dejando un poco para las nueces; hago esto en lugar de poner harina para evitar que quede alguna mancha blanca en la base y para potenciar el sabor a chocolate.

Por otra parte, troceo el chocolate y lo pongo con la mantequilla en un bol. Lo meto al microondas durante 3-4 minutos y miro a ver como está de deshecho. Vuelvo a meterlo en intervalos de 30 segundos si fuera necesario. 






Lo bato con varillas hasta que quede una crema fina. En otro bol, batimos los huevos con el azúcar hasta conseguir una crema espumosa. Añadimos el bicarbonato y la vainilla y lo mezclamos bien.








Juntamos la crema de chocolate con la mezcla de los huevos y batimos.








Añadimos la harina tamizada con un colador y mezclamos hasta conseguir una crema homogénea.





Vertemos la mezcla en el molde de cristal. Las nueces troceadas las mezclamos con un poco de cacao en polvo y las añadimos a la mezcla intentando "enterrarlas" bien para que queden cubiertas por el chocolate (nos ayudamos de un tenedor).
Las nueces son opcionales, pero yo aconsejo (con vehemencia, jajaja) ponérselas, porque le da una textura y un sabor perfecto, pero a quien no le gusten...

Ya sólo nos queda hornear nuestro pastel "marroncito". 


Lo haremos en el horno precalentado a 180º C. durante más o menos 40 minutos, en el centro. Esto depende del horno y siempre hay que estar un poco pendiente y pincharle a partir de los 30 minutos para ver si sale limpio (palillo, tenedor, cuchillo,..). 




No es conveniente hacerle mucho porque se quedaría seco. Si vemos que se nos dora mucho, como me pasó a mí, lo tapamos con papel de aluminio. Se trata de que la superficie nos quede crujiente y el interior jugoso.
Le sacamos del horno y en cuanto se temple un poco ya podemos desmoldarle, aunque yo siempre los hago por la noche y los dejo para el día siguiente.
Finalmente, y una vez frío, lo partimos y .... A DISFRUTAR!!!
Y vosotros, ¿hacéis el brownie de otra manera?, porque recetas hay varias, esta mía quizás se acerque bastante a la original, y estoy segura de que os va a gustar, que los muy chocolateros vais a disfrutar un montón, pero bueno, cada uno tiene su gusto particular, y su truco. ¡¡¡Contadnos!!!

viernes, 12 de mayo de 2017

HUESCA, PIRINEOS


Este año, la Semana Santa volvía a replantearse en esta familia. Después de varios años en los que, por causas familiares, mi hermana y yo no habíamos podido compartir este tiempo vacacional, este año hemos retomado la costumbre de años atrás. No ha sido como en los mejores tiempos, en los que nos íbamos con nuestras hijas, pero teniendo en cuenta que eso ya no es muy fácil (cada una tiene sus cosas), pues nos hemos ido los cuatro, nosotras dos con nuestros respectivos mariditos. Cuando pensamos en el "dónde", mi marido y yo lo teníamos claro. Queríamos ir a Huesca, que no lo conocíamos, pero mi hermana sí que lo conocía, así que estábamos abiertos a otras opciones. Pero a ellos no les importaba repetir así que... decidido!!! Huesca y sus montañas nos esperaban.
Hace ya un par de meses que empezamos a buscar alojamiento en alguno de sus valles y no encontramos nada. Al final dimos con un hotelito en la ciudad de Huesca y, la verdad, creo que para nosotros ha sido un acierto: Se trataba de hacer rutas en coche porque mi hermana no está para andar, por lo que, tomando Huesca como campamento base, nos íbamos cada día a una zona. Así que os voy a contar y enseñar nuestro viaje a través de algunas de las muchas fotos que hicimos. Seleccionar no ha sido tarea fácil, pero sí quiero dejar claro que no tienen ningún tipo de retoque ni de filtro, lo único que hago con algunas es recortarlas para dejar sólo lo interesante o para quitar algo que las afee. Nada más. Así es lo que vimos.
Salimos el Jueves Santo. Ya llevábamos diseñada una ruta para ir viendo cosas por el camino (ya sabéis que a mí me gusta prepararme los viajes, jajaja). Fuimos por Pamplona y la primera parada la hicimos en Sangüesa, a orillas del río Aragón, donde tomamos un tentempié y paseamos por sus calles, junto  a la iglesia de Santa María la Real, con su pórtico románico y su torre octogonal gótica:  
Continuamos por la A21, la autovía del Pirineo, y una vez pasado el límite de Navarra, ya en Huesca, dejando atrás el Monasterio de Leyre (que ya conocemos), nos adentramos en una carretera nacional que serpentea junto al Embalse de Yesa, una preciosidad. Para mi album de espejos se queda esta foto, donde no sabías muy bien qué parte era real y cuál  su reflejo:

Seguimos por la carretera nacional con la idea de parar a comer en la primera oportunidad que se nos presentara. Y allí estaba Berdun, encaramado en aquella loma:
Comimos en un restaurante junto a la carretera, sin entrar en el pueblo, desde donde pudimos ver las primeras nieves en un día donde la palabra primavera alcanzaba su más amplio sentido, ¿o no?:
Nuestro próximo destino era el Monasterio  de San Juan de la Peña, cerca de Jaca. Se trata de un conjunto arquitectónico medieval construido aprovechando la roca que le sirve de protección, en una perfecta mimetización con el entorno, donde se mezcla la realidad con la leyenda: "Se habla de un joven zaragozano que se precipitó al vacio montado en su caballo mientras perseguía a un ciervo. Se encomendó a San Juan Bautista y él y su montura fueron cayendo suavemente sobre la gruta en la que había un cadaver incorrupto..." 
En el S. XI fue muy bien considerado por la monarquía aragonesa, convirtiéndose en panteón de reyes, parada del Camino de Santiago y refugio del Santo Grial: 
Su magnífico claustro románico nos hace entender perfectamente el buen gusto de aquellos reyes. : 
Sentarse allí, rodeado de aquella tranquilidad, con los Pirineos de frente...:
Pero al final del S. XII y en los siguientes, comenzó su decadencia: Pérdida de donaciones, multiples pleitos, deterioro de la construcción, numerosos incendios pero, sobre todo, fue el último incendio en 1675, que lo dejó sin posibilidad de habitabilidad monacal, lo que obligó a construir el llamado Monasterio Nuevo. Está un poco más arriba, en una amplia campa, el Llano de San Indalecio, sitio perfecto para pasar un día de campo en familia. Desde aquí, donde se puede aparcar muy bien, te bajan en autobús hasta el Monasterio de abajo, donde no hay sitio para aparcar.
La fachada del Nuevo Monasterio es barroca, con exuberante vegetación y San Juan Bautista en la hornacina central:
Pero en el S. XIX las dependencias fueron abandonadas y acabaron completamente deterioradas hasta que el Gobierno de Aragón lo rehabilitó. Actualmente alberga el Centro de Interpretación del Reino de Aragón, el Centro de Interpretación del Monasterio de San Juan de la Peña y una Hospedería (con categoría de hotel de 4 estrellas). Un magnífico edificio monástico de la Edad Moderna:
Tras respirar un ambiente de recogimiento nos dirigimos a nuestro siguiente objetivo: los Mallos de Riglos. Mi marido lo tenía apuntado desde el momento en que decidimos ir a Huesca y la verdad es que conforman un paisaje espectacular. Ya antes de llegar íbamos alucinando por el color del río Gállego  y su sinuoso cauce. Y de repente, en una de sus curvas, ante nuestros ojos los Mallos, que aunque no sepas qué son, enseguida te das cuenta, yo no había visto nada parecido: el mallo es una formación rocosa propia del valle del Ebro y de la zona prepirenaica, de grandes farallones y agujas, formados por cantos envueltos en arcilla y arena que lo cimentan y que fueron sedimentos depositados por los afluentes del río y que ahora vemos adosados a las laderas de la sierra, tras sufrir la erosión que ha redondeado sus partes altas. Pasamos un rato fijándonos en las diferentes figuras cuyos nombres ya nos sabíamos (mis deberes). Estos Mallos de Riglos son muy apreciados por los escaladores, pero alucinamos al pensar que escalan a uno de ellos, el Puro, en la foto, una "raya" más oscura en la roca de la derecha (he visto fotos y apenas se pueden poner dos personas de pie en la punta): 

Toda esta zona es muy propicia para realizar deportes de aventura en agua: barranquismo, piragüismo en aguas bravas, rafting,... y puenting!! Al pasar por este puente, cerca de Riglos, vimos que se estaban preparando para algo y, efectivamente, una chica se tiró desde el borde. Uuuuufffff, yo quiero hacer parapente, pero esto del puente no me dice nada (bueno):

Continuamos hasta el castillo de Loarre, el edificio militar-civil románico mejor conservado de Europa, construido sobre un promontorio de roca caliza, que le sirve de cimientos, en el S. XI:
Se puede hacer una visita guiada o, como nosotros, con audioguías, muy cómodo y claro, puesto que en cada sitio de interés había una marca para escucharlo a tu ritmo. Mirad qué en ello estaba la peña, con la torre Albarrada detrás de ellos: 
Pudimos recorrerle entero, con estancias curiosas como la iglesia de San Pedro, de una sola nave rematada por una bóveda semiesférica, extraña en esta época. En la parte inferior las columnas y capiteles merecen un rato de contemplación por su decoración, más simbólica que bíblica:
Desde aquí mismo nos asomamos por una ventana y la vista sobre lo que llaman la Hoya de Huesca es espléndida:
Continuamos paseando por todos los rincones del castillo. Esta era la zona monacal, un poco más deteriorada, aunque te podías imaginar cómo podía ser la vida allí: 
Cualquier rincón era bueno para descansar un poco... y escuchar con atención:
Y para observar, a través de algún ventanal, lo que rodeaba al castillo. Desde esta perspectiva, se veía la entrada al recinto amurallado, la muralla y la sierra de Loarre:
Aquí el llamado Mirador de la Reina, restos de una gran sala, donde se aprecia el característico ajedrezado y magníficas vistas:
 A la Torre de la Reina se accede por una pasarela metálica desde la Torre del Homenaje y es de pequeño tamaño porque, en realidad y pese al nombre, nunca sirvió de vivienda para ninguna dama, sino que tenía funciones defensivas:
 Y buscamos los detalles que encierran estos muros, como numerosas marcas de cantero (iniciales de su nombre, principalmente), pero también otros más elaborados como este simpático perro con collar y pata levantada, que apenas se ve en la entrada a la oscura cripta de Santa Quiteria:
 O estos de la puerta de entrada al castillo que representan a Abraham con su espada sacrificando a Isaac (en el capitel de la izquierda) y a dos monos simbolizando al vicio y al pecado (en el de la derecha). Nos costó encontrarlos, pero aquí están:
Y esta era la imagen del castillo cuando salimos, cuando el sol se escondía ya detrás de él. Sin duda, digno de pasar un buen rato observando todos los detalles que aúna entre sus muros:
Cerca de allí está Bolea, seguimos en la comarca de la Hoya, donde se encuentra la Colegiata de Santa María la Mayor. Fue construida en el S. XVI, declarada Monumento Histórico-Artístico y de estilo arquitectónico de transición entre el gótico y el Renacimiento. Entre sus muros guarda verdaderos tesoros:
Llegamos hasta ella callejeando por un pueblo de calles empinadas y estrechas, pero al llegar al alto las vistas y sus tonalidades te reconfortan:
Y desde allí, nos fuimos ya para la ciudad de Huesca, donde teníamos el alojamiento: Un hotel pequeño, muy bien situado en el mismo centro, en una zona muy tranquila. Llevamos nuestras cosas a las habitaciones y salimos a tomar algo, cenar, ver un poco la ciudad, que es muy pequeña, con una plaza mayor muy pequeña, la plaza Luis López Allué, pero muy coqueta, pintada en tonos rosas:
 Y con la misma, nos retiramos a nuestros aposentos, que nuestra vista estaba cansada de tanto ver, y nuestro cerebro necesitaba un tiempo para asimilar y ordenar tanta información (ole, ole).
Al día siguiente, Viernes Santo, tocaba ruta de montaña, Pirineos a tope. ¿Nuestro primer destino?: Estación de Canfranc!!!!
La Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc está muy cerca de la frontera con Francia, construida precisamente para unir ambos países, a través de un túnel construido en Somport, y fue concebida como un gran escaparate para los extranjeros que viniesen a España o sea, puro postureo.  Se inauguró en 1928 y a través de sus lineas se transportaron gran cantidad de mercancías: Wolframio que necesitaban los alemanes para reforzar sus tanques, oro que, a cambio, venía de Suiza a España,... Y también gran cantidad de pasajeros (incluidos judíos huyendo de los nazis). Pero a causa de la guerra civil española primero, y de la 2ª guerra mundial después, sus años de gloria terminaron y en 1970 dejó definitivamente de funcionar por un descarrilamiento en la parte francesa. Actualmente y tras muchas vicisitudes políticas, con varios intentos de rehabilitación, este conjunto histórico está... Eso sí, se mantiene una linea de media distancia, que la une con Zaragoza, de tipo turístico.
El edificio de la estación es una maravilla: Tiene 241 m. de longitud y 75 puertas en cada lado de la estación:
La parte central, de aspecto suntuoso, albergaba el vestíbulo y la zona de taquillas:
A los lados estaba la aduana, la comisaría de policía, correos y un hotel internacional. Y andenes. Y varios muelles con pasos subterráneos (pasamos por uno de ellos y daba miedo). Todo ello enmarcado por un paisaje inenarrable (me refiero a las montañas):
Pero es un edificio rodeado por una cerca, con posibilidad de visitas guiadas (imprescindible realizar reserva con tiempo). Se puede pasear por alrededor, por los muelles, por las vías y su vegetación (no he encontrado información sobre el nº de vías que tiene, pero muchas, y de diferente anchura según fueran para los trenes españoles o franceses). Hay también restos de varias grúas y vagones, casi comidos por la espesura:
 En general, me llevé una gran decepción. Es un edificio precioso pero el entorno está completamente abandonado, matorrales que levantaban por encima nuestro, vías enterradas entre tanta hierba, puertas y ventanas tapiadas de cualquier manera, estructuras metálicas herrumbrosas, vagones abandonados a su suerte (a su mala suerte), ... Pudimos entrar en un par de salas que tenían las puertas desvencijadas, y daba verdadera lástima ver cómo estaba aquello, la verdad:
No puedo ni describir con palabras la sensación de abandono que me produjo ver todo aquello aunque entiendo que el mantenimiento de semejante infraestructura sea muy costoso. Pero fijándonos en la belleza del edificio, ¿no sería interesante llevar a cabo algún tipo de proyecto de restauración, de tipo hotel, centro comercial, incluso museo o centro de interpretación que tanto se lleva ahora? No sé, me dejó un poco plof, esperaba otra cosa. 
Detalle del bonito remate del tejado:
Pues nada, después de patear aquella zona volvimos al coche y, por una carretera sinuosa, subimos a la estación invernal de Astún, unos 10 km. más arriba, donde nace el río Aragón que tanto hemos visto en este viaje. Ya había poca nieve:
Desde allí, bajando un poco, volvimos a un cruce que, 1 km. más arriba, nos llevó al puerto de montaña de Somport, a 1640 m. de altitud, en la frontera con Francia, la ruta más popular del Camino de Santiago antes de cambiarlo a Roncesvalles por ser menos abrupto y más corto (todavía se utiliza por quien le viene mejor esta ruta, claro, que carteles hay por todas partes, que el Camino de Santiago es infinito y pasa por donde quiere, ¿verdad Jose?). Cruzamos la frontera y nos volvimos para España. 
Paramos para disfrutar de esta estampa. Se trata de Candanchú, donde está la estación de esquí más antigua de España, con un completo circuito de esquí de fondo y con una de las mejores zonas del mundo para esquiadores principiantes, a tan solo 6 km. de Astún:
Ahora, volviendo ya sobre nuestros pasos (o mejor dicho, rodadas), nos acercamos a Jaca, capital de la comarca de la Jacitania, por la que nos estábamos moviendo toda la mañana. Vimos el famoso Palacio de Hielo, donde se han celebrado varios campeonatos del mundo de patinaje artístico. Buscamos la catedral, el puente medieval de San Miguel (nos costó un poco encontrarle, las señales nos daban información contradictoria, no estaban muy claras, jajaja). Pero apareció:
Comimos en un restaurante con vistas a la Ciudadela de Jaca, monumento artístico:
Después de comer, dejamos atrás el valle del Aragón para ir al siguiente valle, hacia Panticosa, bueno, Baños de Panticosa para ser exactos, 8 km. más arriba, donde está el lago natural, el Ibón de Baños:







Este lago recoge las aguas de los abundantes torrentes que bajan de las cumbres que lo rodean. Aquí dos de mis amores disfrutando de un maravilloso entorno, junto a una de esas cascadas, a la que se llega tras un corto paseo:

Aquí está el Balneario, con 6 fuentes de aguas nitrogenadas y sulfurosas con importantes propiedades minero-medicinales.
Este sitio me encantó, no me importaría perderme allí una temporada, haciendo rutas, descansando en el Gran Hotel, pasando algún ratito en el Casino, tratándome en las Termas de Tiberio, reflexionando en la capilla del Carmen o, simplemente, sentada en una piedra con un buen libro y con el sonido de la naturaleza como música de fondo:
Allí pasamos largo rato, pensando en lo hermoso que sería cubierto de nieve y con el lago congelado, pero debíamos continuar, queríamos subir hasta Formigal. Retrocedimos unos kilometros hasta coger la A-136 que nos condujo a Formigal, por la cuenca del río Gállego en el valle de Tena:
Estampas de gran belleza, pasamos junto a varios embalses que aprovechan el agua del deshielo, aunque a mí me pareció que tenían poco agua para el tiempo en que estábamos, la verdad, como este de Lanuza, junto a Sallent de Gállego, capital del Valle de Tena y a los pies de las cumbres más altas de la cordillera pirenaica:
Y así, subiendo por el puerto de Portalet, a casi 1800 m. de altitud, donde nace el Gállego, llegamos a la frontera con Francia otra vez (y la atravesamos de nuevo).  En realidad, está cerca de Astún, pero no tienen conexión posible por carretera.
En Formigal hay una gran infraestructura hotelera y de servicios, con un gran ambiente nocturno. Fue donde vimos más nieve y donde el cielo estaba más oscuro:

Y así terminaron nuestras andanzas de este Viernes Santo. Sólo nos quedaba volver a Huesca, ducharnos y salir a tomar algo para después cenar. Al día siguiente nos quedaba el plato fuerte. Pero esta es otra historia...
Eso sí, dejo los mapa de las rutas seguidas estos 2 primeros días, más que nada por situarme cuando lo vuelva a recordar. Espero que a vosotros también os sirva de referencia: 

Ruta 1-Jueves Santo:

Ruta 2-Viernes Santo