lunes, 16 de noviembre de 2015

SANTANDER: SENDA LITORAL I

Noviembre. Magnífico tiempo aquí, en Cantabria. Disculpa perfecta para darnos un paseo por el litoral de Santander, nuestra preciosa capital. Una maravilla. Con mis dos soles:

Dejamos el coche en la parte de arriba de la playa de Mataleñas y ya esa primera vista de la playa (con gente bañándose en Noviembre, en Cantabria!!!), del Campo de golf de Mataleñas, del Palacio de la Magdalena, del Puntal, del hotel Real, de las montañas al fondo,..., es indescriptible!!!
Desde allí subimos andando por un prado en dirección al faro de Cabo Mayor, siempre por el borde costero, pasando por un mirador, una plataforma, donde hubo un cañón en tiempos de la guerra civil, deleitándonos con el espectáculo.

Subimos por unas escaleras hasta el faro y fuimos a tomar un tentempié en el bar (mi hija decía "pero si acabamos de empezar", pero por si no había otra oportunidad más adelante...):
Bajamos por un prado por detrás del bar en dirección al mar. Este es el tramo más costoso del camino, poca cosa, pero es donde hay más pendiente. Y empezamos a disfrutar de la falta de ruido (sólo el del mar). Es una senda muy clara, debe de pasar mucha gente por allí por lo que los caminos están muy bien marcados:



















Seguimos por todo el borde, viendo las distintas formas que el tiempo y la fuerza del agua y el viento han hecho a lo largo de todo el litoral.
Enseguida, mirando hacia atrás vemos el camino seguido:
Llegamos al Puente del Diablo, que actualmente ya no existe (me refiero al original, el de piedra), puesto que se cayó creo que en 2010. Yo tengo una foto con mi amiga Tere pasando por ese "puente", un día que salimos a despejarnos con Eduardo. Ahora han hecho un puente de madera para salvar esa parte del camino:
Más adelante vimos una construción en piedra, el Panteón del Inglés, mandado construir por José Jackson Veyán, en memoria de su gran amigo, el inglés  William Rowland, que murió en un trágico accidente cuando ambos paseaban por allí a caballo, un día en que el mar estaba bravo. El caballo se desbocó con el rugir de las olas, el inglés se cayó, desnucándose, y el caballo rodó hasta el mar. A pesar de su nombre, no guarda ningún resto, sólo es un recuerdo de amistad:


Continuamos disfrutando del entorno. Cuando nos pareció que el sitio era especialmente agradable y cómodo, nos pusimos a comer. No nos dimos cuenta que justo al lado teníamos un par de gorilas enfadados, quizás porque no les ofrecimos nada. Eso sí, algo de nuestra comida les debió de sorprender mucho porque se quedaron de piedra (vosotros también les podéis ver, ¿verdad?):


Mientras comíamos, el mar se fue embraveciendo:

Lo cual no pareció importunar a las aves marinas, como esta garceta, que también disfrutaba del espectáculo, eso sí, en primera fila:
Las olas parecían haber roto algún vidrio en mil pedazos, para poder lucir brillantes, mágicas, con sutiles reflejos,...:
Momentos para descansar. Y mirar. Y escuchar. Y...: 
...Y tocar. No pudimos resistir la tentación de bajar a tocar el agua. No estaba demasiado fría, teniendo en cuenta que estamos en Noviembre...:
Es curioso como, en pocos metros, el paisaje cambia totalmente, incluso de color. Aquí parecía una laguna en el Mediterráneo:
El litoral no deja de sorprendernos por las formas tan ingeniosas que la meteorología ha tallado a lo largo del tiempo. Al fondo, por detrás de la cabeza de mi niña, se ve lo que llaman el "elefante cogiendo agua del mar":
En esta foto se aprecia bien lo que anduvimos, ya que al fondo, a lo lejos, se puede ver el Faro de Cabo Mayor. En total, me han salido unos 5 km. (y otros tantos de vuelta, claro), más o menos, a medio camino hasta la Maruca. Aquí había un pequeño altar en recuerdo de un joven:
De regreso, tuvimos tiempo de hacer un poco el tonto con nuestras propias sombras:
De fijarnos con detalle en otra de las figuras esculpidas en la roca. Yo veo el perfil de la cara de una sirena, el mascarón de proa que ponen en algunos barcos  ¿y vosotros? lo veis ¿verdad?:
De disfrutar del día, del momento, del mar, de ellos, sobre todo de ellos...:
Subiendo la última cuestecilla hacia el faro:
Los colores eran más potentes a esta hora de la tarde:
Y poderlo enmarcar con los restos de una construcción de hormigón, que forma parte de lo que fue una batería de costa republicana de los tiempos de la guerra civil, un lujo:
Llegamos al coche, cuando las sombras ya tomaron posesión de la playa de Mataleñas, con el campo de golf en el Cabo Menor, apenas lamido por el sol:
 Antes de terminar, no quería dejar de expresar mi total desacuerdo con quienes se les ocurrió en su momento levantar una valla para marcar esta senda (ayuntamiento de Santander). Lo veo totalmente innecesario, que no aporta nada positivo, antes bien al contrario, puesto que destrozan un paisaje perfecto. Por suerte, no soy la única que lo piensa y actualmente la obra está parada por protestas de los vecinos, aunque ahora, en algunos tramos, está penoso por los restos de la valla. Juzgar por vosotros mismos, esto es a la altura del Panteón del Inglés:
 Y esto junto al campo de fútbol de Cueto:
Esta es la ruta sobre el mapa, no tiene pérdida, es muy fácil y clara, y continua hasta Liencres. Dependiendo del tiempo que tengamos y las ganas de andar podemos hacer más o menos km. Yo pienso hacerla completa, aunque sea así, en etapas:

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