jueves, 18 de enero de 2018

ÁMSTERDAM- PAÍSES BAJOS

Esta vez se trataba de hacer realidad uno de los sueños del hombre de mi casa. Siempre estaba con la copla de que él quería ir a Ámsterdam. Cuando nosotras decíamos "tenemos que ir a tal o cual sitio", él siempre contestaba:"ya, y yo a Ámsterdam". Pues ya está,  aprovechando que, por Navidad, mi hija y él tenían unos días de vacaciones al tiempo, decidimos ir. El martes 26 volamos desde Bilbao a primera hora de la tarde. En 2 horas estábamos en el aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol, a 15 km de la ciudad, uno de los principales aeropuertos de Europa y del mundo (si tenemos en cuenta sólo los vuelos internacionales, es el 3º del mundo, con importantes conexiones intercontinentales, principalmente a EEUU, Canadá y Asia). Desde allí cogimos un tren hasta la parada más cercana a nuestro hotel, aunque anduvimos un rato. Ya llegamos de noche. El hotel muy bien, sencillo, pero muy moderno y funcional, situado en las afueras de la ciudad pero con muy buenas conexiones con el centro por medio del tranvía, que es muy frecuente. Nos instalamos y nos echamos a la calle, porque aunque hacía frío, estábamos deseando contactar con la ciudad. En el mismo hotel compramos tarjetas de transporte para 72 horas, 15 € cada tarjeta. Cogimos el tram y nos fuimos a la plaza Dam, la principal. Enseguida estuvimos en el centro de la plaza, rodeados por el Palacio Real, el Monumento Nacional (un pilar de piedra blanca más bien feo, construido en recuerdo de las víctimas de la 2ª guerra mundial), la Nieuwe Kerk (la iglesia Nueva, en la que se casó el príncipe Guillermo con Máxima Zorreguieta y dónde después se coronaron reyes de los Países Bajos y que actualmente, como la mayoría de las iglesias, no se dedica a asuntos religiosos sino a conciertos y eventos culturales varios), un filial del Museo de Cera de Madame Tussaud, un importante hotel y los famosos y prestigiosos grandes almacenes Bijenkorf, además de otros locales comerciales.
Antes de nada quiero decir que las fotos que tengo no son demasiado buenas, no reflejan la belleza de una ciudad vestida de colores luminosos con motivo de la Navidad, pero es que ni mi cámara ni yo controlamos el tema de las luces y la nocturnidad y la mayor parte de ellas están hechas en esas circunstancias, los días eran cortos y oscuros.
El Palacio Real, de estilo neoclásico, en un principio fue ayuntamiento pero ahora es uno de los cuatro que tienen a su disposición los monarcas, utilizado para recepciones oficiales y entrega de premios:

 Desde allí nos fuimos en busca de canales. Buscamos la localización del llamado Puente de los 15 Puentes (desde él se ven otros 14 puentes). Amsterdam tiene 165 canales y más de 1200 puentes y cualquiera de ellos estaba rodeado de luces y bicicletas:
 Callejeando, mi primera impresión fue que no sé si yo estaría muy tranquila en esa ciudad de grandes ventanas, en la que no hay persianas ni cortinas que cerrar, en la que se ve a la gente dentro de sus viviendas haciendo su vida. Ya lo había leído, pero así todo me impresionó porque yo no puedo tener las persianas abiertas cuando enciendo la luz, y eso que a mí poca gente me podría ver... debo arrastrar algún trauma, no sé. Al día siguiente nos explicarían los motivos de semejante exhibicionismo: tiene que ver con sus creencias religiosas, que les hace mostrarse sin pudor puesto que no tienen nada que ocultar.
Nos volvimos al hotel en el tranvía, dormimos muy bien y al día siguiente, miércoles, nos levantamos a las 8:30, todavía de noche, pero ya con mucho movimiento de gente en bicicleta: gente muy arreglada, muchos con sus niños de meses en un brazo  o con una bolsa o hablando por el móvil o ..., y todos muy rectos, a toda velocidad y, por supuesto, sin casco, por los carriles-bici que cruzan la ciudad en todas las direcciones y que hay que respetar más que la calzada por la que circular los coches.
Desayunamos y nos fuimos otra vez a la plaza Dam (centro neurálgico), donde a las 10 habíamos reservado un free-tour. Llovía algo pero para las 11 se pasó. Así pudimos ver la plaza con otra luz:
Con este tipo de visitas guiadas te enteras de detalles que por tu cuenta igual no te das cuenta, incluso aunque llevemos abundante información como en mi caso. El guía, Xavi, nos contó la historia de la ciudad, cómo surgió en un terreno pantanoso a partir de las necesidades propias de un pueblo de pescadores en expansión, junto al río Amstel. Pasamos por la Oude Kerk (iglesia Vieja), el edificio más antiguo de Amsterdam, con la mayor bóveda medieval de madera de Europa, con una acústica perfecta. Convive muy de cerca con una de las calles de cabinas de prostitutas. De hecho, junto a ella hay una estatua de bronce, Belle, cuya inscripción pide respeto para todas las trabajadoras del sexo del mundo. También hay una pequeña figura en el suelo, un relieve hecho en bronce, que representa un pecho, una teta, con una mano encima, objeto de gran polémica. El ayuntamiento procedió a quitarla ante las quejas de los vecinos, al final se llegó a un acuerdo con su autor y la volvieron a colocar, eso sí, el artista debía permanecer en el anonimato:
También pasamos por el Waag o casa del peso, el edificio no religioso más antiguo de la ciudad. Era una de las puertas de entrada y formaba parte de la muralla medieval que circundaba Amsterdam:
Pasamos por el que para muchos es el barrio más feo:

Nos explicó la razón de la existencia de ganchos en todas las fachadas: es debido a que el precio de las viviendas dependía de la anchura de su fachada por lo cual se hacían muy estrechas,  con angostas y empinadas escaleras lo que dificultaba subir los muebles. Así que ponían ganchos de los que colgaban poleas para izar lo que fuera necesario y para no golpear las ventanas de los vecinos de abajo, hicieron los edificios inclinados. Todos tienen sus ganchos y están inclinados, todos. También nos contó el significado de las 3 XXX que se ven por todas partes, incluida la bandera y el escudo de  Ámsterdam: Unos dicen que tiene que ver con la cruz en la que murió San Andrés, patrón de la ciudad, otros con los tres desastres que ha sufrido Ámsterdam en su historia: incendios, inundaciones y peste. Una tercera hace referencia a los molinos de viento (yo me quedo con esta):

Pasear entre canales y cruzar puentes era obligatorio. Ver, no solo las muchas barcas que constantemente están cruzando sus oscuras aguas, sino también las que son viviendas, casas flotantes, con sus jardines mustios por las inclemencias del tiempo. Actualmente ya no se da permiso para instalar más en los canales:
Llegamos a la Rembrandtplein (plaza de Rembrandt), en honor al famoso pintor que vivió cerca de allí, con una enorme estatua de hierro y rodeado de una representación en bronce de los protagonistas de su cuadro más famoso, La Ronda de Noche, que tendríamos ocasión de ver en el Rijksmuseum:
La iglesia católica De Krijtberg o de San Francisco Javier, católica, con sus 2 torres puntiagudas, construida en el mismo lugar de otra anterior clandestina (hay que recordar que el catolicismo estuvo prohibido y perseguido durante 400 años):

Y así llegamos a Begijnhof, un rincón encantador, con una curiosa historia. Se trata de un conjunto de casas elegantes en torno a un amplio patio ajardinado, fundado en 1346 para albergar a una hermandad de mujeres católicas, laicas, solteras o viudas: las beguinas. Se puede entrar, si encuentras la entrada, que no es fácil, hasta las 5 de la tarde y siempre respetando el silencio y la paz que allí se respira. Una de esas casas, la más antigua de Amsterdam, es la única de madera que queda en la ciudad (ahora me asalta la duda del por qué existe teniendo en cuenta que están prohibidas las construcciones de madera y del cómo sobrevivió a los numerosos incendios de la ciudad). En la foto, la negra:
Hay también una iglesia, la Engelse Kerk, que les fue confiscada y  convertida al protestantismo, viéndose obligadas a construir una capilla clandestina en dos de sus casas:
Atravesamos el Amsterdam Museum, con 7 siglos de recorrido histórico de la ciudad. Pero nosotros simplemente lo cruzamos. Literal. Entramos por una puerta y salimos por la de enfrente, atravesando un pasillo con grandes pinturas a los lados, unas esculturas de David y un enorme Goliat (horrible), pisando una alfombra hecha de trozos cada uno representando a un país. El trozo de España representa un mantón de Manila:
A la salida del museo, compuesto por varios edificios que antiguamente fueron un orfanato, una de las fachadas exhibe una colección de gabletes o placas con las que se identificaban las casas y que hablan de la identidad del dueño (carnicero, panadero, transportista,...), lo que hoy serían los números de las casas:
Terminamos el tour 2,5 horas después, volviendo al punto de partida, junto al Monumento Nacional en la plaza Dam, con información tan abundante que apenas puedo recordar, con consejos sobre más cosas que hacer y sitios dónde comer. Y eso hicimos lo primero, ir a comer, pasando por la Westerkerk o iglesia del Oeste (los neerlandeses no creas que se estrujan mucho la cabeza con los nombres: iglesias o kerks del Oeste, del Norte, del Sur, iglesia Nueva, iglesiaVieja, ...). Esta es la iglesia protestante más grande de Amsterdam, con 48 m. de largo y una torre de 85 m. de altura, visible desde casi todas partes de la ciudad, con el monumento homosexual en la plaza que lo circunda. En la foto a la derecha, sobre el agua, uno de los 3  triángulos que lo conforman (en referencia a los triángulos rosas que los prisioneros homosexuales tenían que coser en su ropa durante el nazismo en la 2ª guerra mundial):
A un lado de la iglesia está la casa de Ana Frank, la famosa niña alemana de origen judío que vivió escondida durante algo más de 2 años durante la 2ª guerra mundial con sus padres, su hermana y 4 personas más. En ese tiempo escribió un diario que las personas que les protegieron en su escondrijo guardaron y devolvieron al padre, Otto, el único superviviente a los campos de concentración. Él lo publicó para que se conociera la historia. Ana murió en uno de esos campos pocos días antes de su liberación. El famoso Diario de Ana Frank ha sido traducido a 70 idiomas. Esa casa de triste historia se visita pero nosotros no pudimos porque un mes antes ya no quedaban entradas. En la foto la casa, la cola de gente esperando  para entrar y la Westerkerk:
Comimos a la otra parte del canal, en un restaurante un tanto peculiar que funcionaba a la velocidad del rayo, un plato típico, el stamppot: patatas cocidas con zanahoria y una salchicha o una superalbóndiga. Comestible, sin más. Estaba bueno el postre, una tarta de manzana. Por cierto, mientras escribo esto me dice mi hija que están dando una peli en la tele (Un verano en Amsterdam), en la que sale el restaurante ese precisamente. Lo empiezo a ver y me sirve de repaso de zonas que vimos.
Después de comer cogimos un tranvía para ir al Rijksmuseum o Museo Nacional de Amsterdam, cuyas entradas teníamos. El edificio tiene elementos góticos y renacentistas:
Justo por el centro, está atravesado por un pasadizo de libre acceso para peatones y ciclistas, motivo de controversia. 
La entrada al museo está por debajo del nivel de esa galería de paso y nuestra primera sorpresa fue que, aunque no teníamos que hacer cola para sacar las entradas puesto que ya las llevábamos, había una gran cola para dejar los abrigos y mochilas en el guardarropa, obligatorio. Primero pensamos, vaya, qué atraso, pero después nos dimos cuenta de nuestro error. Todos los museos que visitamos funcionan así y es un alivio poder recorrerlos libres de prendas de abrigo. Además está muy bien organizado y va rápido.
Este es un museo enorme, donde se reúnen las principales pinturas del Siglo de Oro holandés y de otros países, así como mobiliario y porcelanas orientales,..., pero sin duda su mayor atractivo son las pinturas de Rembrandt, especialmente su famoso La ronda de noche, espectacular, pero también se pueden ver otras obras importantes como La lechera de Vermeer, donde la leche parece caer realmente, uno de los muchos autorretratos de Van Gogh, impresionista, o El puente del Singel en la Paleisstraat de Amsterdam de Breitner en la que la señora que camina hacia nosotros de forma muy real, fue en principio una sirvienta pero ante las quejas de su representante, Breitner lo tuvo que modificar convirtiéndola en una elegante dama:
Otra obra que  me gustó mucho fue La guardia cívica de Amsterdam celebra la paz de Münster de Van der Helst, que refleja el final de la guerra con España, lleno de detalles, como por ejemplo el reflejo de los hombres bebiendo en la armadura de uno de los soldados. En la foto, detrás del arco en el que nos apoyamos:

Mención especial merece la Biblioteca de Cuypers, la mayor y más antigua biblioteca de historia del arte de los Países Bajos. (Cuypers fue el arquitecto autor del Rijksmuseum, aunque su aspecto actual es debido a la firma española Cruz y Ortiz). Bien, pues se trata de una amplia sala de lectura con miles de libros de arte y ipads a disposición de sus usuarios. Me encantan las bibliotecas:  
Después de unas horas recorriendo el museo, con la sensación de verlo muy por encima, nos salimos, recogimos nuestras pertenencias y nos dimos una vuelta por alrededor del museo en busca de las famosas letras de I Amsterdam que están justo detrás del museo, hacia la Plaza de los Museos, para hacernos una foto. Misión digamos que complicada por la cantidad de gente que había intentando hacer lo mismo. Este fue el resultado, con el Rijksmuseum de fondo:
Y nos fuimos a nuestra siguiente cita: un tour por el Barrio Rojo, que se hace de noche. Facundo nos guió y explicó con todo lujo de detalles el funcionamiento de esta zona. Aquí la prostitución es un trabajo más, completamente legal; las chicas, que pagan sus impuestos y tienen sus seguros sanitarios como cualquier trabajador, se exhiben en cabinas, en ropa interior, rodeadas por luces rojas. Esas cabinas-escaparates se alquilan por tiempo a las chicas, y se suelen agrupar por origen (latinas, por ejemplo) o por nivel (no todas tienen el mismo precio). El barrio tiene además todo tipo de negocios complementarios: discotecas, sex-shops, coffee-shops, guarderías donde las prostitutas también pueden dejar a sus hijos, oficinas de información relacionada con el sexo,....Es curiosa una tienda de condones (Condomerie), en cuyos escaparates se exhiben una amplia muestra de todo tipo, color, sabor y tamaño de condones. Se puede circular por el barrio libremente, eso sí, no se pueden hacer fotos a las chicas (puedes acabar tú y tu cámara en un canal). Es especialmente llamativo el llamado Teatro Casa Rosso, donde se ven shows de sexo en vivo. Está en la misma calle del museo de los tatuajes, el museo de la marihuana y el museo erótico (es que en Ámsterdam hay museos de todo lo imaginable) y se ve muy bien por el elefante rosa: 
Yo particularmente estoy muy de acuerdo con la legalización de la prostitución, creo que eso da mayor seguridad y cobertura sanitaria a un conjunto de mujeres que no van a dejar de existir mientras haya quien pague por sus servicios, así que mejor si los ofrecen de forma segura. Pero no sólo hay prostíbulos en el Barrio Rojo, también tiene un conjunto arquitectónico de los más bonitos de la ciudad. Pues así  transcurrieron 2 horas y pico de lo más entretenidas. Nos fuimos pronto al hotel que hacía mucho frío y estábamos muy cansados.
El jueves amaneció más claro que el día anterior. Por la mañana teníamos entradas para visitar el Museo Van Gogh. Está situado en la Museumplein o plaza de los museos, junto al Rijksmuseum, al Stedelijk Museum (de arte contemporáneo), al MOCO (también de arte moderno contemporáneo), cerca del Diamond Museum,..., con una arquitectura muy diferente y con una organización perfecta. 
En este museo se expone gran parte de la obra de este genial pintor. Me encantó. También había reservado audioguías, un acierto total, puesto que podías escuchar la explicación de los cuadros que te interesaran y la transcripción de alguna de sus cartas, lo que nos permitió acercarnos un poco más a la trágica vida de Van Gogh. También hay pinturas de algunos de sus contemporáneos como Gauguin o Monet. No pudimos ver El dormitorio en Arlés, una de sus obras más conocidas, porque estaba creo que en Japón, pero vimos otros muchos: Los comedores de patatas, La Piedad, Almendro en flor (precioso), Campo de trigo con cuervos (obra premonitoria, pocos días después de pintarle, se pegó un tiro en el pecho en un campo de trigo),... En el collage que he hecho he puesto uno de sus muchos autorretratos, Los girasoles (uno de los 4 que pintó) y El cráneo fumando un cigarrilllo (¿un autorretrato también?):

Desde allí nos fuimos a uno de sus mercados más famosos, el Albert Cuyp: 1 km con más de 300 puestos de ropa, souvenirs y comidas varias. Allí se veía, sobre todo, gente lugareña haciendo su compra y comprando su comida que se iban comiendo sobre la marcha. Al final nos animamos también a comer una especie de wrap hecho con una enorme croqueta de carne de ternera y cucuruchos de patatas fritas. Muy rico. Ah, y un espectacular gofre en otro puesto!!! Y todo ello sentaditos en una especie de terraza que tenía el camión de los wrap observando el movimiento del mercadillo:
Compramos algunos tipos de queso y las típicas galletas stroopwafels, riquísimas por cierto. Después de comer nos fuimos en busca de otro de los puentes más famosos por ser considerado uno de los más bonitos, el Blauwbrug, sobre el río Amstel. A mí no me gustó: sí, es el más ancho, con sus farolas y sus banderas, pero como cualquier puente de cualquier ciudad:
Desde allí mismo se puede ver el Teatro de Ópera y Ballet de Ámsterdam, polémico edificio que alberga también al actual ayuntamiento de la ciudad:
Cerca de allí está otro de nuestros destinos, porque aunque nosotros no somos mucho de mercadillos, en todas las guías de Ámsterdam te aconsejan no dejar de visitar dos de ellos: el de Albert Cuyp, donde comimos, y el Waterlooplein Market, también conocido como Mercado de las Pulgas, digamos que es más "alternativo". Puedes encontrar de todo, también ropa de 2ª mano, y es muy popular y concurrido:
Al llegar nos encontramos con esto, un tanto diferente del resto de construcciones pero no sabíamos qué era. Ya lo busqué: Es la Mozes en Aaronkerk (ya sabéis, todo lo que acabe en kerk: iglesia, en este caso de Moisés y Aarón). Es católica y en su origen fue clandestina, escondida entre dos casas, hasta que en el S. XIX se levantó la prohibición contra el catolicismo y se construyó la actual:
Desde allí nos fuimos al Museo Casa de Rembrandt. Todas las entradas las había reservado por internet, mucho más rápido (las del Rijksmuseum y las del Rembrandt eran abiertas, podías ir el día y la hora que quisieras y las del Van Gogh tenían horario para entrar). En este de Rembrandt las audioguias estaban incluidas. 
En el museo, la casa en la que vivió 20 años, había dos partes: una de ellas estaba dedicada a recrear su casa (ello ha sido posible  debido a que se arruinó y le embargaron la casa, haciendo una lista detallada de todos sus bienes). Me llamó la atención la cama, tan pequeña (muy corta), metida en un armario. Y un sinfín de extraños objetos que le servían de modelo para sus alumnos:
Tuvimos la suerte de coincidir en la habitación adecuada en el momento en que una señora nos hizo un taller-demostración de las técnicas, el material y los utensilios empleados por el pintor para hacer sus grabados:

En la otra parte, añadida a su casa, están expuestas una buena parte de su amplia obra, aunque no esté la principal que ya habíamos visto en el Rijksmuseum, Ronda de Noche:
Cuando acabamos, recogimos nuestros abrigos y bolsos (aquí lo guardamos en taquillas, es más pequeño que los otros museos, en los que hay un gran despliegue de empleados en el guardarropa), y nos fuimos a NEMO, el museo de la ciencia y la tecnología más importante de Países Bajos. Pero no queríamos entrar, el cupo de visitas ya le teníamos completo. Fuimos hasta allí porque se puede subir a su parte más alta y contemplar la ciudad. Tiene forma de barco inclinado y se puede subir como por su cubierta hasta alcanzar la altura suficiente para tener una buena perspectiva de la ciudad. Así reconocimos los distintos edificios iluminados:
Andando nos llegamos hasta la Estación Central, estación ferroviaria del mismo arquitecto del Rijksmuseum (¿se parecen? yo creo que bastante...). Este es un centro importante de todos los medios de transporte de Ámsterdam y, por cierto, ahora me he dado cuenta de que no he visto ninguna boca de metro, que sólo es interesante para llegar a la periferia, pero alguna estación habremos pasado... Es una estación con gran cantidad de viajeros:
Por dentro es muy bonita, con música de piano en directo:
Justo enfrente, a la otra parte del canal, está la Sint-Nicolaasbasiliek, la Basílica de San Nicolás, patrón de la ciudad, templo católico:

Callejeando, volvimos a la Plaza Dam, hermosamente iluminada. En la foto los grandes almacenes Bijenkorft, cuya iluminación navideña supone un evento en la ciudad y da el pistoletazo de salida a esta época festiva (y de compras, claro):
Paseos entre árboles iluminados, aguas con reflejos, bicicletas, puentes,...:
Cogimos un tranvia y llegamos a la Leidseplein, plaza por la que pasábamos con frecuencia cuando íbamos o veníamos del hotel. Tiene mucho ambiente, muchas luces, muchos bares y restaurantes, muchas tiendas y muchas joyas arquitectónicas: el Casino, el Amsterdam Marriott Hotel, el Teatro Municipal:
Y así dimos por concluido el día turístico, cogimos otro tranvía y nos fuimos al hotel. A mí todavía  me quedaba un rato para revisar mis papeles, como hacía todas las noches,  ver que podíamos visitar al día siguiente, teniendo en cuenta la zona que íbamos a visitar en el último tour turístico que habíamos reservado, un tour alternativo.
Así pues, el viernes nos levantamos pronto, como siempre, y nos fuimos a ver  lo que llaman Europa Unida o las 7 casas de 7 países, las fachadas de 7 casas que  hacen honor al estilo arquitectónico de 7 países europeos. Fueron construidas en 1894. En la foto se ven, de izquierda a derecha, las fachadas de las casas de Italia, España (la de rayas, de estilo árabe), Francia y un poco de la de Alemania:
Nos dirigimos a la zona de la Casa de Ana Frank, donde habíamos quedado para el tour. Como llegamos pronto y hacía mucho frío entramos en la Westerkerk que está justo al lado,asistiendo a un ensayo de concierto de órgano. Diferente a las iglesias católicas en su amueblamiento y distribución. La foto de la estatua en recuerdo de la niña es inevitable:
Como ya dije, este era un tour alternativo, o sea, por una zona de la ciudad que no es la típica. Alex nos explicó cómo Otto, el padre de Ana, compró la casa ya pensando en la posibilidad de que tuvieran que esconderse allí, nos habló del Homomonument y la relación de la iglesia con la homosexualidad (el día del orgullo gay, en las iglesias se ponen banderas multicolor), recorrimos el Jordaan, un barrio exclusivo de la ciudad, nos condujo hasta las 9 calles, una de las zonas de compras con más encanto de Europa, tiendas de todo tipo y, como no, también de quesos:
Volvimos a la Leidseplein, llena de terrazas, donde nos explicó la historia del coffee shop más famoso de Amsterdam, de la cadena Bulldog, abierto en lo que fue una comisaría, la que tanto les persiguió en algún tiempo:
Nos acercó hasta el Vondelpark (cerca de nuestro hotel), el parque más grande de Ámsterdam y el más famoso y visitado de los Países Bajos, pero que en esta época tiene poco que ver, la verdad. Sí que pudimos fijarnos en un detalle que seguramente pasará desapercibido para la mayoría aunque ahora, sin hojas en los árboles, sea más fácil de ver: es el Pequeño Leñador, una pequeña estatua de bronce de menos de 50 cm, subido en una rama a la que intenta serrar. Está rodeada del mismo misterio que la de la Mano en el pecho del Barrio Rojo. Se dice incluso que puede ser obra de la reina (¿emérita?) Beatriz:
Y ya para terminar nos acompañó a ver un local comercial que a  él personalmente le gustaba mucho. Se trata de la tienda que Chanel tiene en la calle más lujosa de la ciudad. Está hecha con ladrillos de vidrio hechos a mano, unidos con un adhesivo transparente de alta resistencia, que dan al conjunto un aspecto de modernidad, de lujo, perfectamente integrada, de todas formas, en un contexto tradicional. Y pensar en cómo sería la materialización de esa fachada... Es un espectáculo, la verdad:
Nos aconsejó un restaurante para comer que estaba en la zona del mercado de Albert Cuyp, Bazar. Digamos que típico neerlandés  no es, pero todo muy sabroso, abundante y a buen precio. Era una antigua iglesia reconvertida en restaurante, con un funcionamiento  rápido y un tanto peculiar, con trabajadores de distintas razas y colores y con una decoración especial, llena de colores y de luces. En la foto, los baños de las mujeres (es mi primera foto de un baño público, pero es que me llamó mucho la atención, después he visto que mi marido también hizo lo mismo en el de caballeros, que es muy diferente pero también muy bonito):
La tarde la dedicamos a ver algunas cosas sueltas que nos habían quedado pendientes, como por ejemplo el mercado de las flores, donde los puestos están, literalmente, encima del canal:
Yo más que flores (no es la mejor época), lo que vi fueron muchos bulbos, raíces, recuerdos de todo tipo, muy colorido todo:
Fuimos hasta la Biblioteca Pública, OBA, un edificio moderno, con un interior que más parece un moderno museo, con más de 1,7 millones de libros, con pinta de estar todo muy ordenado, de fácil acceso, uno de esos sitios en que, si manejara el idioma, me pasaría yo las horas. En el sexto o séptimo piso hay un restaurante con una terraza con vistas sobre la ciudad, que, por cierto, está cerrada durante los meses de invierno 😢, pero a través de los cristales pude ver una panorámica estupenda de la ciudad. Nos tomamos unos expresos y nos fuimos, caminando por el borde del Ooterdock, el puerto, hacia la Estación Central: 
Allí cogimos otro tranvía (nos salió barato, que le usamos mucho) hasta la plaza de los museos para ver el mercadillo navideño y la pista de patinaje, un ambiente festivo, pese al frío: 
Y ya nos fuimos al hotel a recoger nuestras maletas que nos habían guardado, ya que el vuelo salía a las 20:35 y nos vinimos para casa, yo con la sensación de querer volver a ver Ámsterdam con otro color, en primavera avanzada, porque, aunque ahora estaba muy bonito por las luces de Navidad, me ha faltado naturaleza viva y colorida, ver los canales desde el avión (llegamos y marchamos de noche), visitar muchos otros rincones... Pero sí he visto una ciudad donde el lema principal, sin duda es el "vive y deja vivir", donde se respira libertad, tolerancia. 
El tema de los coffee shops me ha sorprendido mucho. Mi marido siempre chinchaba a mi hija con lo que nos íbamos a fumar, pero la verdad es que sólo el olor  que había en la calle ya te quitaba las ganas y, además, yo no he visto ninguna opción para que gente como nosotros, de una edad, completamente inexpertos, pudiéramos entrar en uno y probar la experiencia. En todos se veía  gente muy joven que, curiosamente salían a fumar tabaco normal a la calle y cuando abrían la puerta....uuuuufffff!!!!
Otra cosa que me ha llamado la atención ha sido el que no se notara ningún tipo de olor alrededor de los canales y es que nos dijo uno de los guías que las aguas se renuevan  totalmente cada 3 días, bombeando agua desde fuera de los canales. 
En fin, que espero volver!!!