19/01/2026

VG MATAMIGUELA (CABUÉRNIGA, CANTABRIA) DESDE COSÍO- 888,90 m

Mi marido tenía muchas ganas de hacer esta ruta porque una de las veces que hizo el Soplao, pasó por una parte de ella y quería enseñármelo (nos falta de hacer otro tramo por esa zona). Aquel día salimos prontito por la mañana, pasamos por Puentenansa y dejamos el coche en Cosío. Caminamos hasta el pueblo siguiente, Rozadío, a poco más de 1 km y ya nos desviamos, cruzando el pueblo. Pasamos entre la iglesia de Santa Ana y una casona del S. XVIII:
Seguimos hasta el final del pueblo, pasando junto a Saltos del Nansa S.A., siendo esta Central de Rozadío una de las 4 que aprovechan el potencial hidroeléctrico del río Nansa, abasteciendo a 52000 hogares (poco sabía yo de esto...): 
Enseguida cruzamos el río y comienza la ruta:
Tomamos una pista hacia la derecha, que se va alejando del río, siempre ascendiendo, pasando por miradores sobre el Nansa como este:
Siempre por una pista cómoda y limpia, vamos cambiando no solo de vistas, también de tipo de terreno y paisaje que nos rodea:

La pista gana en altura y en las curvas pronunciadas, salientes hacia el valle del río, esta mesa de picnic es un lugar de descanso para el deleite del senderista (no sé que opinará mi hermana, yo lo tengo en la carpeta de mis bancos preferidos):
Desde otra curva, a más altura, ya no se alcanza a ver el río, pero sí los prados redondeados, de un color verde muy especial:

Mirando hacia atrás, una de las muchas curvas que acabamos de pasar:
Las laderas, muy cambiantes, siempre mostrando belleza.  Aunque lo llaman naturaleza muerta, cada vez me gustan más los árboles desnudos del invierno:
Y así, zigzagueando llegamos a la cumbre:
Nos desviamos a la derecha para acercarnos al Zarceillo, un poco más alto que nuestro objetivo, el Matamiguela, con un caseto de guardas, y desde donde hay esta vista (nosotros hemos subido por la pista desde la izquierda  y ahora volveremos al cruce de las curvas a la derecha de la foto):
Bajamos de nuevo al cruce (en la foto, donde está el coche rojo), seguimos la curvilínea pista para dejarla un poco más arriba y subir campo a través hasta la loma más alta, donde está el vértice, el Matamiguela:
Pasamos entre vacas de todos los colores, como se ve en la foto anterior, todas ellas felices y relajadas:
Sin miedo a nada ni a nadie, casi posando:
Desde aquí arriba tenemos el valle del Nansa hacia un lado (del que venimos) y el valle del Saja hacia el otro, con suaves depresiones entre colinas que dan un efecto extraño a las fotos. Al fondo están pueblos como Ruente, Sopeña, Lamiña,..., y se alcanza a ver hasta el mar por la zona de Suances:
Vista hacia atrás, de donde venimos, con la caseta de Zarceillo en lo más alto. La cabaña, baja, protegida...:
A partir del último cruce, comenzamos la ascensión libre pegados a la alambrada que ya seguimos hasta el vértice. Junto a esta poza encontramos alguna vaca que marchó por los ladridos del perro (luego cuento la historia del perro):
Llegamos al vértice geodésico, seguramente lo más feo de esta ruta. Estaba en lo alto de una loma, justo en la linde entre 2 fincas, en mitad, con las estacas clavadas pegadas a la base de hormigón:
Lo de alrededor sí era bonito:
Por si desde un poco más arriba se veían otras cosas..:
Comenzamos el descenso. Un poco más abajo comimos sentados en el prado acompañados de este perro que se vino con nosotros desde que salimos de Rozadío, al principio de la ruta (no es la primera vez que nos pasa). Todo el camino fue muy tranquilo, pero a la hora de comer, él también quería:
Después de comer nos fuimos alejando del objetivo conseguido, hacia el otro lado, también por el prado pero ya sin seguir la alambrada:
Otra cabaña de poca altura (tendrá su explicación, yo pienso que puede ser por tema de protección ante fenómenos atmosféricos adversos porque están en una cumbre y hará viento, pero las tejas me hacen dudar 😏, si alguien sabe el motivo, que me lo cuente, por favor, que tengo curiosidad). Creo que a esta finca la llaman Zarzamarosa:
Las laderas desde aquí hacia la parte del Nansa también me hablan de dureza climática:
No puedo evitar poner fotos de estos caballos en este entorno natural. Por su porte y altura yo diría que son caballos de gran fortaleza:
Este creo que es monchino (los anteriores no), raza autóctona de Cantabria, y son tan bonitos...:
Seguimos avanzando. Hacia la izquierda se puede ver San Sebastián de Garabandal y hacia la derecha por poco no se alcanza a ver Carmona. En la foto, San Pedro, muy cerca:
Menuda suerte la de estas vacas...¿no os parece?:
No me quejo de la mía...:
Y el perrito seguía con nosotros... al principio, los primeros kilómetros, intentamos hacerle entender que se tenía que volver para casa, pero, como sabemos por otras veces que a algunos perros les gusta hacer excursiones con senderistas, pues ya lo dejamos y tan amigos...:
Continuamos bajando y en la curva de la antena nos encontramos con un señor que conocía al dueño del perro y ya nos dijo que no nos preocupáramos, que lo hacía más veces....
Ya llegamos a ver Puentenansa, pero no llegamos al pueblo. Un poco antes nos metimos por un atajo a la izquierda cruzando un bosquecillo:

El atajo nos sacó a la carretera general, y siguiéndola, por senda peatonal unos 2 km, cerramos el círculo, volviendo a Cosío, donde teníamos el coche. Nuestra gran preocupación era cómo nos íbamos a despedir del perro, si nos seguiría cuando fuéramos ya en el coche.... pero no, justo al llegar, se metió a un bar y nosotros deprisa al coche para que no se diera cuenta. Así terminó la ruta, sin poder tomar un café en el bar (lo tomamos más abajo).
Pero primero, paramos en el Mirador Asomada del Ribero, para nosotros el Mirador de Carmona. Siempre que pasamos por allí, paramos. Tengo fotos de Elia de muy pequeña en ese mirador. Es que la vista bien lo merece:                                                                   Y como es costumbre, un mapa orientativo de la ruta, de algo más de 24 km, con un desnivel de casi 900 m, pero cómoda de hacer, se va subiendo poco a poco. El paisaje es muy bonito. Merece la pena hacerlo:
Y por si os interesa, este es el track que seguimos nosotros (modificamos la llegada a Puentenansa, que nosotros atajamos y no llegamos a entrar en el pueblo, ahorrándonos 1,5 km):

26/12/2025

ISLA DE PEDROSA- ASTILLERO

Otro tramo de la costa de Cantabria que no había publicado todavía es este, desde la isla de Pedrosa hasta Astillero. Ya compartí la excursión que hicimos desde Pedreña hasta Pontejos aquí, así que, damos un pequeño salto desde las islas de San Juan (un pequeño archipiélago de 3 islas entre Elechas y Pontejos), hasta la isla de Pedrosa.
Ese día aparqué junto al muelle de Pontejos y cámara en mano, comencé mi paseo con esta vista del Puente de Pontejos y Astillero en frente:

Junto al Club de Remo de Pontejos comienza un bonito y tranquilo  sendero que te acerca a la isla de Pedrosa:

Desde ese sombreado y relajado camino podemos ir viendo la bahía la bahía de Santander (la primera foto) pero yo a la ida no me estuve mucho a hacer fotos, lo haría a la vuelta. Cuando se acaba la pasarela, se sale hacia afuera, alejándose del litoral y enseguida se llega a la antesala de la isla, un pequeño bosque donde ya podemos ver el primer edificio en estado ruinoso de este complejo sanitario, el Pabellón María Luisa Pelayo: 

Está vallado alrededor para evitar accidentes, pero verlo e imaginar las mil historias, seguramente de sufrimiento, que aquellas paredes encierran, impresiona:

Varios tipos de jardines, el japonés, el azul, el de la seda, el oval, seguramente ayudaban en la recuperación de los enfermos de este lazareto. Hoy apenas quedan restos de ellos. El mejor conservado este, el jardín de rosas:                                               

Y después de atravesar el bosque, entre eucaliptos, llegué al puente blanco que une Pontejos con la isla: merece la pena pararse en el puente con este panorama, la empresa Equipos Nucleares de frente:

Nada más cruzar el puente, yo me metí por un camino a la izquierda, que bordea la isla, junto al agua. Tenemos la bahía de Santander al lado. Desde ahí hacia tierra adentro, las aguas se reparten entre las rías de Solía y la de San Salvador.  Coincidí con algún avión que se estaba colocando para iniciar el despegue y alguno que aterrizó con los veleros de testigos (al fondo, Santander):

Y llegué al embarcadero, deteriorado también, por donde desembarcaban lo viajeros o tripulantes de barcos con alguna enfermedad contagiosa importada de América, era la vía de entrada a la isla cuando todavía no existía el puente:

Hoy, la gente llega en avión:

Junto al embarcadero está el Teatro Infanta Beatriz, recientemente restaurado, construido en 1914 por orden de Alfonso XIII, cuando la isla pasó de ser lazareto (islas utilizadas como centros de cuarentena para enfermedades contagiosas), a ser un Sanatorio Marítimo Infantil. Junto a él, la escalinata, el acceso a los centros de la isla (no sé cómo lo subirían algunos de los enfermos 😏):

Continuando por el borde del mar, llegamos a tener esta vista, las islas de las que hablaba al principio, hasta donde llegamos en la ruta anterior, en la zona de Elechas, a la izquierda de la foto y el istmo que ahora une la isla con tierra firme a la derecha:
Ya me subí a la parte alta de la isla, para recorrer todos sus paseos, este junto a la capilla Virgen del Carmen:
Dejó de funcionar como centro hospitalario en 1989, pero en 2006 la isla acoge en uno de sus pabellones restaurados, el Antiguo Lazareto, un centro terapéutico dedicado a la rehabilitación y reinserción de drogodependientes. En otro de los edificios se lleva la parte administrativa de varios programas relacionados con la ley de dependencia de Cantabria. Junto a estos edificios modernos, que son parte de la Fundación Cántabra para la Salud y el Bienestar Social, ver el estado de abandono y ruina en que se encuentra el pabellón Victoria Eugenia da pena, la verdad:
Bueno, después de pasear por la isla, entre sus edificios, algunos con actividad, otros penosos, subiendo por el paseo de las hortensias, pasando junto al monumento a Manuel Martín de Salazar (director General de Sanidad en aquel tiempo), y sobre todo, pensando en las leyendas y curiosidades, algunas truculentas, otras  paranormales, que rodean a este complejo,..., ya me salí de allí y me volví andando al coche por el mismo sendero:
En la valla que protege y bordea la pasarela de madera, encontré este liquen que me pareció una verdadera obra de arte, de esas cosas que te ponen en paz con el mundo:

En la orilla del agua el esqueleto de alguna embarcación abandonada a su triste destino...:

Y así, sumergida en mis pensamientos, volví a pasar por el Muelle de Pontejos, donde un grupo de chicas 👌, se iban metiendo al agua con sus embarcaciones mientras el entrenador les daba indicaciones desde tierra. Esta chica, con el paseo marítimo de Astillero de fondo, entrenaba la modalidad en solitario:
En este otro caso, con Equipos Nucleares de fondo, entrenaban en pareja:
Cuando llegué al coche, como hacía tan bueno, decidí continuar con mi paseo, crucé el puente de Pontejos y... bajé a verlo por debajo:

En esta zona, por debajo del puente, hay varias rampas que utilizan los remeros de Astillero, su sede está cerca. En una de esas rampas estaba jugueteando con algún pececillo esta garceta común. Me lo pasé muy bien con ella, parecía estar jugando al escondite:

Hacia el otro lado está el Carguero de Orconera o Puente de los Ingleses, estructura de hierro cuya reinauguración como paseo peatonal estaba prevista para el pasado 30 de noviembre. Primero pasé por el muelle de la Orconera:
Seguí por el paseo marítimo y tuve la oportunidad de enmarcar la iglesia de San José:

Iglesia que siempre me ha llamado mucho la atención por su forma, con sus dos torres tan diferentes, por la fila de ventanas redondas de la parte superior,... no sé, siempre me ha gustado:
Llegué hasta la escultura del Pescador, sentado en el muelle. Está realizada en bronce y expresa una sensación de gran paciencia, esperando a que pique algún pez...: 

...mientras sujeta la cesta donde, seguramente, ya tiene la comida de su familia para ese día:

Desde esa parte del muelle la vista de la iglesia y del parque de la Planchada que lo rodea también me gusta mucho:

Ya decidí volver al coche y dar por terminado mi paseo. Todavía tenía que cruzar de nuevo el puente de Pontejos, pero antes me acerqué a la nave que alberga la Sociedad Deportiva de Remo de Astillero, con esta imagen tan representativa:

Finalmente, acompaño el post, de un mapa orientativo de la ruta que yo seguí, siempre aproximado:
Un bonito paseo, sin ninguna dificultad, de unos 10 km, con el atractivo añadido de las leyendas que lo rodean.