miércoles, 15 de noviembre de 2017

CÁDIZ II: PUEBLOS BLANCOS Y RONDA

Ya os conté en este otro post, que de los 8 días que estuvimos conociendo la provincia de Cádiz, los primeros los dedicamos a recorrer las playas más bonitas y, a continuación, hicimos una ruta por pueblos del interior, algunos de ellos pertenecientes a la llamada Ruta de los Pueblos Blancos, todos ellos emblemáticos. 
Así que el jueves, después de una tranquila noche en el Camping La Casita, donde también vimos cosas un tanto extrañas (emojis pintados en la pared que no se veían nada bien por lo oscuro que estaba aquel sitio ¿verdad Fina? jajaja), nos pusimos en marcha, eso sí, después de un buen desayuno en nuestra AC. Nos dirigimos a Alcalá de los Gazules, conjunto histórico-artístico, una gran desilusión, sobre todo para mi hermana, que no le encontró ninguna gracia. Para mí lo mejor, la vista del pueblo desde abajo, tan blanco (es el de la foto del principio). Dejamos la AC en la parte de abajo del pueblo y subimos andando hasta la iglesia de San Jorge y la Torre del Homenaje del Castillo, que tuvimos la oportunidad de visitar, en lo más alto, en el Cerro de la Coracha. Junto a la iglesia de San Jorge está el ayuntamiento (en la foto, a la derecha):
 También buscamos la Fuente de la Salada, romana, del S. II a. C.. Nos costó encontrarla ya que está en la otra ladera del Cerro (y eso que contamos con la inestimable ayuda de una vecina que nos lo dijo muy clarito, uuuufffff). Los depósitos tienen 2 arcos y bóveda de medio punto, indicativos de operarios muy especializados ya en aquel tiempo. 
Desde el alto del cerro se tienen bonitas vistas sobre el Parque Natural de los Alcornocales, de orientación sur-norte, extremo de la cordillera Bética y uno de los parques naturales más grandes de España, por el que habíamos pasado para llegar al pueblo:
 Nuestro próximo destino era Medina Sidonia, que la verdad es que lo habíamos tenido más cerca cuando íbamos por la costa, pero lo habíamos dejado para ver más tarde. Se ubica sobre el cerro del Castillo, orientado hacia la bahía de Cádiz, por lo que se le llama el Balcón de la Bahía. Actualmente los asidonenses viven del turismo y de la industria del dulce. Dejamos la AC en la entrada del pueblo y subimos hasta el casco antiguo declarado Conjunto Histórico-Artístico. Entramos por el Arco o Puerta de Belén, con esta primera vista del interior de la antigua villa medieval amurallada:
 La iglesia de Santa María la Coronada está casi en lo más alto. Es de estilo gótico y Bien de Interés Cultural:
 Bueno, en realidad, subimos por la parte de detrás a una parte todavía un poco más alta, en busca del Conjunto Arqueológico Cerro del Castillo, pero parte de ello estaba cerrado porque está en proceso de excavación. Lo que se puede ver son los restos de la parte que llaman Villa Vieja, justo detrás y por encima de la iglesia:
 Comimos en una plaza ya en la parte nueva, fuera de la zona amurallada, muy bien, por cierto, entrecots de retinto.
Seguimos hasta el siguiente pueblo que teníamos apuntado: Arcos de la Frontera, considerado uno de los pueblos más bonitos de España y una de las puertas de entrada a la Ruta de los Pueblos Blancos. Antes de llegar ya le pudimos ver en la distancia, inconfundible por las iglesias de San Francisco y de San Pedro. Pudimos parar en la orilla de la carretera (que no siempre era posible con el vehículo que llevábamos) para hacer unas fotos:
Aparcamos en una amplia campa justo antes de entrar en el pueblo, en la parte de abajo. Desde allí, por unas escaleras se accede rápidamente al casco amurallado. Es un pueblo grande, declarado también Conjunto Histórico-Artístico, que me encantó, pero me he dado cuenta al ver las fotos, que estas no le hacen justicia. Creo que es debido (además de a mi falta de talento para hacerlas, claro) al propio entramado de las calles, de origen musulmán. Está todo muy junto por lo que no fue fácil para mí conseguir plasmar en una foto todo lo que tanto me gustaba en vivo y en directo.
Subiendo por una de sus calles, de repente te encuentras con esta fachada, rodeada de edificios blancos:
Se trata de la Basílica Menor y Parroquia Mayor de Santa María de la Asunción, mezcla de varios estilos (gótico, plateresco y barroco), consecuencia de los varios siglos que duró su construcción. En la foto, la fachada de la torre flanqueada a la izquierda por el ayuntamiento y el castillo, y a la derecha por el parador: 
 En esta plaza de la basílica hay también un mirador desde donde poder contemplar la riqueza natural que rodea a este hermoso pueblo, con el río Guadalete a sus pies:
Más tarde, después de pasear por sus empinadas calles volvimos a bajar para continuar con nuestra ruta. Próxima parada: Grazalema. Para llegar hasta este pueblo hay que subir a la Sierra de Grazalema. Precioso. La carretera es estrecha y con curvas, en un punto nos cruzamos con un autobús y hubo un momento de ...., pero mi cuñado lo resolvió sin problema, desde luego, eso da mucha tranquilidad. Cruzamos por El Bosque, otro de los pueblos blancos, donde está la desviación para Ubrique, pero nosotros seguimos para arriba, con intención de llegar de día a Grazalema, que nos habían dicho que era muy bonito. Paramos en el mirador del Puerto del Boyar, a 1103 m. de altura. Dicen que es el punto donde más llueve de la península Ibérica, debido a que las masas nubosas que llegan del golfo de Cádiz entran por este corredor, ascienden y chocan contra la Sierra del Pinar y descargan (más de 2200 l/m²). El paisaje desde allí es increíbleSe alcanza a ver hasta la bahía de Cádiz:
Esta sierra es también uno de los últimos reductos en el mundo donde se puede encontrar el pinsapo, una especie de abeto. Detrás de la AC se puede ver una zona de repoblación (no sé si de ese tipo de abeto...):
Desde aquí ya nos quedaba poco para llegar al pueblo de Grazalema. Aquí tuvimos un contratiempo. Siempre buscábamos sitios para quedarnos que estuvieran preparados para las ACs, que yo creo que son la mayoría, pero en ese pueblo, que sí que habíamos visto que había un camping, resulta que no estaba preparado y no lo habíamos comprobado. Estaba a la entrada, justo en el alto (cosa curiosa, que siempre están en la parte más baja) pero no se podía entrar con un vehículo grande. El pueblo, visto desde allí, tenía muy buena pinta pero no pudimos visitarle😢😢😢😢:
Era ya tarde y teníamos que buscar otro sitio donde pernoctar. Al día siguiente queríamos ir a Ronda. Ya pertenece a la provincia de Málaga, así que seguimos en esa dirección, que estaba ya cerca. Nos quedamos en un camping a unos 3 km. de Ronda, en el Camping el Sur. Esa noche cenamos en la AC y para dormir ya notamos que estábamos a cierta altura, porque hizo más frío.
Al día siguiente, viernes, después de desayunar y de asearnos, nos fuimos hasta Ronda, unos andando y otros en taxi, que se preveía un día cansado y nos desaconsejaron llevar la AC hasta el pueblo.
Quedamos en encontrarnos en la emblemática y monumental plaza de toros, considerada la más antigua de España, donde la familia taurina de los Ordoñez, organiza la corrida goyesca, de gran tradición y que alberga el Museo de la Real Maestranza de Caballería de Ronda:
A partir de aquí tocaba patear Ronda. Una maravilla desde cualquier punto que se mirara. Quizá su construcción más fotografiada sea el llamado Puente Nuevo (el anterior, que no es el Viejo, se hundió a los 6 años de construirse, matando a 50 personas), que salva el Tajo de Ronda (que no es el río Tajo, sino un desfiladero, un tajo). Dicho tajo tiene 100 m. de profundidad y 500 m de largo y el río que discurre por él es el Guadalevín, que esos días apenas llevaba agua. Asomándonos hacia una parte te permite ver esta maravilla, los jardines de Cuenca, distribuido en varias terrazas sobre la cornisa del río:

Acabamos de cruzar el puente y nos metimos por la primera calle a la derecha. Pasando por la Casa Don Bosco llegamos hasta la plaza de María Auxiliadora, por donde hay una senda que nos baja hasta el lugar desde donde poder hacer la foto que yo llevaba mucho tiempo soñando: el puente Nuevo de Ronda, y esta vista, no otra. Casi me daban ganas de llorar:
Bueno, subimos otra vez a la plaza y callejeando pasamos por el Palacio de Mondragón, que hoy acoge el Museo de Ronda pero que en otros tiempos fue residencia de los reyes Católicos. Y así llegamos a la plaza Duquesa de Parcent, a la que da el ayuntamiento:
Y la parroquia Santa María la Mayor, declarada Monumento Bien de Interés Cultural, de estilos gótico y manierista, un tanto extraña, no sé si por el balcón:
Después de que un señor rondeño nos indicara cómo llegar, nos bajamos hacia las Murallas del Carmen, con vistas de la iglesia del Espíritu Santo (en la foto, al fondo) y la iglesia de María Auxiliadora (se ve un poco del campanario):
Pasamos por la Puerta de la Cijara y subimos a su muralla. Bajamos a los Baños Árabes:
Y estuvimos en el Puente Árabe (en la foto). Y subimos al Puente Viejo (desde donde hicimos la foto):
Hacia atrás, la Puerta o Arco de Felipe V, con sus 3 pináculos :
Hacia delante y en la misma Calle Real, junto a la iglesia de Padre Jesús, la Fuente de los 8 Caños, mandada construir también por Felipe V:
Ahora sí que paseamos por el Jardín de Cuenca, lugar perfecto para ver el Puente Nuevo por el otro lado: 
Ya cansados (Daisy se portó como una campeona), nos sentamos a tomar el aperitivo en una terraza, muy caro, por cierto, y fuimos conscientes de la gran cantidad de gente que había por Ronda. Descansamos un rato y nos fuimos a la Plaza España, junto al Puente Nuevo y donde está el Parador de Ronda, para coger un taxi y volver al camping, lo que resultó una odisea. Al final por teléfono conseguimos uno. El taxista nos explicó que los meses de septiembre y octubre es cuando más turismo hay en Ronda, aunque se quejaba de que la mayoría eran grupos que llegaban en autobús, pasaban unas horas en Ronda y se marchaban fuera a comer.
Bueno, nos instalamos en nuestra AC y pusimos rumbo a Setenil de las Bodegas, otro pueblo blanco y gaditano. Lo primero buscamos dónde comer, antes de entrar al pueblo. Así que después de comer nos dirigimos al pueblo pero vimos que era imposible entrar con la AC por el entramado de sus calles y hacía muchísimo calor para andar por él, le vimos desde la carretera que le bordea, donde hay un mirador. Lo que tiene de especial este pueblo es que las casas están metidas, literalmente, debajo de la roca, no excavándola sino aprovechando la pared rocosa como tejado, en la foto se puede apreciar por debajo de la Torre del Homenaje y la iglesia. La verdad es que tenía muy buena pinta, parecía un sitio muy curioso y diferente, con mucho encanto, no en vano está declarado Conjunto Histórico-Artístico (habrá que volver):
Continuamos nuestra ruta hacia otro de los pueblos blancos, Olvera, incluido también en la comarca de la Sierra de Cádiz. La carretera hasta llegar allí nos ofreció vistas sobre inmensos terrenos con diferentes cultivos, sin un m² desperdiciado y no precisamente muy llano, pero el principal tipo de cultivo es, sin duda, el olivo, produciendo uno de los mejores aceites de oliva de Andalucía: 
Dejamos la AC a la entrada del pueblo, en la parte nueva, y subimos andando hasta la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, de construcción neoclásica:
Está situada en la llamada Plaza de la Iglesia, una gran explanada que separa la parroquia del Castillo Árabe, situado en el peñón más alto de la localidad, formando parte del sistema defensivo del Reino de Granada. Ambos edificios están declarados Bien de Interés Cultural. En esa plaza hay un mirador perfecto para ver el pueblo, esta vez de arriba para abajo, como resbalando por la cuesta:

Cuando nos fuimos,  entre colina y colina de olivos, la iglesia y el castillo se alzaban con rotundidad, asomándose para comprobar que nos íbamos:
Y ya teníamos que ir pensando en acercarnos al punto donde pernoctar esa noche. Queríamos pasar por Jerez de la Frontera , así que hacia allí nos fuimos, pasando por otros pueblos pertenecientes a la ruta de los pueblos blancos, como Algodonales, pero también por otros, que sin formar parte de esa famosa ruta eran tan bonitos como este, Bornos, con su Convento del Corpus Christi y el embalse de fondo: 
El camino hacia Jerez volvía a poner ante nuestros ojos tierras de todos los colores, incluso negras, como nunca antes había visto. En esa zona hay muchas hectáreas con viñedos (que el vino de Jerez sale de allí), pero también hay olivos, algodonales (que tampoco  había visto ni tocado nunca), molinos eólicos, ...
Llegamos hasta Sanlucar de Barrameda sin saber todavía dónde quedarnos. Al final decidimos ir hasta las inmediaciones de Rota, al Camping Playa Aguadulce, a pie de playa. La idea era darnos un bañito en la playa, después de un día de mucho calor. Pero tuvimos un problema con el GPS. Pues resulta que nos llevó a un punto equivocado. Ya nos parecía que el camino de entrada era muy raro, varios km por una senda de costa, en mal estado, menos mal que coincidimos con una pareja que nos dijo dónde estaba exactamente, que era cerca, pero no se entraba por allí, así que llegamos un poco tarde, justo cuando el sol desaparecía en el horizonte. Corrí con la cámara en mano para ver si podía hacer la foto desde la playa pero no llegué a tiempo. Nos instalamos en el camping, nos pusimos el bañador y nos fuimos a la playa, ya de noche. Pero al entrar al agua pisábamos piedras, salimos, nos fuimos un poco a un lado y más rocas, con lo cual nos dio miedo y tuvimos que conformarnos con un ligero "salpicamiento", que no veíamos nada (he aclarado un poco la foto para demostrar que estar, estuvimos)!!!:
Después de ducharnos, tomamos unas cañas y cenamos en el bar del camping unas raciones y nos fuimos a dormir, bueno, yo, que soy más noctámbula que ellos, revisaba un poco las redes sociales, las noticias y leía un rato.
Al día siguiente, sábado, mi hermana, Daisy y yo nos levantamos pronto para dar un paseo por la playa. Cual fue nuestra sorpresa cuando vimos este pedazo de medusa (pongo esta foto para compararla con Daisy) y, ojo al dato, la noche anterior nos metimos en el mar justo, justo, dónde estaban las pocas rocas que había (en la foto se ven al fondo), exactamente donde estaba la medusa, enfrente del acceso del camping a la playa. Gente con suerte nosotras:
Sábado. Cuando estuvimos desayunados y acicalados nos pusimos ya en marcha, que había que volver para casa. La idea era quedarnos a medio camino, pero avanzamos más. Comimos en el mismo sitio que cuando fuimos y nos dirigimos a un camping de AC, cerca de Salamanca, pero estaba cerrado. Buscamos otro en las cercanías y encontramos uno, Don Quijote, en Cabrerizos, a apenas 6 km de la Plaza Mayor de Salamanca, eso sí, llamamos antes para confirmar. El sitio era muy agradable, junto al río Tormes. Nos instalamos y nos fuimos a dar un paseo hasta el pueblo. Tomamos unas cervezas y allí mismo cenamos unas raciones de rico embutido salmantino y como había una señora preparando pulpo, también pedimos. Riquísimo. Nos volvimos al camping y a descansar.
Domingo y vuelta a casa. Comimos en Osorno, en Palencia, unas ensaladas y un rico cordero. Y a media tarde llegamos a casa.
El viaje me ha dejado con ganas de más, con la idea clara de que tengo que volver para ver algunos sitios con más detalle y otros nuevos, que hay muchos. Y también he podido constatar que el moverse en AC es mucho más fácil con buen tiempo y que (por lo menos en esta zona) para acceder a las playas no hay ningún problema y para ver los pueblos del interior, pese a que es más complicado por la propia disposición de los mismos (siempre en cuesta y con calles muy estrechas), casi siempre encontramos un lugar dónde poder aparcar cerca de los mismos. 
Ha sido estupendo poder compartir con ellos esta maravillosa aventura y espero que hayan disfrutado de los momentos mágicos tanto como yo: 
También aquí, como en este otro post, pongo el mapa con los pueblos de interior que vimos (en rojo), los Parques Naturales por los que pasamos (en azul) y los campings donde nos quedamos (en morado), todo ello en la provincia de Cádiz, a modo de orientación:



lunes, 13 de noviembre de 2017

LOMO DE CERDO EN SALSA DE CERVEZA


Esta es una receta que se hace con pocos ingredientes y muy básicos, fácil de hacer, que da mucho de sí, que podemos tener preparada con tiempo y, además, sana!!! puesto que la cinta o lomo de cerdo es rico en proteínas y vitaminas y pobre en grasas, ¿se puede pedir más? Pues a por ella...
Ingredientes:
  • 1 kg. de lomo o cinta de cerdo (en una pieza)
  • 1 lata de cerveza
  • 1 cebolla grande
  • 2 zanahorias
  • 2 dientes de ajo
  • 2 hojas de laurel
  • Sal, pimienta y aceite de oliva

Salpimentamos la pieza de lomo después de haberle quitado toda la posible grasa que pudiera tener.
En un poco de aceite doramos y sellamos la carne:
La sacamos a un plato y la reservamos. 
En la misma cazuela incorporamos la cebolla, los ajos y la zanahoria picados y lo rehogamos todo hasta que esté blandita la cebolla:
Introducimos la cinta reservada, las hojas de laurel y vertemos la lata de cerveza. Lo ponemos a cocer hasta que al pinchar la carne, esta no oponga resistencia (el tiempo varía según el tamaño de la pieza, la edad del cerdo,..., pero puede ser sobre 1 hora):
Una vez cocida, la dejamos enfriar para cortarla con mayor facilidad, y si es de un día para otro y la hemos dejado en el frigo, mejor, será más fácil y podremos partir los filetes más finos (yo los parto de ½ cm. aproximadamente, pero es cuestión de gustos):
Trituramos la salsa con la batidora, quitando primero las hojas de laurel:
En una cazuela ancha ponemos los filetes  y vertemos la salsa por encima (o al revés). Le damos un hervor a todo junto:
Y lo tenemos listo para comer (lo podemos acompañar de patatas fritas, pimientos,..., o como hice yo, de puré de patata):

viernes, 3 de noviembre de 2017

CÁDIZ I: PLAYAS

Aquí comienza la historia de otra aventura vivida de una forma diferente, que nunca hubiera pensado, y que, de nuevo, tengo que agradecérselo a mi hermana, a mi cuñado y a mi sobrina, que me propusieron compartirla con ellos. Se trataba de visitar la provincia de Cádiz utilizando una autocaravana (en lo sucesivo AC, que es muy largo) como medio de locomoción. A ellos le encanta esta forma de viajar y a mí, como ya conté aquí, no es que me entusiasme (lo veo un poco incómodo), pero ese no es motivo suficiente (ni mucho menos) para decir que no a semejante viaje, ya no sólo por lo que fuéramos a ver, sino, sobre todo, por poder pasar unos días con ellos.
Bien, pues lo primero que quiero decir es que aunque, básicamente, sigo teniendo la misma idea de lo que supone viajar en AC, si que es verdad que con buen tiempo no tiene nada que ver (el otro viaje por Francia le hicimos en febrero) y además, éramos una persona menos y aunque la AC era grande, se nota mucho el tráfico de personas. 
También tengo que decir que no ha habido ningún sitio al que hayamos querido ir que no hayamos llegado, gracias, sin duda, a la pericia de mi cuñado (manejar 7 m. de vehículo no siempre parece fácil) y a la, a veces complicada, ayuda de las nuevas tecnologías, con las que a veces no nos entendíamos del todo bien, jajaja.
Salimos el domingo 1 de octubre rumbo a la ruta de la Plata, con idea de llegar hasta Plasencia para hacer noche. El tiempo muy bueno. El color del otoño se presentaba ante nuestros ojos en todo su esplendor. Bosques que nos acompañan vestidos de todos los colores imaginables: verdes, marrones, amarillos, ocres, ... se mezclaban componiendo tonos irrepetibles, indescriptibles. ¡¡¡Un lujo para la vista!!! Comimos unos 30 km antes de llegar a Cáceres y la casualidad quiso que allí nos encontráramos con una pareja de moteros sevillanos que habían salido también de Hoznayo por la mañana, del mismo sitio que nosotros. Bueno, después de comer seguimos hasta Plasencia, que ya conocíamos pero no nos importó repetir. Aparcamos en un parking grande que hay junto al río y nos subimos al pueblo, a su plaza Mayor, porticada, con el ayuntamiento y su torre:
En esa torre-campanario, con el reloj debajo, llama la atención el autómata de verde, el conocido por sus vecinos como el Abuelo Mayorga, que ayuda a dar las horas: 
Plasencia es una ciudad monumental, declarada Bien de Interés Cultural. Su catedral, en realidad, está compuesta por dos edificios contiguos: la llamada Catedral Antigua, en la parte derecha de la foto:
La visitamos por dentro (previo pago, claro) y con audioguías, pudimos hacernos una idea de la evolución y construcción de todo este entramado histórico. Es un claro ejemplo de la transición del estilo románico al gótico. El claustro, punto de unión entre las dos catedrales, tiene en su centro una fuente del S. XV:
Desde el claustro (allí se podían hacer fotos) se puede ver la cúpula de la sala capitular conocida como la Torre del Melón por la bola estriada que la remata en lo más alto, con la especie de escamas que la recubren:
Una vez fuera, impresiona ver la Catedral Nueva, construida por considerar el cabildo que la Vieja se quedaba pequeña y que tras varias vicisitudes, al final se quedó sin acabar, con una pared común con la Catedral Vieja.
Una de sus fachadas principales, renacentista, de estilo plateresco, de gran belleza, sin estatuas:
En la misma plaza de la Catedral se encuentra, entre otros edificios monumentales, la Casa del Deán, con su curioso escudo y el balcón en ángulo, de estilo neoclásico-corintio:
Después de descansar un rato tomando una cerveza en la plaza Mayor nos bajamos hasta el río, por donde dimos otro paseo. Llegamos hasta el Puente de la Isla o Puente Nuevo (se acabó de construir en 1512, así que nuevo, nuevo...) hasta la hora de cenar. Nos volvimos a subir hasta la plaza, que era donde más ambiente había. Cenamos en La Pitarra del Gordo carne braseada y vino de pitarra, al principio un tanto extraño, pero al final, bueno, me fue gustando...
Ya nos bajamos a la AC y nos dispusimos a pasar nuestra primera noche, en un sitio muy tranquilo, junto a otras AC.

Y llegó el lunes. El aparcamiento, que el día anterior estaba casi vacío, se iba llenando de coches de gente que iba a su trabajo. Nosotros desayunamos en nuestra AC y nos dispusimos a continuar nuestro viaje. Cádiz nos esperaba. Comimos en un self-service en un área de servicio y ya por la tarde llegamos a Puerto de Santa María. Esta fue nuestra primera imagen de playa en la provincia de Cádiz:
Pero no era esa la playa que buscábamos, así que chicas, a continuar...:
Y, llegamos a la playa de la Puntilla, donde está el Camping Las Dunas, nuestro lugar de asentamiento para la noche del lunes. Un camping perfecto para pasar unos días a pie de playa (cruzar el paseo marítimo) y una playa muy tranquila aunque hacía algo de viento (el levante):
Después de instalarnos en el camping, al lado del poliderportivo municipal, nos fuimos a dar un paseo por la playa y más tarde  hasta el centro para cenar. Nos sorprendió la gran cantidad de chavales que había entrando o saliendo del poli, eso siempre es muy buena señal.
Caminamos junto a la desembocadura del río Guadalete, llegando a las calles de restauración. Cenamos en la plaza de la Herrería. Pescadito frito y un fino, que estábamos en Cádiz!!!
Nos volvimos paseando hasta Las Dunas y enseguida a dormir.
Yo había buscado playas y pueblos para ver en la provincia y al día siguiente empezamos por la costa. Por llevar un orden empezamos por la situada más al norte (de las que llevaba como aconsejadas): La Playa de Regla, en Chipiona.
Aparcamos justo delante del Santuario, de estilo gótico:
Seguramente a algunos os pasará como a mí, que me sonaba mucho lo de la Virgen de Regla en Chipiona, pero no me lo esperaba así, con su Santuario a pie de playa:
En el altar mayor, la Virgen de Regla, morenita, tan venerada por Rocío Jurado:
Con sus preciosas vidrieras policromadas en la parte alta, que daban un poco de alegría y color a los santos (que buena falta les hará):
Pero también tiene otra cosa muy interesante, el faro. Es el más alto de España, el 3º de Europa y el 5º del mundo, con 69 m. de altura. Está situado en la llamada Punta del Perro y su función es evitar que los barcos que quieran acceder al Guadalquivir no se choquen con la piedra Salmedina:
Después, nos dirigimos a la ciudad de Cádiz, por la costa. Yo no conocía nada de esta provincia andaluza. Curiosamente, es en la única en la que no había estado y no sé por qué, nunca la he tenido en esa carpeta  de "pendientes" de la que os hablo a veces. Gran error porque me ha encantado. 
Entrando a la ciudad pasamos por la Puerta de Tierra, de mármol, que separa el casco antiguo (Cádiz Cádiz) de la parte moderna (Extramuros):
Aparcamos junto al puerto, en el parking Muelle Reina Sofía, perfecto para visitar la ciudad.
Lo primero nos dirigimos hacia el Monumento a la Constitución de 1812 con sus alegorías de la Guerra, la Paz, la Agricultura y la Industria, además de multiples relieves alusivos a la resistencia gaditana en la guerra de la Independencia:
Y nos adentramos en la ciudad de Cádiz. Todo muy cuidado, muy blanco. Comimos en la plaza de San Francisco, junto al convento del mismo nombre, donde se formaban y, posteriormente, se enviaban frailes a América con su iglesia, que no pudimos ver, y la torre separada de la iglesia (en la foto, la iglesia a la derecha):
 Sus estrechas y largas calles, hablaban de historia, contaban relatos sin palabras, mostraban barrios burgueses, poderío económico. En la foto, al final de la calle, una de las torres de la parroquia de San Antonio de Padua:
Sólo vimos una zona verde, el Parque Genovés, junto al mar, con una avenida principal con cipreses podados al estilo inglés y palmeras. También tiene una zona con un lago y una cascada, con figuras de dinosaurios y una gran variedad de especies botánicas, algunas muy raras:
Ya en el paseo junto al mar, por encima del aparcamiento subterráneo de Santa Bárbara, pasamos junto al Parador la Tacita del Atlántico, por delante del Castillo de Santa Catalina hasta llegar a la playa de la Caleta, que me recordó a la playa de la Concha, en San Sebastián, aunque mucho más pequeña y amontonada. Esta playa, tan famosa, me desilusionó un poco, la verdad:
 Justo detrás de la playa están estos 2 enormes ficus de más de 100 años y más de 10 m. de perímetro. La historia cuenta que dos monjas llegaron en barco con 2 pequeños árboles en sendas macetas, rumbo al norte de España, pero una enfermó y se tuvieron que quedar en Cádiz. Los plantaron delante del hospital y se convirtieron en una seña de identidad de los gaditanos. Hoy aquel hospital de Mora es la facultad de ciencias empresariales y los ficus son conocidos como el Árbol del Mora:
Seguimos nuestra excursión por Cádiz, con un calor interesante, buscando la sombra, bajo un cielo de mil tonos de azul intenso. Nunca he visto ese color:
 Y así llegamos hasta la catedral, enorme, santa y apostólica, catedral de la Santa Cruz sobre el Mar (o sobre las Aguas), su construcción duró 116 años por lo que tiene varios estilos arquitectónicos: barroco, rococó, neoclásico. Sede de las diócesis de Cádiz y Ceuta. Por encontrarse al borde del mar, las piedras que conforman sus muros tienen una enfermedad que hacen que se estén desmoronando, lo cual obliga a tener unas redes protectoras que dan sensación de edificio inacabado. Tiene una cúpula amarilla (caso único en el mundo cristiano) y 2 torres, cosa extraña porque los borbones lo habían prohibido por motivos de seguridad:
En la misma plaza de la catedral, la iglesia de Santiago, con su peculiar torre y sus pilastras jónicas de piedra:
De vuelta al puerto, donde teníamos estacionada la AC, no pude dejar de sorprenderme con este monumento situado en una pequeña rotonda, junto a la plaza de España. Después me he enterado de su historia: Es un gran candado, con una pluma en la barra de cierre, en homenaje a la libertad de expresión y que en principio fue colocado en Chiclana pero al final se trasladó a Cádiz:
Y nos fuimos de la ciudad de Cádiz, con la promesa de volver, que hay mucho que ver con detalle.
Nuestro siguiente destino la zona de Sancti Petri y la playa de la Barrosa en Chiclana de la Frontera, separadas por unos acantilados:
Continuamos por la carretera de la costa. Pasamos por distintas urbanizaciones que conforman el complejo turístico de Novo Sancti Petri, con sus famosos campos de golf. Se respiraba lujo, pero el piso de la calzada dejaba mucho que desear. Y llegamos a un paraje precioso: El Cabo Roche, ya en el municipio de Conil de la Frontera.
Paramos junto al faro que se encuentra justo en la punta del cabo:
Desde allí las vistas son espectaculares. Hacia un lado y a lo lejos se puede ver hasta el estrecho, Trafalgar, la costa de Conil, las calas de Levante y justo a los pies del faro, el puerto pesquero y deportivo de Conil:
Y hacia el otro lado, de donde vinimos, dimos un paseo por un sendero que bordea las llamadas calas de Poniente o de Roche, por encima de acantilados que parecen espejos donde el sol se refleja con toda su intensidad:
A estas calas se puede acceder también por pasarelas de madera, sin necesidad de llegar al faro. Algunas de ellas parecían nudistas, un lugar donde disfrutar del mar, del silencio, sin duda, eso sí, con marea baja: 
Desde allí nos fuimos en busca del camping donde íbamos a pasar la noche del martes, la Rosaleda. Muy bien, allí estaba la AC más espectacular que yo he visto, era como un autobús, con todo lo que te puedas imaginar. Después de instalarnos nos fuimos al pueblo a cenar. Recuerdo las ricas gambitas y el jamón.
Al día siguiente, miércoles, después de desayunar en la AC, nos pusimos en marcha. Lo primero nos acercamos hasta la playa de La Fuente del Gallo, desde donde se podía ver a lo lejos el faro de Roche, donde estuvimos el día anterior:

Más tarde entramos en la playa del Palmar, en el municipio de Vejer de la Frontera (por cierto, lo de la Frontera que acompaña al nombre de varios pueblos de esta zona, se refiere a la otrora frontera de la Corona de Castilla con el Reino de Granada, a excepción de un par de ellos que hay en Huelva, Palos y Rosal de la Frontera, que se refieren a la frontera con Portugal). 
Bueno, el Palmar es una de las mejores playas de Cádiz, con más de 4 km. de largo  y 80 m de ancho, con la Q de Calidad Turística, sin grandes urbanizaciones por estar protegida:
Continuamos nuestro viaje rumbo al cabo Trafalgar, situado en los Caños de Meca, en Barbate. Queríamos ver el faro. No tiene fácil acceso y no se puede acceder hasta él en ningún vehículo y pensábamos que no podíamos aparcar, pero un buen señor muy enrollado nos permitió aparcar en el parking de un bar aunque el espacio reservado para AC ya estaba completo. Así que desde allí, muy cerca, nos fuimos andando hasta el faro. Tiene 34 m. de altura y es bastante imponente por estar un poco elevado:
 Bajando por unas escaleras se llega al agua, donde el océano lucha constantemente contra las rocas:
 El entorno del faro me gustó mucho, pero el camino hasta el faro es una maravilla, ese día hacía viento y había mucha gente practicando deportes de vela. Este es un paso entre dunas que permiten ver la costa hasta el estrecho:

Con encantadores accesos a la playa de Marisucia o las Dunas (esta es la playa que está a la izquierda del faro, mientras que la que está a la derecha se llama del Faro de Trafalgar):
 Después de disfrutar de aquel precioso y natural paraje, y tras tomarnos un aperitivo en el bar del señor, volvimos a la carretera, camino del sur. Atravesamos el Parque Natural de Breña y Marismas del Barbate. La carretera subía zigzagueando entre un precioso bosque de pinos que al moverse con el viento formaba un paisaje extraño, parecía que los redondos pinos se abrían y cerraban, precioso:

 Llegamos a Barbate y como no, su faro (algún día enseñaré la colección de fotos de faros que tengo), junto al muelle, en una plaza con un reloj solar en el suelo, cilíndrico, de franjas rojas y blancas, es considerado baliza por su corto alcance y su misión es señalar la entrada al puerto:
Próxima parada Zahara de los Atunes. A mi sobrina le habían recomendado un restaurante allí pero resultó estar cerrado. Buscamos otro y.... un éxito total. Comimos extraordinariamente bien. Todo estaba muy, muy bueno: la ensalada, las tostas de jamón y foie, el pulpo,... pero el atún a la plancha fue... espectacular!!!:
Después de comer nos acercamos a la playa, con pasarelas para proteger el entorno:
Otra vez en la carretera, pasamos por distintos tipos de paisajes. Eso sí, me llamó mucho la atención que pasamos junto a muchos parques eólicos. A Daisy no le importaba lo más mínimo:
Entramos en la playa de Bolonia, ya en el municipio de Tarifa. Una playa casi salvaje, perteneciente al Parque Natural del Estrecho (lo cual es sinónimo de preservación del entorno, muy codiciado por los promotores urbanísticos y turísticos, sin duda). El acceso es a través de un tramo de carretera bastante estrecho y sinuoso (nosotros, como llevábamos un conductor de primera, ningún problema). Está enfrente de Tánger. A destacar, además de las ruinas de la antigua ciudad romana Baelo Claudia, en muy buen estado de conservación, la famosa duna, declarada Monumento Natural. Es como una lengua de arena que cubre una parte del bosque de pinos que la rodea y que, con su continuo avance provoca la muerte de dichos pinos por enterramiento, hecho que, al ser natural, últimamente se aconseja no ser impedido:



Y fue en esta playa donde yo he visto una de esas cosas que cuando las ves piensas: "¡esto ya es lo que me faltaba a mí por ver!", pues sí, ¡vacas en la playa!. Alguien me podrá decir: pues no es tan raro, estarían bebiendo donde desemboque algún río. Efectivamente, lo he mirado y estaban donde desemboca el arroyo de la Churriana, pero es que aquí, en mi tierra, en Cantabria, también habrá algún arroyo que termine en una playa y mira tú si no hay vacas, muchas vacas, pero nunca antes lo había visto:
La última playa que yo tenía en mi lista de merecedoras de nuestra visita era la de Valdevaqueros, que está a continuación de la anterior, separadas por Punta Paloma. Esta también tiene una duna parecida pero fue creada en los años 40 por los militares para impedir que los movimientos naturales de la arena enterraran las instalaciones militares próximas y para fijarla se pobló la zona de pinos. Otra cosa curiosa de esta playa es que en ella desemboca el río del Valle que recorre la playa varios cientos de metros paralelo al océano. De hecho, en la foto parece agua que queda al bajar la marea:
Por donde accedimos a la playa, vimos que había un ambiente un tanto extraño, pasamos por una especie de bar, con mucha gente joven surfera y no surfera, digamos alternativa. Oímos una conversación entre dos que, refiriéndose a nuestra AC precisamente, uno decía que quién tuviera una como aquella y la chica decía que seguro que era de algún traficante. Eso ya explica un poco el ambiente, ¿no?. El Tumbao se llamaba el chiringuito. Hablándolo después con mi hija, me dijo que tenía mucha fama. ¡El Tumbao! Pues ni idea:
Pues nada, continuamos nuestra ruta, hasta Tarifa. Allí la gente volaba, no digo más!!!
Sí, hacía mucho viento y los kitesurfistas estaban en la gloria, volando literalmente:

En Tarifa está el punto más meridional de la península Ibérica, el cabo o Punta de Tarifa, situado en la isla de las Palomas, que es el punto donde se unen las aguas del Atlántico y del Mediterráneo, a 14 km. de la costa marroquí. Cruzamos por el puente que une el pueblo con el fuerte de la isla de las Palomas donde está el faro de Tarifa pero está en zona militar y de acceso prohibido, así que me tuve que conformar con esta foto:
Continuamos la marcha hacia Algeciras, por la N340 y paramos en el Mirador del Estrecho, desde donde se ve la costa africana, Ceuta y Tánger. Una pena que en la foto apenas se aprecia por las nubes, que por cierto, por allí también parecían volar, como los de Tarifa:
No paramos en Algeciras, seguimos dirección a La Linea de la Concepción. Se baja por un puerto con vistas sobre Gibraltar y le pillamos ¡con sombrero!. La verdad es que para cuando quise coger la cámara y hacer la foto ya se habían pasado las mejores vistas, pero era espectacular :
Entramos a la Linea, pero había mucho movimiento de camiones, por lo que decidimos continuar en busca del lugar donde pernoctar, que se estaba haciendo tarde. Nos dirigimos a un camping apto para AC que había en San Roque, pero estaba muy cerca de la carretera, en una zona que no nos gustó nada y buscamos otro cercano. Nos quedamos en el camping La Casita, en un entorno natural, separado del mundanal ruido y con un restaurante Thai, que nos ofreció un menú degustación perfectamente explicado y adaptado a nuestros gustos, que nos encantó:
Y así acabamos el miércoles, dando por terminada la ruta de las playas, sabiendo que habíamos visto muchas y muy bonitas pero conscientes de que aún nos faltaba mucho por ver, pero bueno, sumando información en nuestras cabecitas, colores, paisajes, olores,... 
Como esto se alarga voy a dividirlo en 2 post (y eso que resumo mucho, que por mí contaría muchas más cosas que vi, que aprendí, que sentí,...). En el próximo os contaré la ruta por pueblos de interior que hicimos en los siguientes días.
Ahora he querido resumir en este mapa nuestras andanzas costeras. No es muy fácil por el tamaño de las letras que hay que meter en poco espacio, pero bueno, es aproximado, orientativo, hecho desde el cariño, jajaja:

  • Rodeado con líneas rojas y escrito con letra roja: Pueblos y playas visitadas (de izquierda hacia abajo y a la derecha).
  • Rodeado con líneas azules: los Parques Naturales por los que pasamos.
  • Rodeado con líneas moradas: los campings en los que nos quedamos.