Mi marido tenía muchas ganas de hacer esta ruta porque una de las veces que hizo el Soplao, pasó por una parte de ella y quería enseñármelo (nos falta de hacer otro tramo por esa zona). Aquel día salimos prontito por la mañana, pasamos por Puentenansa y dejamos el coche en Cosío. Caminamos hasta el pueblo siguiente, Rozadío, a poco más de 1 km y ya nos desviamos, cruzando el pueblo. Pasamos entre la iglesia de Santa Ana y una casona del S. XVIII:
Seguimos hasta el final del pueblo, pasando junto a Saltos del Nansa S.A., siendo esta Central de Rozadío una de las 4 que aprovechan el potencial hidroeléctrico del río Nansa, abasteciendo a 52000 hogares (poco sabía yo de esto...):
Enseguida cruzamos el río y comienza la ruta:Tomamos una pista hacia la derecha, que se va alejando del río, siempre ascendiendo, pasando por miradores sobre el Nansa como este:
Siempre por una pista cómoda y limpia, vamos cambiando no solo de vistas, también de tipo de terreno y paisaje que nos rodea:
La pista gana en altura y en las curvas pronunciadas, salientes hacia el valle del río, esta mesa de picnic es un lugar de descanso para el deleite del senderista (no sé que opinará mi hermana, yo lo tengo en la carpeta de mis bancos preferidos):
Desde otra curva, a más altura, ya no se alcanza a ver el río, pero sí los prados redondeados, de un color verde muy especial:
Mirando hacia atrás, una de las muchas curvas que acabamos de pasar:
Las laderas, muy cambiantes, siempre mostrando belleza. Aunque lo llaman naturaleza muerta, cada vez me gustan más los árboles desnudos del invierno:
Y así, zigzagueando llegamos a la cumbre:
Nos desviamos a la derecha para acercarnos al Zarceillo, un poco más alto que nuestro objetivo, el Matamiguela, con un caseto de guardas, y desde donde hay esta vista (nosotros hemos subido por la pista desde la izquierda y ahora volveremos al cruce de las curvas a la derecha de la foto):
Bajamos de nuevo al cruce (en la foto, donde está el coche rojo), seguimos la curvilínea pista para dejarla un poco más arriba y subir campo a través hasta la loma más alta, donde está el vértice, el Matamiguela:
Pasamos entre vacas de todos los colores, como se ve en la foto anterior, todas ellas felices y relajadas:
Sin miedo a nada ni a nadie, casi posando:
Desde aquí arriba tenemos el valle del Nansa hacia un lado (del que venimos) y el valle del Saja hacia el otro, con suaves depresiones entre colinas que dan un efecto extraño a las fotos. Al fondo están pueblos como Ruente, Sopeña, Lamiña,..., y se alcanza a ver hasta el mar por la zona de Suances:
Vista hacia atrás, de donde venimos, con la caseta de Zarceillo en lo más alto. La cabaña, baja, protegida...:
Lo de alrededor sí era bonito:
Por si desde un poco más arriba se veían otras cosas..:
Comenzamos el descenso. Un poco más abajo comimos sentados en el prado acompañados de este perro que se vino con nosotros desde que salimos de Rozadío, al principio de la ruta (no es la primera vez que nos pasa). Todo el camino fue muy tranquilo, pero a la hora de comer, él también quería:
Nos desviamos a la derecha para acercarnos al Zarceillo, un poco más alto que nuestro objetivo, el Matamiguela, con un caseto de guardas, y desde donde hay esta vista (nosotros hemos subido por la pista desde la izquierda y ahora volveremos al cruce de las curvas a la derecha de la foto):
Bajamos de nuevo al cruce (en la foto, donde está el coche rojo), seguimos la curvilínea pista para dejarla un poco más arriba y subir campo a través hasta la loma más alta, donde está el vértice, el Matamiguela:
Pasamos entre vacas de todos los colores, como se ve en la foto anterior, todas ellas felices y relajadas:
Sin miedo a nada ni a nadie, casi posando:
Desde aquí arriba tenemos el valle del Nansa hacia un lado (del que venimos) y el valle del Saja hacia el otro, con suaves depresiones entre colinas que dan un efecto extraño a las fotos. Al fondo están pueblos como Ruente, Sopeña, Lamiña,..., y se alcanza a ver hasta el mar por la zona de Suances:
Vista hacia atrás, de donde venimos, con la caseta de Zarceillo en lo más alto. La cabaña, baja, protegida...:
A partir del último cruce, comenzamos la ascensión libre pegados a la alambrada que ya seguimos hasta el vértice. Junto a esta poza encontramos alguna vaca que marchó por los ladridos del perro (luego cuento la historia del perro):
Llegamos al vértice geodésico, seguramente lo más feo de esta ruta. Estaba en lo alto de una loma, justo en la linde entre 2 fincas, en mitad, con las estacas clavadas pegadas a la base de hormigón:Lo de alrededor sí era bonito:
Por si desde un poco más arriba se veían otras cosas..:
Comenzamos el descenso. Un poco más abajo comimos sentados en el prado acompañados de este perro que se vino con nosotros desde que salimos de Rozadío, al principio de la ruta (no es la primera vez que nos pasa). Todo el camino fue muy tranquilo, pero a la hora de comer, él también quería:
Después de comer nos fuimos alejando del objetivo conseguido, hacia el otro lado, también por el prado pero ya sin seguir la alambrada:
Otra cabaña de poca altura (tendrá su explicación, yo pienso que puede ser por tema de protección ante fenómenos atmosféricos adversos porque están en una cumbre y hará viento, pero las tejas me hacen dudar 😏, si alguien sabe el motivo, que me lo cuente, por favor, que tengo curiosidad). Creo que a esta finca la llaman Zarzamarosa:
Las laderas desde aquí hacia la parte del Nansa también me hablan de dureza climática:
No puedo evitar poner fotos de estos caballos en este entorno natural. Por su porte y altura yo diría que son caballos de gran fortaleza:
Este creo que es monchino (los anteriores no), raza autóctona de Cantabria, y son tan bonitos...:
Seguimos avanzando. Hacia la izquierda se puede ver San Sebastián de Garabandal y hacia la derecha por poco no se alcanza a ver Carmona. En la foto, San Pedro, muy cerca:
Menuda suerte la de estas vacas...¿no os parece?:
No me quejo de la mía...:
No puedo evitar poner fotos de estos caballos en este entorno natural. Por su porte y altura yo diría que son caballos de gran fortaleza:
Este creo que es monchino (los anteriores no), raza autóctona de Cantabria, y son tan bonitos...:
Seguimos avanzando. Hacia la izquierda se puede ver San Sebastián de Garabandal y hacia la derecha por poco no se alcanza a ver Carmona. En la foto, San Pedro, muy cerca:
Menuda suerte la de estas vacas...¿no os parece?:
No me quejo de la mía...:
Y el perrito seguía con nosotros... al principio, los primeros kilómetros, intentamos hacerle entender que se tenía que volver para casa, pero, como sabemos por otras veces que a algunos perros les gusta hacer excursiones con senderistas, pues ya lo dejamos y tan amigos...:
Continuamos bajando y en la curva de la antena nos encontramos con un señor que conocía al dueño del perro y ya nos dijo que no nos preocupáramos, que lo hacía más veces....
Ya llegamos a ver Puentenansa, pero no llegamos al pueblo. Un poco antes nos metimos por un atajo a la izquierda cruzando un bosquecillo:
El atajo nos sacó a la carretera general, y siguiéndola, por senda peatonal unos 2 km, cerramos el círculo, volviendo a Cosío, donde teníamos el coche. Nuestra gran preocupación era cómo nos íbamos a despedir del perro, si nos seguiría cuando fuéramos ya en el coche.... pero no, justo al llegar, se metió a un bar y nosotros deprisa al coche para que no se diera cuenta. Así terminó la ruta, sin poder tomar un café en el bar (lo tomamos más abajo).
Pero primero, paramos en el Mirador Asomada del Ribero, para nosotros el Mirador de Carmona. Siempre que pasamos por allí, paramos. Tengo fotos de Elia de muy pequeña en ese mirador. Es que la vista bien lo merece:
Y como es costumbre, un mapa orientativo de la ruta, de algo más de 24 km, con un desnivel de casi 900 m, pero cómoda de hacer, se va subiendo poco a poco. El paisaje es muy bonito. Merece la pena hacerlo:Y por si os interesa, este es el track que seguimos nosotros (modificamos la llegada a Puentenansa, que nosotros atajamos y no llegamos a entrar en el pueblo, ahorrándonos 1,5 km):
