15/04/2015

CUENCA

Nunca había estado en Cuenca. Y ya era hora!!! El Jueves Santo estuvimos en Madrid y el Viernes por la mañana, sin madrugar (sólo faltaba), pusimos rumbo a Cuenca. Ultimamente había leído mucho sobre esta provincia, que, la verdad, nunca me había llamado demasiado la atención. Pero ahora pensamos que era el momento, por diversas circunstancias. Entramos en la capital y lo primero paramos en una oficina de turismo, como siempre, y ahí nos aconsejaron donde aparcar. Nosotros teníamos intención de hacerlo en la parte alta de la ciudad, donde está el Castillo, pero debido a las procesiones estaba cortado el paso por todo el casco histórico. Dejamos el coche en un amplio aparcamiento  en la zona nueva, en la parte más baja y subimos andando. Lo primero buscamos donde comer. No era tarde, pero habíamos decidido intentar comer pronto para evitar los problemas de otras veces y la verdad que tuvimos mucha suerte. Comimos bien, sin más.
Y comenzamos nuestra visita turística a la ciudad de Cuenca. Subimos por la calle de la derecha del río Huécar, viendo ya las Casas Colgadas. La verdad es que yo pensaba que eran más, pero sólo quedan 3, que aunque han sido remodeladas, mantienen los balcones de madera suspendidos en el aire.

Pasamos al lado del Auditorio y llegamos hasta el Parador de Cuenca, antiguo Convento de San Pablo, encaramado sobre la Hoz del Huécar. Pudimos ver el claustro, convertido en terraza. Aún así, se respiraba serenidad. La iglesia estaba cerrada. Cruzamos el famoso puente de San Pablo, que cruza hasta el casco histórico, junto a las Casas Colgadas (no colgantes, que a los conquenses no les gusta nada que se les llame así). En esas casas está el Museo de Arte Abstracto Español, único en el mundo, recomendado en todos los foros que había leído. Estaba cerrado, como todo en ese día de Viernes Santo. Tarea que nos quedaba pendiente. Desde aquí las vistas hacia el Parador eran espectaculares:
Parador y puente de San Pablo

Callejeando subimos hasta la Plaza Mayor presidida por la Catedral y el Ayuntamiento. También cerrado. La Plaza estaba ocupada por los pasos de Semana Santa, que iban subiendo, y por muuuuuchisima gente:
Ayuntamiento


Tomar fotos de los edificios alrededor de la plaza, y, sobre todo de la Catedral, no era tarea fácil:

Decidimos seguir hacia el Castillo, a ver si para la vuelta estaba más despejado. Subimos por la calle San Pedro, con muchas callejuelas a ambos lados que permitían asomarse hacia un río, el Huécar, o hacia el otro, el Júcar. Desde uno de estos miradores tomé esta foto en la que, como veis, destaca el color del agua, no tiene ningún filtro, es de ese color. Os propongo un juego: a ver si encontráis otra cosa curiosa!!! (Pista: está en las rocas, me lo contáis en los comentarios).


Nuestra meta era el Castillo; subimos unas escaleras por lo poco que queda del mismo, en busca de la supervista de Cuenca. Pues no, la foto preciosa está pasando el Arco de Bezudo:


Allí descansamos un poco y nos hidratamos, que hacía mucho calor.
Empezando a bajar otra vez, bordeamos el Archivo Histórico Provincial y nos metimos por detrás de la Fundación Antonio Pérez, ubicada en el antiguo convento de las Carmelitas Descalzas. Pasamos por detrás de la iglesia de San Pedro, por la ronda de Julián Romero, todo ello por la parte del Huécar, asomándonos a los miradores sobre el río y pasando por varias callejuelas y pasadizos como la del Cristo del Pasadizo, con su leyenda, romántica y trágica. Por si sentís curiosidad, aquí la podéis leer, aunque os aconsejo visitar Cuenca y leerla in situ.

Seguimos bajando hacia la Plaza Mayor, para ver si se había descongestionado un poco y, sí, ya se habían vuelto a llevar la mayoría de  los pasos. Visitamos entonces la iglesia del Convento de las Petras, que da también a la Plaza pero bajando unas escaleras. La fachada, rosa, es muy austera y no te imaginas cómo es por dentro, con tan rica ornamentación:

A partir de aquí, seguimos por el lado del Júcar, más callejuelas, y bajamos por una larga escalinata hasta llegar a la iglesia de San Miguel, hoy habilitada para conciertos.
Seguimos bajando, ya en dirección del coche, y durante un rato nos incorporamos  a las procesiones:

Tras callejear otro poco nos fuimos a coger el coche, que estábamos ya cansados, y a tomar posesión de nuestros aposentos. No fue fácil conseguir alojamiento para esas fechas. En la capital todo estaba completo. Al final di con este hostal, en plena Serranía de Cuenca, justo enfrente de la entrada a la Ciudad Encantada, y muy bien, sin ningún lujo pero correcto. 
De camino, decidimos ir a ver el Ventano del Diablo, un mirador sobre una garganta del río Júcar, con sus aguas de fantástico color verde.
También tiene su leyenda que habla de que el mirador fue hecho por el diablo, claro, con intención de que todo el que se asomara a ver las increíbles vistas, se tropezara y cayera estampándose con las rocas. Ahora han puesto barandillas para protegernos jajaja:

Continuamos hasta la Laguna de Uña. No nos gustó nada, había nubes de mosquitos:

Y ya al hotel. Abrimos las maletas, descansamos un poco y cenamos allí mismo. Vaya. Una duchita, un repaso a mis apuntes y a dormir. Por la mañana, tras desayunar fuimos a coger las entradas para la Ciudad Encantada. Las cogimos con guía (costaban 5 € o 6 € con guía). Un acierto, nos lo enseñó una chica encantadora, que vivía lo que nos contaba. Este sitio es para dejar volar nuestra imaginación. Cada uno ve lo que quiere o lo que puede, pero realmente hay figuras muy curiosas, muestras de lo que la erosión es capaz de hacer a lo largo del tiempo en un tipo de roca muy heterogénea. El recorrido es de menos de 3 km., durante unas 2 horas, sin dificultades. Es una finca particular y forma parte del Parque Natural de la Serranía de Cuenca.
Entre las muchas fotos, que por cierto, no dan mucha fe de lo que se ve en directo (y no soy de Cuenca, jajaja), he escogido estas, con el nombre oficial:

Cara de hombre:

Puente Romano:

Mar de Piedra:

Lucha elefante cocodrilo (yo aquí veo un gesto cariñoso entre 2 delfines, pero lo que más me llamó la atención es cómo los árboles se han tenido que adaptar a la roca, deformándose)

Y el famoso Tormo Alto, símbolo de la Ciudad Encantada:

Cuando salimos nos alegramos de la ubicación de  nuestro alojamiento, porque había una enorme cola para entrar, mientras que nosotros, como nos quedamos allí mismo, estábamos entrando de los primeros, a las diez y media, mucho más tranquilos y con menos calor. 
Cogimos el coche y nos fuimos camino del nacimiento del río Cuervo. Cuando llegamos era la hora de comer y como los restaurantes que hay donde está el aparcamiento, estaban a tope, nos fuimos al pueblo más cercano. Encontramos un restaurante de comida casera, miramos y había sitio. Y dimos con una camarera en su primera vez. Pedimos vino rosado frío, sí, sí, por supuesto. Estaba del tiempo, le pedimos una cubitera con hielo y nos trajo un vaso con cubitos porque nos dijo que ¿para qué iba a traer toda la cubitera?. Cuando la expliqué que no iba a echar cubitos al vino, sino meterlo en el hielo para enfriarlo, nos trajo la cubitera con los cubitos, en seco. Claro, no se enfrió... y alguna otra cosa nos pasó de este estilo, muy graciosa.
Bueno, pues después ya iniciamos la rutita del río. Hay un amplio aparcamiento y una pasarela de madera, apta para discapacitados, hasta las cascadas. La verdad es que no tenía mucha agua pero el sitio es idílico:

Continuamos por la derecha de las cascadas hasta el nacimiento propiamente dicho: el agua surge por una hendidura de la roca.


El regreso se puede hacer por la otra margen del río: un bonito paseo de, aproximadamente 1,5 km. en total, junto al río, de aguas transparentes y heladas.
Desde aquí, cogimos de nuevo el coche y seguimos hacia el norte, dirección Beteta. Entramos a ver una de las Lagunas de El Tobar. Esta nos gustó más, no había mosquitos, jajaja:

También visitamos el Balneario de Solán de Cabras, por aquello de conocer también la competencia (vivo junto al Balneario del Agua de Solares). El trayecto entre el Puente de Vadillos y el Balneario es muy bonito, nos recordaba al desfiladero de la Hermida, aquí en Cantabria. Fuimos a ver Priego, que ya pertenece a la Alcarria, un tranquilo pueblo de tradición alfarera y con plantaciones de mimbre (la primera vez que he visto esas plantaciones).
Volvimos a Cuenca para cenar antes de recogernos a nuestros aposentos, asistiendo a una bonita puesta de sol por tierras alcarreñas. Buscamos un bar de tapas que me habían recomendado, La Ponderosa, justo al lado de la Diputación Provincial, en una calle con muchos bares. Cenamos raciones de setas, mollejas, morteruelo y tomate con bonito. Riquísimo todo. Pero lo mejor, la atención de uno de los dos hermanos que llevan el negocio. Al ir a pagar nos dijo que esperáramos un poco, que nos iba a traer algo. Un postre espectacular. Voy a intentar hacerlo, porque nos explicó lo que era: pan frito mojado en vino, confitura de tomate y miel. Uhhmmm, se me hace la boca agua ...  
El domingo, después de desayunar nos bajamos de nuevo a Cuenca para visitar la Catedral que nos había quedado pendiente, pero no pudimos porque no se abría al público hasta la una y media y se nos hacía tarde. Aprovechamos para ver las tiendas de esas calles y comprar mi campanita:
Otra tarea pendiente era visitar el museo de Arte Abstracto Español. Está ubicado en la Casas Colgadas y asomarte desde alguna de sus salas es un espectáculo, lo mejor (me declaro una ignorante de tomo y lomo, jajaja):

De la exposición, ¿qué decir?, pues que es, eso, abstracta. Hay obras de Chillida, Cesar Manrique, Oteiza, Saura, Tapies, Teixidor, ..., y, por supuesto de Fernando Zóbel. Por mostraros una obra, esta es un óleo sobre lienzo de A. Saura, titulada Brigitte Bardot:

Una vez que salimos y bajando hacia la parte nueva, volvimos a fijarnos en la posición de las Casas Colgadas: definitivamente, no me gustaría vivir en el casco antiguo.

Nos volvimos a encontrar con las procesiones correspondientes al domingo de Resurrección y me gustó ver un paso llevado por chicos y chicas:

La hora de comer. Otra odisea. Por la mañana habíamos llamado a otro restaurante de los recomendados, el mesón Darling, pero estaba completo. Así que buscamos algo sobre la marcha. No volvimos a La Ponderosa porque no hay donde sentarse. Encontramos uno con muy buena pinta, pero nos pusieron en una mesa entre corrientes de aire (y eso que llegamos los primeros), que nos hizo pasar un rato más bien desagradable, aunque yo comí muy bien. 
Y así acabó nuestra visita a Cuenca. Después ya nos fuimos para Madrid. 
¿Mi opinión? La ciudad es muy costosa y sin mucho que ver en  lo que a edificios se refiere, pero los paisajes tanto los que se ven desde lo alto de la ciudad, como los que vimos por la zona de la Serranía- Alto Tajo- la Alcarria me sorprendieron muy gratamente.
¿Conocéis Cuenca? ¿qué deberíamos haber visto? Gracias por vuestros comentarios.

24/03/2015

SOLOMILLO DE CERDO AL MOSCATEL


Esta es una receta muy facilita de hacer, con pocos ingredientes, obteniendo un plato muy rico, meloso. A ver que os parece.

Ingredientes:

  • 1 solomillo de cerdo.
  • 1 cebolla.
  • 1 vaso de caldo.
  • 1 cucharada de harina.
  • 4 cucharadas de frutos secos deshidratados (o ciruelas pasas).
  • ½ vaso de moscatel.
  • Aceite, sal y pimienta.
Lo primero hay que poner las frutas deshidratadas  a remojo en el moscatel (o las pasas, que incluso son más apropiadas, pero yo tenía estas otras y también estaban muy buenas). Si están un par de horas, mejor.
Salpimentamos el solomillo. 
Partimos la cebolla en juliana (tiras finas).




En una cazuela o sartén con un poco de aceite doramos la carne por todas partes.









Apartamos un poco el solomillo y en la misma cazuela echamos la cebolla en juliana y la rehogamos hasta que esté transparente.




Apartando un poco la cebolla, echamos la cucharada de harina, moviéndola para que no se queme, lo suficiente para que se haga. Vertemos el vino moscatel de las frutas, lo movemos un minuto. Ahora incorporamos el caldo. Si no tenemos caldo, echamos media pastilla de caldo concentrado disuelta en un vaso de agua. Añadimos las frutas o las pasas.


Todo esto se puede ir haciendo en distintos recipientes, reservando lo anterior, pero yo intento manchar lo mínimo indispensable, jajaja.

Dejamos que cueza todo junto hasta que el solomillo esté hecho. El tiempo depende de la carne, yo lo tuve casi una hora. Los últimos 10 minutos a fuego fuerte para que reduzca y quede una salsa espesita, con cuidado de que no se pegue. Comprobamos de sal, que va a depender del tipo de caldo que hayamos puesto.


Si tenemos dudas, podemos partir la carne y si vemos que está algo dura la dejamos otro poco. Lo ideal sería que quedara un poco sonrosada por dentro.
Para servirla la partimos al gusto: en medallones más o menos gordos y lo podemos comer con su salsa sólo o también con patatas, o puré. Yo en este caso hice unas patatas en el microondas.


12/03/2015

MIRADORES DEL ASÓN

Después de tanto como ha llovido esta última temporada, me apetecía realizar una excursión (en coche) de esas que a mí tanto me gustan y, claro, el destino estaba cantado: un río y cascadas. Y ¿qué río sería el mejor? Pues también lo tuve claro: El Asón, que nace en el Portillo del Asón, en el Valle de Soba. Concretamente nace en una fuente que está en lo alto de la Peña de Azalagua, a 680 m. de altura, discurre a lo largo de 44 km. y desemboca en Colindres.
Pues nada, este pasado sábado, maravilloso día, nos fuimos en busca del nacimiento del Asón. Hay varias formas de llegar. Nosotros subimos por La Cavada, al puerto de Alisas, por la CA-261, un tramo muy frecuentado por ciclistas (mi maridito entre ellos). Mi reconocimiento a estos hombretones, que se prueban a sí mismos por estos caminos de gran dureza: ascensión agotadora e interminable, curvas cerradas,...
Detalle de la casa de un color "incomprensible" remarcado en la foto: hace daño a la vista!!!
 Según vamos subiendo las vistas son soberbias: La bahía de Santander, Peña Cabarga, la zona oriental de Cantabria, el Valle de Ruesga,..., y ya desde el alto de Alisas podemos ver los Picos de Europa, ahora con mucha nieve.


Llegamos a Arredondo, capital del mundo, y cogemos la CA-265, en dirección al Portillo de la Sia. 
Ascendemos por la cuenca alta del Asón. Abrupta. Inmersos en el Parque Natural Collados del Asón. De lejos ya divisamos la cascada, la famosa Cola de Caballo, con más de 50 m. de caída. La verdad es que creía que iba a tener más agua, la verdad. Desde luego, no fuimos los únicos que tuvimos la idea de verlo ese día: había mucha gente. 
Desde aquí, (en la foto de debajo,donde se ven coches "aparcados"), la parte más cercana a la cascada, se puede bajar hasta justo donde cae el agua pero también se puede subir andando desde el barrio de Asón, un poco más abajo, por la orilla del río. Nosotros lo hicimos hace un par de años y es una bonita excursión. 

Esta vez seguimos en coche hasta el Mirador de Cailagua, un poco más arriba, recordando la leyenda de las Anjanas, la del pelo dorado y la del pelo plateado, que explica el nacimiento del río.
Un poco más arriba está el Mirador del Collado del Asón, otro de los Balcones del río:
Continuamos hasta el cruce en que, o bien seguimos hacia la Sía, o entramos hasta el pueblo de La Gándara, como hicimos nosotros. Está a 2 km. de este cruce, en la CA-256. Con tanto paisaje y tanta naturaleza nos habíamos quedado sin fuerzas (uuuuffff) y lo primero nos tomamos un tentempié en un bar con gran ambiente, junto al Centro de Interpretación del Parque. Ya con otro color fuimos hasta el Mirador de las Cascadas del Gándara. Nosotros fuimos en coche, porque no sabíamos a qué distancia estaba, pero está justo detrás del parque que hay junto al bar, muy cerca. Bueno, lo que vimos desde aquí nos entusiasmo. Hay un mirador aéreo, o mejor dicho, dos balcones sobre el vacío desde donde la contemplación de las cascadas supone un regalo para nuestros sentidos:
 Comimos en el parque, ideal para pasar un día con niños. Este pueblo, La Gándara, me encantó. Rodeado de montañas, pero a la distancia justa para no sentirme encerrada, y ahora con nieve en las cimas, precioso. Además la luz sobre los picos nevados del sur era fascinante. Después de un rato de sobremesa y de un café, volvimos sobre nuestros pasos (rodadas), para coger la CA- 665 que nos llevaría hasta el Portillo de la Sía.  El mirador está a 1200 m. de altura, justo en la divisoria con Burgos, donde la nieve ya tenía más presencia.
Desde aquí se aprecia muy bien el valle de Soba y el Cantábrico al fondo:
Hacia la parte de Burgos había mucha más nieve y yo aproveché para tomar un poco de su energía:

En este alto hay un parque eólico con 13 aerogeneradores a cada lado de la carretera. Nosotros subimos por la pista de la derecha, inicio también de una ruta de montaña, a la Peña Lusa. 

Nunca antes había estado tan cerca de un molino de estos (si los llega a ver el Quijote...):

En este punto, no puedo dejar de agradecer a mi marido su infinita paciencia para conmigo y lo que me rodea y como esta foto me ha susurrado estas palabras de Pablo Alborán, pues aprovecho. Gracias por todo!!!
Después nos bajamos a Espinosa de los Monteros y nos acercamos hasta la estación de esquí de Lunada, bueno, hasta donde pudimos porque también estaba cerrada. La altura de la nieve daba miedo:

El paisaje espectacular:

Regresamos a Espinosa y para no volver por el mismo lado, vinimos por Ramales de la Victoria, N-629, hasta Colindres y después la A-8 hasta Solares.
Fue un día especial, no es fácil estar rodeado de nieve y en manga corta, el mejor en mucho tiempo, así que le disfrutamos con ganas.
¿Conocéis la zona? ¿sabéis de algún otro rincón que no debemos dejar de visitar? Gracias por contárnoslo.  

04/03/2015

TARTA GUINNES

Ya que el día de San Patricio está próximo (es el día 17 de Marzo y se conmemora la muerte de este santo patrón de Irlanda), os hago esta propuesta, una tarta típica irlandesa, elaborada con cerveza Guinnes. Mi niña, la de mis ojos, la había comido en algún sitio y me comentó que le había encantado y, claro, había que hacerla. Así que este finde que ha estado aquí pues, oh, sorpresa!!!...
En realidad, lo siento por los amantes de esta cerveza, no sabe nada a ella (gracias a Dios, porque a mí no me gusta este tipo de cerveza), pero la tarta está muy rica y es muy fácil de hacer.

Ingredientes:

BIZCOCHO:
  • 250 ml. de cerveza Guinnes.
  • 250 grs. de mantequilla.

  • 250 grs. de harina de repostería (o normal).
  • 400 grs. de azúcar.
  •   80 grs. de cacao en polvo (yo usé Valor).
  • 2½ cucharaditas de bicarbonato sódico (o sobre de levadura).
  • 1 cucharadita de azúcar vainillado.

  • 3 huevos.
  • 140 ml. de nata líquida (montar o cocinar).
COBERTURA:
  • 300grs. de queso de untar (Philadelphia).
  • 150 grs. de azúcar glass.
  • 360 ml. de nata líquida (montar).
Lo primero se pone en un cazo la cerveza y cuando esté caliente (sin hervir) se le añade la mantequilla en trozos y se mueve para que se deshaga con el calor residual. Se reserva.

En un bol se mezclan los ingredientes que yo llamo secos: harina, azúcar, cacao, bicarbonato y azúcar vainillado.

En otro bol se mezclan los ingredientes líquidos: huevos y nata.






Así tenemos las tres mezclas por separado:










Ahora vertemos la mezcla de la cerveza sobre la mezcla de la nata y los huevos. 









Incorporamos esta mezcla a la de los ingredientes secos, moviendo con las varillas hasta que obtengamos una masa (bastante líquida) sin grumos.






Esto lo vertemos en un molde engrasado y enharinado*  (si es desmontable, mejor) y lo metemos en el horno precalentado, a 180º, calor arriba y abajo y durante unos 50 minutos, pinchando con un palillo para ver si sale limpio, en ese momento estará listo, se deja enfriar una hora y ya se puede desmoldar.
Una vez lo tenemos en el horno, podemos hacer la cobertura:




Mezclamos el azúcar glass con el queso de untar.






Ahora montamos la nata. Yo lo hago con las varillas de la batidora y tiene que estar recién sacada del frigo, y si el recipiente donde lo montamos está frío también, mejor. Lo batimos durante unos 3-4 minutos, hasta que se pone consistente, pero sin pasarnos porque se haría mantequilla. 




Lo unimos al queso de untar con movimientos envolventes y listo.







Cuando la tarta esté fría la cubrimos de manera que caiga un poco por los lados, que parezca la espuma de la cerveza, jajaja.
Y....A DEGUSTAR!!!!

Si lo dejamos de un día para otro está aún más rica, es muy jugosa, nada empalagosa y la cobertura le da un punto delicioso.

*Para engrasar y enharinar un molde, cogemos un trozo de mantequilla con los dedos y lo pasamos por todo el molde, incluidos los laterales, después echamos un poco de harina y vamos dando vueltas al molde hasta que se impregne de harina por todas partes.