En esta ocasión, que no fue este último fin de semana, sino el anterior, me interesé por ver algo de la costa centro-oriental de Cantabria, por aquello de ir cambiando, y descubrí unas fotos un tanto curiosas, de un sitio del que nunca había oído hablar pese a que queda bastante cerca de mi casa, y claro, eso había que solucionarlo. Se trata de lo que llaman La Ojerada y está en Ajo, un bonito pueblo costero. Sí que conocíamos el pueblo, donde solíamos ir a comer paella (hasta que mi cuñado las mejoró), sus playas, su faro,..., pero La Ojerada, pese a que está muy cerca del faro, ni siquiera sabíamos de su existencia. Ya que íbamos, busqué alguna opción para andar un poco y la ruta que hicimos fue un acierto total, os lo recomiendo!!!
Dejamos el coche junto a la parroquia de Ajo, la iglesia de San Martín de Tours, construida entre finales del S. XVI y principios del XVIII, de estilo renacentista con algún elemento gótico y que está en el llamado Barrio de Ajo. Tiene 3 naves y 4 capillas adosadas y en su altar mayor guarda un retablo romanista del S. XVII:
Desde allí nos fuimos hacia el Barrio del Convento (a la derecha de la iglesia, según se ve la foto, hay un indicador hacia la ría), cruzando la mies de Ajo.
Llegamos al Convento de San Ildefonso, que tiene una parte muy deteriorada y otra, la iglesia, reformada, a mí me encantó el campanario, espero que mantengan su sencillez:
Nada más pasar el convento tirando hacia la ría, hay un camino que baja y enseguida empieza la senda que vamos a seguir: se trata de la senda de la ría de Ajo, donde desemboca el río Campiazo. Encontramos una portilla de madera (la primera de las muchas que vamos a encontrar en el camino, y que siempre hay que cruzar, unas más facilmente que otras, también es verdad, jajaja):
A lo largo del camino vamos bordeando la ría, zona de Especial Protección para las aves. En algunos puntos podemos bajar hasta el agua y disfrutar con todos los sentidos (ya sabéis que yo en estos sitios los dejo a su libre albedrio, que disfruten, jajaja), porque... ¿qué otra cosa podemos hacer aquí?
Si nos encontramos con estos dos en una pelea un tanto extraña (cangrejo A corría hacia cangrejo B, pero justo cuando parecía que se le iba a comer con patatas se volvía más rápido todavía y volvía a empezar), ¿qué vamos a hacer?... pues mirarlos a ver qué pasa:
Y si un poco más adelante, mi marido me enseña esto, una higuera cuyo tronco se ha ido adaptando a las irregularidades del terreno, mostrando unas formas que parecen de ciencia ficción, ... pues nos damos cuenta que la naturaleza no deja de sorprendernos:
Continuamos bordeando la ría por senderos bastante bien marcados, llegamos a otra bajada a una especie de playita, donde decidimos comer (el tentempié ya le habíamos tomado antes de llegar al convento, siempre hay que prevenir mejor que lamentar...). Aquello me pareció el paraíso: el olor al mar que ya intuíamos cercano, aunque todavía no veíamos, el agua limpia, clara, fresca pero no helada, la arena, que se iba zambullendo rápidamente en el agua por el efecto de la subida de marea, el cielo que no podía estar más luminoso, una playa enfrente, bajo un monte escarpado y que parecía de muy difícil acceso, el silencio, roto únicamente por el trinar de algún pajarillo,...
Un poco más adelante ya veíamos el final de la ría:
Continuamos por el borde, disfrutando de las preciosas vistas, unas veces a ras de agua:
Otras, desde más en alto, pudiendo obtener esta maravillosa imagen de los últimos metros de la sinuosa ría antes de fundirse con el mar, con las playas de Isla enfrente (esta que se ve es nudista y a su izda. está la de La Arena):

