
Como ya conté en este post, y siguiendo con la narrativa de este viaje por la Ribeira Sacra, el día anterior no nos dio tiempo a ver el Miradoiro de Vilouxe porque se nos hizo tarde, así que esa mañana, después de desayunar en el hotelito en el que habíamos pernoctado, nos pusimos en marcha. Teníamos que desandar el tramo que la noche anterior os dije que me había dado un poco de miedo por lo oscuro, estrecho y curvilíneo, pero visto de día era otra cosa: la calzada seguía teniendo curvas, era angosta, pero cruzaba por el medio de un bonito bosque, un poco cerrado por algunas zonas, eso sí.
Bueno, ese día, de camino ya nos dimos cuenta de que había algo de niebla a lo largo del cauce del río, lo cual era una faena... pero no perdimos la ilusión💪. Rápidamente llegamos a la entrada para el mirador. El coche hay que dejarlo a la entrada del pueblo, junto a una ermita. Ese día no había nadie, pero supongo que en verano será otra historia. Después hay que caminar unos 800 m, cruzando por el pueblo: 
Y sí, tal como nos lo temíamos, el curso del río estaba perfectamente cubierto por la niebla y esto nos encontramos:
Como era pronto, pensamos que la niebla se iría diluyendo en cuanto el sol calentara un poco 🙏... y así fue, se fueron abriendo claros y mi emoción fue indescriptible:

El Miradoiro de Vilouxe es, creo que sin duda, uno de los más bonitos de la Ribeira Sacra (a mí, el que más me gustó). Ya cuando estuvimos en la oficina de turismo en Monforte, cuando le dijimos a la chica que nos atendió nuestro plan de viaje, nos dijo que no nos perdiéramos este. Ya lo llevábamos apuntado, en lo que había leído también era el más recomendado. Y es que sí, tiene algo especial: se ve un meandro completo, como que el río se da la vuelta, es el más natural, no está adaptado, sin vallas ni estructuras o pasarelas, es, simplemente un peñasco desde el que se ve un buen tramo del curso del río Sil, bueno, en realidad tiene 2 puntos para asomarse, siempre con mucho cuidado puesto que no hay ninguna protección y sí una buena caída al vacío. Ese día, además, tenía el encanto de las nubes que iban y venían, dando un color especial al agua:

Estuvimos un buen rato viendo el espectáculo: las nubes tan pronto se retiraban como nos tapaban las vistas. No podemos olvidar que, como ya dije cuando hablé sobre el mirador de Cabezoás, que está muy cerca, estamos a casi 800 m de altura sobre el nivel del mar y, una vez que la niebla se desvaneció, las nubes bajas pululaban por allí, dando al conjunto un encanto añadido:

No nos cansábamos del panorama:
En ese momento no sabía yo que tambíén ibamos a ir a un par de miradores justo enfrente, por encima de las nubes. Cómo cambia la perspectiva dependiendo del punto de vista...:

Desandando el camino volvimos al coche y nos dirigimos al Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, que no sólo de paisajes 'vivo yo'. En la Ribeira Sacra, además de miradores con vistas espectaculares, también hay unos 15 monasterios, la mejor prueba de la gran cantidad de ermitaños que, primero, se retiraban a vivir en soledad y contemplación a cuevas en los bosques de la zona y que, posteriormente, decidieron reunirse para evitar que sus conocimientos se perdieran. Así comenzó la vida monacal. Además, Aunque fueron los romanos quienes trajeron el cultivo de la vid, fueron los monjes quienes lo recuperaron en la Edad Media al darse cuenta de que aunque los terrenos eran muy complicados, resultaban muy adecuados por su microclima.
Pudimos llegar en coche hasta la entrada del monasterio (en verano, Semana Santa,..., es difícil, suele haber autobús lanzadera para bajar). Aparcamos en la parte de arriba y fuimos a la oficina para comprar la entrada y una señora nos explicó un poco el funcionamiento del monasterio desde el punto de vista turístico. Tuvo problemas para poder cobrar las entradas porque no le funcionaba el Wifi, imaginaos...
Este monasterio en concreto, ya no se utiliza como tal, pero ahí están sus restos, para nuestro disfrute, situado sobre el cañón del Sil, en un lugar que invita a la meditación.
La fachada principal, con su rosetón:
Del interior de la iglesia apenas nada:
En cambio, los arcos de su precioso claustro se conservan bastante bien:
No me costó nada imaginar a los monjes paseando por aquí, tras los arcos, en días de lluvia:
Momentos de paz en un ambiente que invita al recogimiento:
Adosado al monasterio hay un campanario-torre de vigilancia con un perfecto control del terreno por sus vistas al Sil. El entorno es mágico, rodeado de castaños milenarios:
Después de recorrerlo, nos subimos otra vez donde la señora y compramos chocolate. Nos explicó que el museo del chocolate de Ribas de Sil, donde se explica cómo se elabora, no estaba abierto, pero allí tenía el chocolate a la venta, así que...
Ya nos fuimos y subiendo no pudimos resistirnos a estas vistas:

Nuestra siguiente parada, a apenas 2 km, el miradoiro Mirada Maxica, al que accedimos pasando por un camping. Este tiene 2 pasarelas de madera con vuelo hacia el cañón:
Caminando otro poco por la orilla del cañón encontramos este otro mirador, el de Castro o Mirador Pena da Cividá, maravilla:
Volvimos al coche y nos fuimos al siguiente mirador que queríamos ver, el llamado Balcones de Madrid, mi decepción en este viaje. Cuando lo preparé busqué aquí y allá qué miradores visitar y el que estaba en todas las listas era este. Pues a mí no me gustó absolutamente nada, quizás porque está bastante estropeada la infraestructura: escaleras, balcones con vallas y pasarelas de madera a varias alturas:
Y un muro abajo del todo, con barro en el suelo, donde se asomaban las mujeres para despedir a sus maridos que emigraban, muchos de ellos barquilleros que se iban a las romerías a Madrid. Como sería lo poco que me gustó, que no hice ninguna foto con la cámara, sólo alguna con el móvil...:
Nuestra idea era ir desde aquí a Castro Caldelas, uno de los pueblos más importantes de la zona con un casco histórico declarado conjunto histórico artístico. Al llegar al pueblo nos dimos cuenta de que para visitarlo necesitábamos la tarde entera así que decidimos volver a comer en un restaurante que vimos junto a la carretera, muy bien por cierto, un potaje gallego y carne gallega:
Cuando salimos estaba lloviendo así que decidimos continuar el viaje y dejar la visita para otra ocasión. Continuamos hasta el siguiente mirador, As Penas de Matacás, a más de 500 m sobre el río Sil:
Desde este mirador se pueden ver 2 embarcaderos, en la foto, el de la derecha pertenece a Lugo, el de la Diputación de Lugo, junto al Puente de Sil, y el de la izquierda a Ourense:
Una vez cruzado el Puente de Sil teníamos apuntado el mirador del Duque, donde mi marido había visto algo sobre un columpio. Cuando nos dimos cuenta nos habíamos pasado. Volvimos para atrás y vimos el indicador de otro mirador que no teníamos apuntado pero que mi marido había oído sobre él, Souto Chao, uno de los más bonitos:
Desde este mirador tuvimos, sin duda, las mejores vistas de los viñedos de la Ribeira Sacra. La inclinación para conseguir la denominación de origen Ribeira Sacra debe ser superior al 20% y he leído que hay una bodega con laderas a más del 80% de inclinación. Viticultura heroica lo llaman y desde aquí entendimos por qué:
Volvimos a bajar otro km por si encontrábamos la desviación para el mirador del Duque y vimos una entrada a una bodega en cuya publicidad había una foto del columpio, aparcamos junto a la carretera y subimos andando (no se podía en coche) y ya vimos a un grupo que estaba llegando al columpio, era parte de la visita a la bodega (en la foto anterior, la bodega es la casita que se ve por encima de la carretera y el columpio está más arriba). Nosotros estuvimos un rato viendo los viñedos y cómo su colorido influía en el color de las aguas del río:
Desde allí y entre los viñedos vimos como han "modernizado" el tema del transporte de las uvas en la época de la vendimia. Se trata de un sistema de carriles que utilizan para bajar las cajas de uvas hasta un lugar más accesible reduciendo un poco el esfuerzo físico:
Nuestra siguiente parada en el Mirador de Santiorxo, a unos 11 km. Se llega a una explanada entre pinos, con una pasarela de madera y este banco, otro de mis favoritos en el mundo (seguro que a mi hermana también le gusta):
Subimos por un sendero a un lado y ya encontramos el mirador que yo había visto en fotos, una estructura de madera, cuadrada y moderna, con un mapa en el suelo que indica lo que tienes ante tu vista (además del río, claro):
Al otro lado del río, cuando la ligera niebla nos lo permitía, podíamos ver el Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil:
Siguiente destino: Mirador de A Cividade, con vistas a otro cañón del Sil, en frente, más o menos, del mirador de Vilouxe:
El último tramo se hace por un pasillo enmarcado por grandes rocas, llegando a una plataforma de diseño. Debajo, una ladera prácticamente vertical (precisamente aquí está la plantación de vides que os conté que están en una ladera con más del 80% de inclinación 😳, por lo que las uvas hay que sacarlas en barca 😲) :
En nuestra lista llevábamos otro nombre, el mirador de Boiquiriño, al que se podía acceder desde este de Cividade, pero vimos que la pista estaba en muy mal estado, así que decidimos no ir (también se puede salir a un pueblo más afuera y entrar al mirador).
Bueno, el caso es que ya decidimos irnos a Chantada, donde teníamos reservado un pequeño apartamento (más barato que un hotel), para pasar la noche. Tuvimos un problema para encontrar la carretera principal en dirección a Chantada, porque no funcionaban los GPS's ni del coche ni de nuestros móviles. Al final preguntamos y ya salimos, pero al final llegamos de noche.
Contactamos con el dueño que a la llegada ya nos esperaba, vimos el apartamento (nuevo, precioso, en el centro 👌) y salimos a cenar, de maravilla, como siempre en Galicia:
Nos dimos una vuelta y nos fuimos al apartamento, una ducha y a dormir, que nos quedaba un día con muchas sorpresas y emociones!!!
Como siempre, dejo por aquí un mapa con el recorrido de ese día, siempre aproximado y con intención orientativa:
ENLACES A LOS OTROS POST DE LA RIBEIRA SACRA:
No hay comentarios:
Publicar un comentario