Como os decía 'ayer', en este viaje de 4 días por tierras gallegas, concretamente por la Ribeira Sacra, el tercero, sábado, llegamos a Chantada, otro de los pueblos importantes, junto a Monforte de Lemos, donde íbamos a pernoctar esa noche. Al día siguiente, nos levantamos, salimos a desayunar y dimos una vuelta por el casco antiguo, por la plaza de España, donde se sitúa la iglesia parroquial de Santa Mariña (un poco descolocada para mi gusto😳, ya han construido otra justo detrás) y la Casona de Lemos, ahora Casa de la Cultura, la más antigua de Chantada, con sus peculiares columnas:
No podíamos estarnos mucho porque teníamos contratada una excursión en barca por el Miño y teníamos que ir al embarcadero de Belesar, a menos de 10 km (cerca, pero en estas tierras nunca sabes el tiempo que te va a llevar).
Cuando nos planteamos visitar una bodega, pensamos que no queríamos ver una grande, que para eso ya conocíamos varias en la Rioja, así que decidimos contratar la experiencia con Sacra Activa que, además, incluía la excursión fluvial por el Miño en catamarán, y creo que fue un acierto total.
Como llegamos con tiempo, después de aparcar y controlar dónde estaba el embarcadero, nos acercamos al puente de Belesar que, sobre las tranquilas aguas del Miño, nos ofreció su mejor reflejo:
A la hora, me parece que a las 11, embarcamos 10 o 12 personas en una lancha, que ellos llaman catamarán, y empezó la fiesta del color aguas abajo.
Aunque la barquita era pequeña, su patrón, Lucas, es grande como guía, nos dio mucha información de la zona, de los cultivos de los distintos viñedos, de cómo se han ido recuperando los bancales (harto complicado a veces😓) y de las historias que hay detrás:
Donde había algo que ver, o alguna anécdota reseñable, parábamos y la compartía con nosotros. También nos hizo algunas recomendaciones muy interesantes:
Si en aquella casa, había veraneado algún conocido, también nos lo contaba😉:
Pasamos por debajo del puente de Portotide:
Como protectores y guardianes del tan valioso agua, no siempre estaban los viñedos, también los montes cumplían con su función:
Esos montes que, a veces, parecían cerrar el paso a esas codiciadas aguas:
Llegamos y sobrepasamos la Playa Fluvial de A Cova, donde más tarde comeríamos:
Y así, después de una muy agradable travesía, con un capitán apasionado y muy amable, conocedor de la problemática de la zona, enamorado y respetuoso con el entorno (no en vano ha nacido, crecido y desarrollado su vida familiar y laboral allí), volvimos hasta el puente de Portotide para desembarcar junto a su bodega, la Bodega Ecosacra:
La bodega está emplazada en un sitio muy coqueto, muy cerca del río, con un bonito mirador hacia el mismo:
Ya en la bodega, nos contaría la historia de la misma, una empresa familiar en la que la sostenibilidad juega un papel primordial:
~Restauraron la bodega reutilizando materiales de otra bodega.
~Tienen la primera barca de la Ribeira Sacra con motor parcialmente eléctrico.
~Dependiendo de la temporada y de lo contratado, a sus clientes les ofrecen frutas y verduras de su huerta, miel de sus abejas,...
Es un lugar donde se respira paz.
En frente, sus propios viñedos:
Nosotros teníamos contratado una cata de 2 vinos que Lucas nos ofreció con varios tipos de quesos y empanadas. Mientras lo preparaba todo, fuimos abriendo boca😉:
La bodega está semienterrada, siendo parte de sus paredes roca de la montaña, muy apropiado para una óptima conservación del vino. La vinificación no se hace allí (se hace en su casa familiar), por lo que no vimos cubas, pero sí que tienen una enorme (siempre de madera) transformada en tienda, donde almacenan las botellas por si después de la cata alguien quiere comprar (todos compramos, que los caldos estaban bien buenos😋):
Volvimos a embarcar y Lucas nos llevó hasta Belesar de nuevo, donde cogimos el coche y nos dirigimos a la playa fluvial de A Cova, a casi 8 km. Como ya eran casi las 2 de la tarde, llamé para reservar mesa y menos mal, si no, no comemos allí. Como siempre, muy bien:
El entorno... pues como para pasar la tarde sentada en aquel banco, respirando y leyendo, sin más...:
Y desde allí, caminito para casa, casi 500 km, sin poder resistirme a la tentación de un último vistazo desde un punto cualquiera, con el único requisito de poder parar sin molestar a nadie, apearme del coche y...:
Un espectacular fin de semana largo, insuficiente para quien como yo le hubiera gustado ver cada mirador, cada monasterio, cada pueblo perdido, recorrido cada sendero... Pero también creo que vimos lo suficiente para hacernos una idea de lo que abarca la Ribeira Sacra y de que habíamos planificado muy bien el viaje, ya que vimos casi todo lo que teníamos previsto, que no parecía fácil.
En cuanto a la comida, en Galicia siempre está garantizada, al menos en lo que yo conozco. En esta ocasión, a mediodía casi siempre nos hemos decantado por menús del día, comida gallega, y por la noche, ya con más calma, nos hemos comido pulpo de todas las maneras posibles, zamburiñas, pimientos de padrón,..., todo delicioso.
Algún día volveremos, eso sí, siempre fuera de temporada alta, que las carreteras ribeirensas son complicadas.
Como siempre, y aunque esta vez es muy sencillo, pocas paradas, comparto el mapa orientativo del recorrido de ese día con la indicación del punto aproximado hasta el que llegamos en el catamarán:
Y, también como siempre, los enlaces a los demás días de este finde por tierras gallegas:
Bueno, ahora que ya mi señora terminó este último reportaje. Puedo decir que por fin conseguí conocer la zona de la Ribera Sagra. Gracias Mari Mar por lo bien organizado y aprovechado. Esta parte de Galicia, sigue teniendo la magia intacta. Espectacular el paisaje , los miradores, las cascadas, los castaños increíbles. Las fotos de Mar no le hacen toda la justicia. Muchas gracias por el finde. Volveremos!!!!
ResponderEliminar