11/05/2016

TARTA RED VELVET


Desde que probé esta tarta, aconsejada por mi hija, no he cesado en mi empeño por buscar una receta que me gustara. Pues este es el resultado. Quizás no es demasiado roja, más bien es granate, pero eso es cuestión del colorante, no sé si la cantidad o la calidad, pero pienso que no es demasiado importante. 


Ingredientes:

  • 240 gr. de harina de trigo.
  • 2 cucharadas soperas (30 gr.) de cacao en polvo sin azúcar.
  • 1 cucharadita de levadura en polvo.
  • 1 cucharadita de bicarbonato de sodio.
  • 1 cucharadita de sal.
  • 400 gr. de azúcar.
  • 240 ml. de aceite de girasol.
  • 2 huevos.
  • 6 ml. de colorante alimentario de color rojo en gel (opcional, para darle el color rojo).
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla.
  • 240 ml. de buttermilk (tranquil@s, que es muy fácil de hacer)*.
  • 120 ml. de café solo caliente.
  • 1 cucharadita de vinagre blanco o de manzana.
  • Cobertura de queso (cream cheese frosting)*
* Ingredientes para la buttermilk:
La buttermilk es una leche con un alto porcentaje de acidez que la hace fermentar, adquiriendo un sabor a leche agria. El aspecto es como de leche cortada. Curiosamente no tiene mantequilla, como podríamos pensar por el nombre. Se puede comprar hecha (no es muy habitual) pero nosotros lo podemos hacer de dos formas muy sencillas:
  1. En un vaso ponemos 1 cucharada y media de zumo de limón o de vinagre blanco y llenamos el vaso con leche (entera, semi o desnatada, o de soja, cualquier leche), hasta obtener unos 240 ml. de líquido y lo dejamos sin mover durante 10 minutos. A mí me quedó mejor con limón. 
O bien,
   2. Mezclar 1/4 de vaso de leche y 3/4 de vaso de yogur natural.
Yo he hecho sólo la primera opción y queda perfecto.

*Ingredientes para la cobertura de queso:
  • 250 gr. de queso tipo Philadelphia.
  • 60 gr. de mantequilla sin sal.
  • 400 gr. de azúcar glass.
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla.
En un bol ponemos los ingredientes en polvo: harina, cacao, levadura, bicarbonato y sal, mezclando hasta que quede uniforme.
En otro bol mezclamos el azúcar y el aceite, lo batimos, incorporamos los huevos, el colorante, la vainilla y la buttermilk (detalle de la textura de la buttermilk en la foto):

Incorporamos el café y el vinagre. Lo movemos con unas varillas hasta que quede todo integrado. Tendremos dos boles: uno con lo seco y otro con lo líquido:

Ahora vamos echando lo líquido a los polvos poco a poco, moviéndolo bien, pero sólo lo imprescindible hasta que quede todo bien mezclado.

Ahora podemos hacerlo en dos moldes o (como hice yo) en uno sólo para partirle después por la mitad, para hacer dos capas. En cualquier caso el o los moldes deben estar engrasados y enharinados (yo cojo un trozo de mantequilla y con la mano lo paso bien por el molde, base y laterales, y después espolvoreo con harina). Vertemos la mezcla:
Lo metemos al horno precalentado a 180º C, en el centro y con calor arriba y abajo, durante unos 60 minutos o hasta que, metiendo un palillo en el centro, este salga limpio.
Esperamos a que se enfríe para poder tocar el molde y desmoldarlo y lo dejamos que se acabe de enfriar. 



Quien lo haya hecho en un solo molde lo partirá en dos (yo tengo un "aparato" para partirlas de lo más práctico y queda perfecto. Si no, con un cuchillo de sierra y con cuidado para que quede igualado.



Lo que también hago es poner dos palillos, uno encima del otro, antes de cortarlo, para después de rellenar volver a poner uno sobre otro, en la postura correcta:



Mientras se enfría voy haciendo el frosting o cobertura:

Mezclo el queso, la mantequilla y el extracto de vainilla y voy incorporando el azúcar glass poco a poco.










Me quedará una crema espesita.










Sobre la mitad de abajo de la tarta ponemos crema de queso (yo me he quedado siempre un poco corta con la crema que pongo en esta capa por miedo a que no me alcanzara para después cubrirla, pero da de sobra).




Ponemos la otra mitad encima, haciendo coincidir los palillos, y lo napamos con la crema restante, por encima y los laterales. Lo adornamos al gusto. Yo lo dejé sin nada y al ver las fotos me ha parecido que estaba un poco sosa, tan blanca, así que me he permitido la licencia de poner esas figuritas con el ordenador.

Así que...A COMER!!!!
El resultado es muy bueno y tiene muy buena presencia, quizás un poco fina la capa de crema de queso del centro, pero eso sólo a la vista, porque en la boca no se nota, jajaja. Probadla y me contáis!!!

26/04/2016

ENSALADAS VARIAS I

Bueno, pues vamos con un especial ensaladas, para hacer frente a los calores que, sin duda, llegarán (aunque yo las hago durante todo el año). Empecé a hacerles fotos a algunas de mis ensaladas acordándome de Ana, que en una ocasión me dijo, con una de mis recetas más contundentes, que así no llegábamos al verano. Así que ahí van 4 de ellas. Mi intención es daros alguna idea y que, como me pasó a mí en algún momento, penséis que podemos hacer ensaladas con casi cualquier cosa, que se pueden presentar de mil y una formas y que podemos aliñarlas de la manera más variopinta. Aquí, aquí, aquí y aquí podéis ver otras recopilaciones.
Esta primera es de lechuga (la base), pechuga de pollo, tomate, cebolla, nueces, huevo cocido y aguacate. Todo ello cortado en pequeño. Puse los ingredientes en lineas y lo presenté de forma individual. Aliñada con vinagreta de aceite (siempre de oliva virgen), vinagre y sal y un chorrito extra de vinagre balsámico de Módena:
Esta otra, más veraniega, lleva lechuga, naranja, fresas, tomate y pulpo. Aliñada con salsa de yogur ( yogur natural, aceite, zumo de limón y sal). Esta vez la hice de forma conjunta para los tres y la adorné con una fresa cortada en vertical sin llegar al final y abriéndola un poco: 
La tercera que os propongo la hice por San Valentín, aunque los corazones están bien cualquier día, ¿no creéis?. Puse hojas de lechuga pequeñas pero enteras, entre ellas metí jamón ibérico, tomate en rodajas finas, queso fresco y jamón york que había comprado en lonchas gordas y que después hice corazones y el resto lo piqué en pequeño (como el queso). Lo aliñé con una vinagreta de aceite, vinagre de módena, miel y sal. La preparé para cada uno en su plato:
Finalmente, en esta última, que preparé en una fuente para todos, puse lechuga, palitos de surimi, tomate, huevo cocido, pechuga de pollo y pimiento del piquillo y lo presenté como en redondo. Hice la foto sin aliño para que cada uno ponga la que quiera. No recuerdo la que puse yo ese día, pero si la tuviera que hacer ahora mismo haría una salsa rosa aunque también le irá bien una sencilla de aceite, vinagre y sal (la más light), o con un punto dulce, añadiendo miel, o simplemente con mayonesa:
 Haciendo esta recopilación me he dado cuenta de que en todas he puesto lechuga y tomate. Para mí son básicos, sobre todo la lechuga, y, a pesar de que ahora se lleva mucho lo de las mezclas de varias lechugas o tipos de brotes, a mí me gusta más la lechuga de toda la vida, la normal, la fresca. Y también me doy cuenta de que, incluso poniendo los mismos ingredientes, puedes hacer ensaladas muy diferentes según cómo los cortes, cómo los dispongas en el plato o cómo lo aliñes. La presentación es muy importante, ¿no os parece? 
En cuanto al aliño, yo pongo los ingredientes en un bol con tapa y si son líquidos, lo tapo y lo muevo bien para que emulsione y si son más sólidos, tipo mayonesa, lo bato bien con un tenedor o varillas, hasta que se mezclen.
Espero que os gusten y me digáis cuál es vuestra ensalada favorita, la que más hacéis en casa.

22/04/2016

SENDA LITORAL lll: VIRGEN DEL MAR- LA ARNÍA


Semana Santa del 2016. Los pronósticos del tiempo aquí, en Cantabria, apuntaban al mal tiempo, como siempre. Y como casi siempre se confundieron. El Jueves Santo hicimos otro tramo del litoral cántabro, en un día precioso: cielo azul, temperatura buenísima, ...
Comenzamos en el mismo sitio que la excursión anterior, en Virgen del Mar (lo podeis recordar pinchando aquí), pero en distinta dirección.
Lo primero tomamos nuestro tentempié en la taberna que hay junto al aparcamiento (mi hija dice que eso de empezar a tomar cosas antes de empezar no lo entiende muy bien, pero si coincide que siempre solemos empezar a esa hora, qué culpa tengo yo...). Después entramos en la ermita del siglo XII con su Virgen del Mar en el altar mayor y evocaciones a diversas situaciones marítimas:
La ermita respira mar por fuera y por dentro:
Nos fuimos esta vez en sentido contrario a la vez anterior, hacia Liencres, o sea, mirando el mar, hacia la izquierda. Tras un paseo por el borde del mar, por caminos bien marcados (por tanta gente que tiene la suerte de poder pasear por aquí), llegamos a la playa de San Juan de la Canal, en el municipio de Santa Cruz de Bezana, en Soto de la Marina. De esta playa siempre he oído contar a mi madre que cuando era una chavala estuvo allí una temporada en casa de una prima, y lo bien que se lo pasaban. Hace un par de años, la llevé y no recordaba nada. Era el principio del fin. 
Bueno, las vistas desde esta perspectiva, como al revés, de las olas, que ese día eran bastante fuertes, eran maravillosas:
Para continuar teníamos que cruzar el canal (de ahí el nombre del pueblo) que se forma antes de que el arroyo Otero desemboque en el mar: 
Atravesamos un parque que hay junto a la playa con un mirador hacia el mar y nos dirigimos hacia un alto, por detrás de unas casas, sabiendo que el mar estaba al otro lado. Subimos por un prado, campo a través. Desde allí, lo que llaman la Punta de San Juan de la Canal, veíamos la isla donde está ubicada la ermita de la Virgen del Mar, el camino recorrido y, al fondo, el faro de Cabo Mayor, en Santander:
 Continuando la ruta atravesamos una zona de escajos pero con un senderito bien definido, que nos llevaría a la cala de Covachos:
Por unas escaleras se puede bajar hasta esta preciosa cala. Originalmente era un valle fluvial por donde discurría el pequeño arroyo del que ahora vemos una pequeña cascada. En frente tiene la llamada isla del Castro. Esta isla se ve rodeada por las olas en las dos direcciones y al chocar entre sí, van depositando arena formando un tómbolo o lengua sedimentaria que, con marea baja, une el islote con la costa. Hay que tener cuidado con las mareas, que yo ya sé de alguien que tuvo que volver a nado. Antes de bajar hasta la arena, hay una especie de sendero hecho en la propia roca que nos da una idea de la fuerza con la que el mar puede azotar la zona: 
 Ese día no pudimos llegar hasta la arena porque el agua había deshecho el último tramo de la "escalera":
 Esta vista de la cala es ..., y si, además está mi niña, ... sin palabras:
 Volvimos a subir por las escaleras y seguimos nuestra andadura por el borde de arriba que se ve en la foto anterior para tener otra perspectiva de la cala, con la cascada y el sendero entre los escajos:
En esta foto, en la que me he permitido una pequeña licencia, se puede ver como las olas rodean al islote en las dos direcciones. Con la marea más baja se aprecia mejor:
Continuamos hasta la playa de la Arnía, donde las enormes lastras y farallones nos cuentan cómo los estratos calizos sedimentados en el fondo del mar hace 90 millones de años, han emergido por el empuje del continente contra la placa tectónica del Cantábrico y cómo la diferencia entre calizas y margas, que se agrietan o se deshojan, dan lugar a este aspecto tan espectacular a lo largo de nuestra costa quebrada: 
Aquí decidimos bajar a comer, por un pedregal que en verano está más cubierto de arena, pero bueno, es una playa con una bajada empinada, quizás no demasiado cómoda, pero merece la pena por lo natural y salvaje que es:
Ver el mar desde estas rocas, que apuntan hacia delante, sin miedo, me hacen sentir su osadía:
 Hacia el otro lado, la erosión se produce de otra forma, aquí se ven más margas:
 Viendo la costa desde otra distancia, pienso que la naturaleza, en su sabiduría, ha formado una zona de descanso donde guarecerse los peces pequeños y darse un respiro:
 Pero no hay un momento de descanso para nuestra vista. Otra forma erosionada y abrupta, como si fuera el muro de un castillo:
 Con su ventana:
 Se trata de otro gran farallón, perfectamente alineado con otros de más allá, los de la playa de Arnía:
 Siguiendo nuestra ruta, sin dejar de maravillarnos, vimos un enorme agujero, al mismo borde del acantilado, pudiendo oír el ruido del mar por debajo de nuestros pies, a la vuelta veríamos de qué se trataba:
Y continuamos un poco más allá. Primero dijimos que íbamos hasta Arnía, después que un poco más allá, yo no me quería volver, la verdad, es que todo esto me gusta tanto... y, además, siempre tengo la impresión de que justo un par de pasos más y el espectáculo será aún más alucinante. Y suelo tener razón. Al final llegamos hasta los famosos urros de Liencres, unos islotes o promontorios rocosos con una especial alineación y dejando estrechos canales entre ellos y la costa o entre ellos mismos:

Entre los más fotografiados supongo que estarán estos, creo que se llaman Manzano, que forman un pequeño puente en equilibrio inestable:
La gran belleza de los urros, justo antes de llegar a la playa del Portío, invitan a pasar un buen rato como la chica que se ve en la foto: sentada y yo, además, con un buen libro entre manos:
Y justo a la izquierda de la chica, este entrante, de singular belleza (una pena que las múltiples urbanizaciones de la zona resten al entorno un poco de esa belleza natural):
Como decía antes, al volver, pasamos por el otro lado del hoyo en el que oíamos el ruido del mar. Se trata de un gran embudo donde el agua ha ido erosionando las capas de margas por ser más blandas que lo demás, formando primero un agujero por el que pasa el agua y después se ha ido hundiendo en un proceso de erosión bastante rápido. Hay, por lo menos, otro embudo un poco más adelante. No pude dejar de pensar en que en cualquier momento se podía hundir todo aquello por donde pisábamos. Mi nombre ya está caído por aquí y por allá en la foto (¿lo visteis?):
De vuelta, subiendo pequeños montículos arenosos:
Observando la bravura del mar en San Juan de la Canal, esta vez sin necesidad de bajar campo a través, sino bajando por el camino:
Una vez pasado el puente del canal y con la luz del atardecer, el paisaje parecía distinto:
Ahora la marea estaba más alta y el mar no se cansaba de atacar a las rocas una y otra vez, para conseguir esas formas, esos perfiles:
Cerca ya de nuestro punto de inicio, junto a la ermita:
Pero todavía pudimos ver cosas nuevas. Esta hendidura nos pasó desapercibida a la ida, ya que empezamos por más adentro, no tan pegados a la costa. A la vuelta pasamos por la Punta del Sol:
En resumen, pasamos un día de Jueves Santo muy agradable, en un lugar espectacular y con un tiempo magnífico. Hacía muchos años que no estábamos en nuestra tierra en esos días de Semana Santa y aunque hubiera preferido haber podido ir a algún lado (que lo de aquí lo puedo ver cualquier otro fin de semana), también estuvimos muy a gusto. Os animo a todos a andar un poco por cualquiera de estas rutas (esta o esta), no tienen ninguna dificultad y merece la pena.
Os dejo el mapa de la ruta. Nos salieron casi 12 km, ida y vuelta: