17/09/2020

POTES (LIÉBANA) Y MIRADORES

Y llegó agosto, tiempo de vacaciones. Ya hacía meses que teníamos claro que si este año podíamos ir a algún sitio, sería dentro de España (teníamos pensado ir a Italia, precisamente a Lombardía, el primer foco de coronavirus en Europa, pero eso enseguida quedó descartado). Fuimos afinando más hasta llegar a la conclusión de que nos quedaríamos en la comunidad o, como mucho, en sus limítrofes. Y claro, la mejor opción, sin duda, era la montaña y la zona de Liébana estaba en la posición más aventajada. Después declararon a Potes como Capital del Turismo Rural este 2020 y tuvimos la duda por si había mucha gente, pero pensamos que como el hotel que reservamos estaba a 1 km. del centro y hay montañas para absorber a muchos turistas, pues allá que nos fuimos. Evitamos, eso sí, los fines de semana. Fuimos de lunes a viernes, con idea de desconectar, descansar y rutear. Y eso hicimos. Bueno, descansar no tanto, que dice mi marido que le maté 😂.
Como hago siempre, ya llevé mis cosas preparadas y el lunes, el día que fuimos, este fue el plan:
Lo primero subimos al mirador de Santa Catalina. El desvío está en el pueblo de la Hermida, a la izquierda. Ya habíamos subido andando, desde el Desfiladero de la Hermida, pero no nos importó volver, esta vez en el coche. 
Desde allí, vistas hacia la subida en zig-zag a Tresviso:
 
También se tiene una espectacular panorámica del desfiladero de la Hermida:
Y de la ruta que habíamos hecho andando, pasando por el pueblo de Cicera (señalado con la flechita).
Aunque hay una pista que llega hasta el mismo mirador, poca gente sube hasta allí (yo, si se puede, recomiendo hacerlo andando, que es una ruta muy bonita) y por eso los árboles están así de tapizados, muestra evidente de la gran calidad del aire:
Nos volvimos a bajar al desfiladero de la Hermida (N-621) y unos metros antes estaba la desviación a la localidad de Bejes, que queríamos visitar para comprar el famoso queso picón Bejes-Tresviso, con denominación de origen.
Bejes está situado en una suave y verde loma y la iglesia de Santa María en su parte baja:

Después de pasear por el pueblo y de comprar el queso (que según los que lo han comido está espectacular) nos volvimos al desfiladero. Nuestra siguiente parada estaba muy cerca, un poco más arriba, justo debajo del puente de acceso al Balneario de la Hermida:
Son unas pozas termales naturales con un agua calentita y allí que nos metimos, con las medidas de distancia y seguridad que estos tiempos requieren, claro (los de las fotos no somos nosotros, y estuvimos esperando hasta que estuvimos solos) 
Después de un buen rato allí, con una sensación de total relajación, volvimos al coche y continuamos en dirección a Potes hasta nuestra siguiente parada: la iglesia de Santa María de Lebeña, a menos de 1 km desviado de la carretera. 
Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura prerrománica de España, de estilo mozárabe, declarada Monumento Nacional en 1893. Existe un documento de 925 en el que ya se habla de esta construcción, con leyenda incluida (se dice que los condes de Liébana lo mandaron construir para que los restos de Santo Toribio descansaran allí. Se quedaron ciegos y no recuperaron la vista hasta que no volvieron los restos al monasterio😏...) La torre del campanario se construyó mucho más tarde, en el S. XIX. El conjunto, a mí, que no entiendo de su valor arquitectónico, me encanta por su juego de volúmenes:
Comimos sobre la marcha y nos fuimos a tomar posesión de nuestros aposentos. Más tarde subimos al monasterio de Santo Toribio y desde allí intentamos hacer la ruta de las ermitas que sale desde la campa del monasterio. Pero eso será otra historia... 
Cenamos en el hotel: reservamos media pensión con cena, pensamos que la comida la haríamos donde nos pillara, evitando aglomeraciones de restaurantes (de hecho creo que comimos bocadillo en medio de la nada todos los días) y las cenas en el hotel fueron muy tranquilas, con todas las medidas de seguridad.
Nos retiramos pronto a dormir, que había sido un día movidito...
Al día siguiente hicimos una preciosa excursión a la ermita Virgen de Valmayor, Porcieda y Tudes, que también os contaré próximamente.
Por la tarde, y ya en coche, intentamos llegar a la ermita de San Tirso, cerca del hotel, pero las pistas no parecían muy transitables y con lo que habíamos caminado por la mañana ya no nos decidimos a ir andando, así que nos quedó pendiente.
Nos dirigimos entonces al Mirador de Liébana, en Cahecho, con amplias vistas de los picos y los valles. Cuando llegamos, después de un maravilloso, soleado y caluroso día, se nubló y se puso como de tormenta...:
Y con esa luz y ese ambiente tormentoso se produjo un hecho extraño, que a decir de los del pueblo, pocas veces se produce: ver el puerto de San Glorio con total nitidez primero (se veía perfectamente la carretera de subida) para pasar a verse de esta forma:

Desde allí nos acercamos a la iglesia de Santa María de Piasca, en el mismo municipio de Cabezón de Liébana, un claro ejemplo del arte románico cántabro, con sus grandes contrafuertes y su monumental espadaña (el campanario para entendernos), declarada Monumento Nacional en 1930:

Pero lo que más me llamó la atención fue la portada principal, con arquivoltas (las molduras de los arcos) muy labrados y ricos en iconografías y sobre ellas una pequeña galería con 3 arcos ciegos y con figuras que representan a San Pedro con su llave, la Virgen con el Niño y San Pablo con un libro en el que se puede leer Paulus, conservado de la fachada primitiva:

Al día siguiente, miércoles, el plan era subir al San Glorio, en coche, claro, en busca de otro par de miradores, pero buscando, buscando, leí algo de otro mirador que nos cogía de paso, desviándonos un poco. Se trata del mirador de Peñallana donde está la vía ferrata Socastillo con un puente tibetano de 50 m. (en la foto se ve en la parte de abajo) con una caída de 70 m. y que me hubiera encantado cruzar 😅. No entiendo nada de vías de este tipo, pero sólo por el paisaje tiene que merecer la pena:

Lo que no llegué a entender fue el nombre del mirador: ¿Peñallana? 😳😂:
Retomamos el camino hacia el puerto de San Glorio, uno de los más altos de la Cordillera Cantábrica, unión entre León y Cantabria, con 1609 m. de altura en su parte más alta. Cerca del alto nos encontramos con el mirador del Corzo desde donde se divisa una amplia panorámica del Valle de Cereceda y Peña Sagra, Sierra del Cordel y Peña Labra al fondo (y en algún punto el mirador de Liébana):
Ya en el alto y desviándonos hacia otro de los miradores, el de Llesba, esta paz, quien diría que 3 km. más abajo el viento casi nos volaba...:

Como decía, desde el alto del puerto hay una desviación al collado de Llesba donde está el conocido como mirador del Oso, al que se puede subir andando o en coche:

Las vistas espectaculares, muy diferentes según la zona a la que dirijas la vista: muy verde en la parte más próxima, con el Pico Coriscao (ruta que hicimos hace muchos años) a tiro de piedra, en la foto, justo debajo de la nube más alta:

Muy rocoso mirando hacia el norte. Alcanzamos a ver el Cable, en lo alto de Fuente Dé. Para confirmar que era lo que pensábamos, con mi super zoom hice esta foto con el teleférico llegando al Cable:
Continuamos por la N-621 hacia la parte leonesa, una bajada mucho más suave que por la parte cántabra, hasta llegar a Riaño, pueblo famoso por la traumática construcción en los `80 de un embalse que dejó sumergido al antiguo Riaño (y a otros 8 pueblos), con ocupación militar incluida. Yo he estado allí varias veces y me encanta el paisaje que rodea al embalse, aunque siempre me da una sensación rara pensar en las historias que habrá tapado el agua...:
Además del paisaje y varias rutas que se pueden hacer desde allí, en el nuevo Riaño hay algunas cosas que se conservan de los pueblos anegados, a modo de homenaje, como esta iglesia de Nuestra Señora del Rosario, procedente de La Puerta:
 O este hórreo de estilo asturleonés, que procedente de Salio, fue trasladado al nuevo Riaño (salvaron 2 de los 80 que había en la zona): 

Este monumento (campanario) es ya más vanguardista, construido para albergar a las antiguas campanas de la iglesia de Riaño y de otras localidades afectadas, en recuerdo del "sacrificio generoso de los hijos del valle en beneficio de todos". Se llama el Silencio de las Campanas:
El paisaje actual es precioso:
Y allí, junto a todo ese conjunto monumental en recuerdo de esa difícil etapa, cerca del viaducto, no podía faltar otro de los bancos con mejores vistas, en el mapa viene como `el banco más bonito de León´:
Bueno, este es el relato de nuestro paso por Liébana y alrededores buscando miradores que, aunque los hay específicos, casi cualquier punto en el que te plantes y pasees tu vista por alrededor te das cuenta que todos podrían tener categoría de mirador. 

Resumen de los puntos visitados:
  • Mirador de Santa Catalina.
  • Bejes.
  • Pozas termales.
  • Iglesia de Santa María de Lebeña.
  • Mirador de Liébana.
  • Iglesia de Santa María de Piasca.
  • Mirador de Peñallana (Ferrata Socastillo).
  • Mirador del San Glorio ( del corzo).
  • Mirador de Llesba ( del oso).
  • Riaño
Por si quieres echar un vistazo a las excursiones que hicimos en esos días por Liébana:

05/08/2020

TARTA DE 3 QUESOS


A lo largo del tiempo he hecho varias tartas de queso y todas me han gustado (cosa curiosa, porque el queso no me gusta, pero las tartas que llevan este ingrediente me encantan). He hecho algunas horneadas y otras refrigeradas, algunas tipo bizcocho y todas con diferentes texturas (al final pongo los enlaces a todas ellas). Pero quizás esta sea la que más nos ha gustado y, sin duda, la más fácil de hacer. De hecho, la he repetido creo que en las 3 últimas ocasiones que he hecho tarta, por algo será. A ver que os parece.


Ingredientes:

  • 200 gr. de Philadelphia
  • 75 gr. de queso de Burgos
  • 3 quesitos (tipo "la vaca que ríe")
  • 500 ml. de nata de cocinar
  • 1 yogur griego y azucarado
  • 3 huevos
  • 5 cucharadas de azúcar
  • 2 cucharadas de maizena (harina de maíz)
  • Base de la tarta:
  • 300 gr. de galletas (yo tipo Digestive, pero pueden ser tipo María)
  • 100 gr. de mantequilla
Cobertura:
Mermelada de fresa (yo la hice con 1/2 kg. de fresas, agua y un poco de azúcar pero también vale de frasco) .
1.- Lo primero hice la mermelada: Lavé y partí las fresas y las puse en un cazo con la mitad de agua (unos 250 ml.) y un par de cucharadas de azúcar:
2.- Lo dejé cocer despacio, cuidando de que no se pegara, hasta que tuvo la textura adecuada, teniendo en cuenta que al enfriar espesa bastante:
3.- Después hice la base: trituré las galletas, las mezclé con la mantequilla en punto pomada, cubrí el molde de 26 cm., lo aplasté bien con la parte de atrás de una cuchara, subiendo un poco por el borde y lo metí al horno que ya estaba precalentándose a 180º C.

4.- Y ahora vamos con la tarta, tan sencillo como mezclar todos los ingredientes, nata, quesos, yogur, azúcar, maizena y huevos, con la batidora o a mano, hasta que tengamos una crema homogénea:
5.- Lo vertemos sobre la galleta del molde, poniendo una cuchara del revés a medio camino para que no caiga de golpe:
6.- En el horno precalentado a 180º C lo tuve 50 minutos (el tiempo siempre digo que depende del horno), teniendo cuidado a partir de los 45 minutos. Hay que pincharlo con un palillo (o con un cuchillo) y ver que salga limpio, y tiene que estar doradita. A media cocción aproximadamente se sube, pero después vuelve a bajar:
7.- Se saca, se deja enfriar un poco antes de desmoldarlo y cuando esté completamente frío ya se puede poner la cobertura de fresa.
Yo siempre hago estas cosas la noche anterior.

8.- Solo queda hacer una cosa, disfrutarlo y si es en compañía, mejor:

Como había dicho, y para que lo tengáis más a mano, estos son los enlaces a otras tartas o bizcochos que he publicado y cuyo ingrediente principal es el queso:

16/07/2020

NOJA Y EL MONTE MIJEDO

 Aprovechando uno de estos días preciosos del verano, la semana pasada hicimos una excursión por el monte que bordea una parte de la costa de Noja, sobre la playa de Trengandín en el barrio de Helgueras. Mi cuñado lo tiene muy pateado así que lo tuvimos muy fácil.
Aparcamos junto al campo de fútbol y nos fuimos andando en dirección al Molino de las Aves en la marisma Victoria:
La marisma Victoria forma parte del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, principal zona húmeda de la cornisa cantábrica.
Además de abundante fauna marina, es utilizado por aves migratorias procedentes del norte y centro del continente europeo en su desplazamiento hacia tierras más cálidas:
 
Caminamos por la calle Helgueras, bordeando la marisma, en un entorno privilegiado con la Villa de Noja al fondo:                                            
Llegamos a lo que llaman La Rota, donde nos adentramos en el monte. Comienza la ascensión. El bosque ha formado un túnel protector que nos distrae de la dureza de estos primeros metros:
La sombra que nos ofrece en un día como ese, es impagable:
Enseguida se abren algunas ventanas por las que asomarse para ver el humedal desde otra perspectiva:
Y donde parecía imposible, un claro se extendía rodeado de arbolado:
Aunque esta sierra de Mijedo está poblada por encinas costeras, una variedad adaptada a las circunstancias, también se ven algunos eucaliptos marcando el sendero:
Y así llegamos al primer mirador en el alto del Mijedo, con maravillosas vistas de la costa de Noja y de Isla al fondo:
El bosque nos ofrecía senderos bordeados de helechos, frondosos:
En otros momentos, muchos, el suelo está limpio de vegetación, si acaso una alfombra de hojas secas que, a veces, pueden resultar peligrosas porque resbalan:
Y, sobre todo en la parte más alta del monte, abundantes rocas calizas, que son las que, precisamente, han permitido que las encinas, más propias del clima mediterráneo, se hayan podido adaptar a un clima más lluvioso como es el nuestro, ya que esas rocas tan porosas absorben el exceso del agua (agua que al final va a parar a la marisma): 
Y son esas rocas, que a veces forman enormes paredes, las que hacen más atractivo el camino. Para llegar a las cimas había que subir agarrándose a ellas:
Llegamos a la cima del segundo monte, el Miravalles. Las vistas hacia nuestra izquierda son más o menos las mismas, ya que estamos recorriendo un macizo paralelo a la playa de Trengandin, pasando de una cima a otra:
Pero hacia la otra parte, hacia el este, ya empezamos a intuir las Marismas de Santoña:
Nos falta subir a la cumbre del Cueto (en la foto, en primer lugar. A su izquierda, pequeñita, la Punta del Brusco al final de la playa, justo donde acabaremos la ruta, y detrás la Punta del Águila en el Monte Buciero:
Y por delante nuestro, al norte, la inmensidad de un mar Cantábrico en el que un velero apenas parece un pajarillo (aunque en la foto, gracias a mi super-zoom 😀, parece grande...)
Seguimos la ruta. Bajamos otro collado antes de ascender a la última cima. Mi cuñado ya nos dijo que esta no tenía vistas, las encinas lo impiden ya que suben muy alto. Así todo subimos, esta es la cima, una roca. A su alrededor, las encinas vistas por encima:
Nos faltaba de bajar un último collado, un sendero típico en la mayor parte del terreno de esta parte de la sierra: limpia y seca en su base:
Y de pronto pasamos a otro tipo de bosque. Entramos en el Brusco, que creo que ya pertenece al municipio vecino de Argoños. Nunca un nombre me pareció tan acertado, porque el cambio fue realmente brusco. Pasamos de un bosque de "cabeza mojada y pies secos", cómodo de andar pese al desnivel que en algunos tramos es bastante pronunciado (tanto es así que hay un par de puntos con cuerdas para agarrarse y evitar sentar el culo 😅), pasamos, como decía, a otra zona de arbustos, espinos,..., mucho más peligroso para recorrerlo, había que andar con los brazos levantados para no pincharnos o arañarnos.
Del paisaje.... pues qué decir...: mirando hacia el oeste, hacia Noja, vemos la playa a los pies de las tres cimas que acabamos de recorrer: Cueto (en la foto, el más cercano), Miravalles y Mijedo (en la foto también se ve una cuarta cima, el Cincho, que no pertenece a este macizo, está en Isla y lo recorrimos hace tiempo como os conté aquí ):
Mirando hacia el sur podemos ver alguna urbanización de Argoños:
Y si nos volvemos hacia el este nos encontramos con esto: la playa de Berria, las Marismas de Santoña y el monte Buciero:
Detalle del Parque Natural de las Marismas de Santoña, localizadas en torno al estuario del río Asón, punto estratégico en la migración de aves procedentes de latitudes más al norte:
Detalle de la playa de Berria, muy ventosa y de oleaje moderado y donde, pese a la gran afluencia de gente, se mantienen las distancias sociales requeridas por la actual situación sanitaria. En la foto también se aprecia el recinto carcelario del Dueso:
Nosotros continuamos el sendero hacia la Punta del Brusco antes de comenzar el descenso hacia la playa de Trengandin:
Bajamos con precaución ya que hay muchas rocas puntiagudas. Por aquí se puede cruzar de la playa de Berria (Santoña) a esta de Trengandin, en Noja, llegando justo por la parte más oscura de la foto, por debajo del rayo de luz, en la zona donde están permitidos los perros:
Enseguida salimos de la playa para continuar por un camino asfaltado que pasa junto a estas ruinas de la ermita de San Nicolás:
Y cruzado el barrio de Helgueras, cerca ya del campo de fútbol, este puente medieval, por debajo del que transcurre el exceso de las aguas salobres de la marisma:
Estas aguas acaban en el mar, dividiendo la playa de Trengandin, habiendo ocasiones, cuando la marea está alta, en que apenas se puede cruzar de una parte a otra:                                                           
En resumen, lo hicimos en unas 3 horas y media, sin prisa, es una excursión fácil ya que la altura máxima que se alcanza son pocos más de 200 m., está marcado con cartelitos indicadores. También se puede subir desde Argoños, al sur de la sierra. Como digo es fácil, pero también muy sorprendente. Parece imposible, viendo lo cerrado que parece desde la playa, que haya algún camino que lo atraviese. Y muy agradable, por lo menos en días de calor, ya que había una sombra muy fresquita.

08/04/2020

CRISTIONES


Esta es una receta familiar, concretamente de la parte extremeña de la familia de mi marido y que hace poco ha llegado a mis manos (gracias Bea). Ellas lo llaman cristiones y yo, por lo que he visto en la red y sin estar segura, creo que son lo que en otros sitios llaman pestiños y que, como todas las recetas, en cada familia se le da un toque especial. Yo he adaptado la receta a mis necesidades, o sea, lo he hecho con la cuarta parte de los ingredientes que me pasaron en la receta y que era mucho para nosotros. A ver qué os parece.

Ingredientes:

  • 1/2 kg de harina 
  • 125 ml de aceite de oliva (medio vaso de agua)
  • 125 ml de vino rosado
  • 125 ml de agua
  • 125 gr de azúcar
  •     1 hoja de laurel
  •     2 clavos (yo no se los he puesto, no los tenía)
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato
1.- En un cazo ponemos el agua y la hoja de laurel (y los clavos) y se cuece 5 minutos:

 2.- En otro recipiente grande se pone el vino, el azúcar y el líquido del cocimiento anterior y se mueve:
 3.- Se añade el aceite, se bate, y se incorpora la harina de poco en poco y el bicarbonato. Yo lo he tamizado con un colador:
 4.- Al añadir la harina llega un momento en el que ya no puedes mezclar con las varillas (o una cuchara). Es el momento de meter mano a la masa. Amasar bien:
 5.- Dejé reposar una hora aproximadamente la bola de masa y me puse a dar forma: cogía un trozo de masa (como una croqueta pequeña), lo estiraba bien con el rodillo, lo más fino que se pueda, recortaba los bordes con un cuchillo (las sobras las volvía a la bola de masa) dejando un rectángulo de unos 8x12 cm y cruzaba 2 esquinas contrarias. Bueno, en la foto se ve más claro:
6.- Lo fui friendo en abundante y caliente aceite de oliva, observando varias cosas: algunos se desdoblaban y quedaban un poco gordas así que pregunté a mi marido que es el que los había comido (yo ni los había visto) y me dijo que los de su tía eran más finas, más grandes y más triscantes 😞, aunque de sabor estaban buenas. Esta fue la primera tanda:
7.- Así que las siguientes y con su beneplácito, las estiré hasta dejarlas como papel, no las recorté y las freí estiradas o un poco dobladas. En el aceite se inflan, haciéndose como capas huecas y ya me dijo que se parecían más, aunque, eso sí, las de su tía quedaban más claras. Es que no daba abasto a estirar masa, poner en la sartén, dar vuelta, sacar, espolvorear con azúcar,..., alguna se me paso un poco de fritura (pero quedaban bien triscantes 😅)
Este fue el resultado de la 2ª tanda, esperando la hora de la merienda y os puedo asegurar que igual no tienen la forma correcta, pero de sabor están muy, muy ricos, así que ahora que tenemos tiempo esto es muy entretenido: