martes, 30 de mayo de 2017

EL SOPLAO BAJO MI MIRADA

Quiero contaros mi experiencia con Los 10000 del Soplao 2017. Y no quiero empezar sin decir que el culpable de que lo haya podido vivir así, es mi marido. Él tiene varias experiencias con este evento deportivo, el Infierno Cántabro lo llaman: en 2012 lo intentó en la modalidad de BTT, pero no lo pudo acabar, hasta nevó, en 2014     lo volvió a intentar y ya lo pudo terminar. Y por último, en 2016, el pasado año, lo hizo en la modalidad de Ruta a pie, que también finalizó. Este invierno le acompañé al Palacio de Festivales de Santander a ver una película que habían hecho sobre el Soplao, contando varias historias de participantes, de sus vivencias, y pude ver un poco del ambiente que se respira en esta prueba. Yo nunca había ido, porque tampoco mi marido me lo había mencionado siquiera, y salí de allí con un sabor un poco amargo, la verdad, me dió pena no haberle acompañado nunca. 
Angelines y él han intentado convencerme de que este año lo hiciera yo andando y, cuando han visto que no había manera, mi marido me dijo que si yo quería vivir el ambiente este año, él no se apuntaba  en ninguna modalidad y me acompañaba. Ante su insistencia, acepté y así empezó todo. Yo no entiendo mucho (más bien nada) de las diferentes modalidades, las combinadas, las ultras,..., y, por supuesto, no voy a entrar en la parte técnica, tiempos, recorridos, clasificaciones,...(eso está todo en la web del Soplao). Solo quisiera poder explicar cómo lo viví yo, desde mi mirada ignorante.
Mi particular Soplao comenzó el viernes por la tarde, día en que se recogen los dorsales. Ya por la autovía vimos muchos coches portando bicicletas, pero no me podía imaginar lo que había en Cabezón de la Sal, un pueblo volcado en este evento anual:
Dimos una vuelta por la avenida principal donde ya todo estaba preparado para la salida de los primeros, los Soplaoman y los Ultra, ambas modalidades harían parte de su particular reto de noche.
Bueno, después nos fuimos al Parque Conde San Diego, donde estaban las diferentes carpas con los dorsales, y gran cantidad de imágenes publicitarias y chiringuitos relacionados con este tipo de deporte:

 No faltaba el toque cántabro, con el pito y el tambor, animando el cotarro:
 Todo bien visible:
Y perfectamente organizado para las diferentes pruebas:
 Encuentros con mucha gente conocida. Todos ellos, bueno, los que iban a participar, un poco, digamos nerviosos. De hecho, cuando llegamos, me llamó la atención el aspecto que tenía la mayoría: muy morenos, enjutos, serios, gente triste... Aún no era consciente de lo diferente que lo vería más tarde...
Se iba haciendo de noche y se aproximaba el comienzo de la fiesta.  Cenamos en un restaurante por allí mismo, antes de que empezara el lío. A partir de las 10 comenzaron a contarnos por megafonía un poco de la historia del Soplao y del esfuerzo de los Soplaoman (prometieron que para el año que viene sería Soplaoman y woman, ya que había 2 participantes femeninas), que ya por la mañana tuvieron que luchar contra la fuerza del mar. Todos dijeron que estaban muy bien y con muchas ganas de empezar la siguiente prueba, ¡después de haber nadado entre 3 y 5 horas por la mañana!. Este fue mi primer golpe con la realidad, empezaba a tomar conciencia de lo que iba a ser aquello. Inauguración oficial con las correspondientes palabras de los políticos de turno, con una pincelada del folklore cántabro, a manos de un grupo de Ibio:
A las 11 en punto salían los primeros, los Soplaoman,  ¡venga Rubén!, mis manos empezaban a calentar. Y detrás los ultra:
 Cuando salieron todos, nos fuimos al coche y a Ruente, a verles bajar por la super-cuesta, lo que llaman el cortafuegos, una bajada casi en vertical, donde las piernas ..., y que yo os  conté aquí
Es en ocasiones como esta cuando echo en falta esa cámara de fotos que mi marido quiere comprarme y que yo no quiero por no cargar con ella. Pero aquí me hubiera encantado tenerla, porque la mía con poca luz no es la mejor. Pero bueno, esto es lo que hay...
Ya desde Ruente hice fotos de la bajadita. Ponía los pelos de punta ver una especie de serpiente de luz y pensar en la dureza del tramo que yo ya conocía:
Tuvimos que ponernos al final del pueblo si queríamos ver a los participantes, por la cantidad de gente que había. Todos con sus focos en la frente. Y corriendo. Yo no podía dejar de aplaudirles y animarles. Y, prácticamente todos, te devolvían una sonrisa. Aquello me parecía de seres de otro planeta, no humanos. ¡Esta gente había nadado por la mañana varias horas en el mar Cantábrico y ahora pasaban por allí corriendo y con alegría en la cara! ¡Y eran las 12 de la noche! Ahora que veo las fotos pienso que igual es verdad que eran de otro mundo y esas luces amarillas les inyectaban energía:
Estuvimos un rato más animando y ya nos vinimos para casa, que al día siguiente queríamos madrugar para volver a ver la salida de las demás modalidades. 
La mañana amaneció lluviosa. Con nosotros fue Angelines, que iba a participar en la ruta a pie. Ibamos todos nerviosos porque, aunque al principio pensábamos que por allí no llovería (era la previsión), cuanto más nos acercábamos, más oscuro se ponía. Allí se fueron juntando los que conocíamos: Angelines, Andrea, Maria José, Jose Angel, Milio, su hijo:
Ángel, Juanjo, Rocio, Juan, Oscar, Gabi,..., todos deseando empezar:
Por otra parte estaban los de Btt. Entre ellos, Paco, Ricardo,.....:
Y los de la combinada con Rafa y Lolo participando:
A las 8 en punto se dio la salida para los primeros, los ciclistas (de montaña, que los otros salen dos semanas más tarde). 17 minutos saliendo ciclistas. Después salieron los de la combinada, los de la ruta a pie y los de la ruta adaptada. Suerte para todos y que cada uno cumpla aquello que venía buscando:
Mientras ellos seguían su recorrido, nosotros cruzamos el pueblo para verles pasar por otro tramo. Sus caras de felicidad eran contagiosas. Cada uno a su ritmo. Alguien dijo por detrás mío al oír al helicóptero sobre nuestras cabezas: "Tranquilos, que ahora deja de llover, que pasa el helicóptero". Y en efecto, ya no volvió a llover. Desde luego, una gran alegría para esta gente que bastante tenía ya...:
Con casi 2500 inscritos en la modalidad de ruta a pie, el verles pasar imponía, la verdad:
También vimos a los que realizaban la ruta adaptada. Familiares o amigos llevando a los participantes con alguna incapacidad. Más duro todavía. Cuando pasaron todos, cogimos el coche y nos dirigimos a Ruente. Antes de llegar al puente de Santa Lucia, la vista de la Sierra del Escudo de Cabuérniga, por donde tenían que subir los de la ruta a pie y los de la combinada, era esta, se perderían en la niebla:
Pero al pasar al otro lado de la Sierra, a Ruente, la cosa ya había mejorado y ya les veíamos bajar por el temido cortafuegos y, algunos, por otra senda más a la izquierda (en la foto se puede apreciar, si pones mucho interés, jajaja):
Nos colocamos junto a las vallas para verles pasar. Yo no dejaba de aplaudir y animar, aunque no les conocía de nada, porque he oído a los que ya han participado que es muy importante para ellos el que alguien les ofrezca una palabra de ánimo, así que, hala, a animar (también es verdad que había algún antipático, que ni te miraba siquiera, que daban ganas de retirarles lo dicho, jajaja, pero estos eran contados, la inmensa mayoría te lo agradecían con su mirada, con sus gestos, con sus palabras). Veíamos a los que pasaban y a los que seguían bajando por el cortafuegos, con nuestros prismáticos. En torno nuestro, gente que esperaba a maridos, hermanos, hijos, amigos. Cada uno con su historia. Como el que estaba negro porque su hermano no acababa de pasar y no era lo esperado. Tenían hecho un estudio de tiempos de pasada por cada control y algo fallaba. Al final llegó. El hermano iba bien, no sabía dónde estaba el problema, y él quería llegar a Ucieda en moto y comprobar que todo estaba en orden. Y en estas estábamos cuando llegaron Milio y su hijo, que pasaron como las balas. Estos no andan, vuelan!!! Casi no les pillo:
Más gente, nuevas historias, como la del chico que llegó donde su mujer y su hijo renegando porque se le caía el pantalón. "Claro- me dice- tanto que tenía que bajar de peso, que he bajado 5 kg y ahora la ropa se me cae". A los 20 minutos pasó este otro grupo de los Ozono, con estas caras:
Y media hora más tarde llegó la chica valiente, contenta porque había bajado bastante bien. ¡¡¡Ánimo Angelines!!!
Un cuarto de hora después pasó este otro grupo. Andrea, feliz:
Nuestro próximo destino era el Área Recreativa Saja, la Campa de Ucieda,  pero como hasta allí no dejaban llegar en coche, decidimos ir andando y así hacíamos también nosotros lo que nos gusta. Pero no sé si fue buena idea. El camino más corto para ir era el mismo que hacían en bicicleta, por lo cual era un poco agobiante por el cuidado de no interceptar su buen hacer. Pero en una de esas que me aparté para dejar pasar a un grupo de corredores, cual fue mi sorpresa cuando vi que Paco y Ricardo formaban parte de él!!! Yo, que seguía aplaudiendo a todos los que pasaban, no daba abasto a foto, gritos de ánimo,...¡¡¡venga chicos!!!: 

Supongo que los participantes no tendrían mucho tiempo de disfrutar del entorno, pero era realmente bonito:
Y así llegamos a la campa. Nuevas historias. Un chico tenía su bici tirada en la cuneta y al preguntarle qué le había pasado nos dijo que subiendo había notado que la bici le iba mal y decidió volverse a la casa rural que habían alquilado para el fin de semana del Soplao pero allí se había trabado la rueda de atrás y... hasta allí llegó. Se le había roto el eje, pero él ni se había dado cuenta.
Al poco de llegar a la campa, ya vi bajar a Ángelines. Hasta me puse nerviosa de verla. Estaba tan contenta de verla llegar con esta cara de felicidad...:
Estuvimos un rato con ella, mientras reponía fuerzas comiendo y bebiendo un poco. Aquí, en la Campa de Ucieda, estaba uno de los puntos de avituallamiento:
Los ciclistas también paraban para hidratarse y comer algo:
Luego vimos llegar al grupo de Jose Ángel (el de Ángel ya había pasado). Todos fueron reanudando la marcha hacia la ruta de los Puentes, que nosotros también hemos hecho (aquí podéis recordarlo). Eso sí, ellos continuaban su camino hacia El Toral, otro paraje duro del recorrido (y donde estaba otro punto de avituallamiento, el de las salchichas, huevos y calimocho! Si lo llego a saber...).
Nosotros nos volvimos andando hacia Ruente. Por el camino más historias: Adelantamos a una pareja que bajaba muy despacio, ella cojeando. Al preguntarles qué le había pasado, nos contaron que al bajar por el bosque antes de llegar a la campa, le había empezado a doler mucho una rodilla y decidieron dejarlo allí, que otro año sería. Tenían que volver andando hasta Cabezón de la Sal, 10 km. más abajo. No sé cómo llegarían. Después he pensado que para esos casos también supongo que estarían los vehículos de la organización.
En Ruente cogimos el coche y nos fuimos a otro punto álgido del día, la subida hacia el Negreo. Aparcamos donde pudimos y nos subimos por una pista para ver a los ciclistas en lucha contra el terreno. Por un desnivel que costaba salvar andando, subían los valientes, con gran esfuerzo. Ahí mi marido me dijo que daría lo que fuera por estar entre ellos. No me lo podía creer. Está claro que en este tema del sufrimiento haciendo deporte tenemos distintos puntos de vista. Pero una cosa me quedó clara. Hay mucha gente a la que el supremo sacrificio, el esfuerzo hasta la extenuación, le compensa con la satisfacción del desafío conseguido, mi marido está entre ellos. Y yo seguía aplaudiendo, animando (Jose me decía que descansara un poco... lo recordaría al día siguiente, que tuve hormigueo en las manos):
Desde allí ya nos volvimos a Cabezón para ir viendo cómo llegaban. Aquí tengo la prueba de que mi marido tampoco se quedaba atrás animando,  en este caso a Mimi:
Y  diez horas y media y 50 km después llegaba nuestro primer grupo, felices, satisfechos, sin otro sentimiento que no fuera la alegría (el cansancio y las agujetas ya llegarían al día siguiente):
2 horas más tarde, Angelines y sus amigas, con gran juerga:
Y por último, media hora después llegó el grupo de Andrea, que por cierto, se puso muy contenta de vernos, jajaja.
Al final, nos juntamos todos y, desde luego, tienen mi reconocimiento por su espíritu de superación sin límites. Aprendí muchas cosas ese día. Todos perseguimos sueños y marcamos nuestros objetivos. Para algunos eso supone ir superando retos que se autoimponen, siempre en pos de conseguir una satisfacción personal intentando vencer las propias limitaciones, aunque eso les suponga sufrir lo indecible. Yo tengo otra forma de entender la vida y el sacrificio, pero eso no me impide reconocer el valor de esta gente y entender que donde yo veía gente triste el día anterior, ahora veo gente preocupada por ser o no capaces de superar aquellos retos personales para los que se han estado preparando, algunos durante mucho tiempo. Los desafíos eran  muy duros y los tiempos empleados muy variados:
  • BTT: 
              Oro:      163 km. 
              Plata:    127 km.
              Bronce: 113 km.
    En la cat. Oro, tardaron entre 6h 45min. (el primero) y 17h                     15min (el último).
  • ULTRAMARATÓN: 
              Oro:    113 km.
              Plata:    83 km.
              Bronce: 73 km.
       En la cat. Oro tardaron entre 12h 52min. (el primero) y 24h              21min (el último).
  • MARATÓN: 48 km.
        Emplearon entre 4h 10min y 12h 45min.
  • COMBINADA: 48 km. corriendo + 70 km. en bici.
        Tardaron entre 7h 39min y 14h 7min.
  • RUTA A PIE: 50 km.
         El primero empleó 6h 58min y el último 15h 49min.
  • SOPLAOMAN: 10 km. nadando ( o alternativa, dependiendo del tiempo) + 77 km. corriendo + 111 km. en bici.
      Tiempos empleados:
         Natación:        2h 58min /5h 6min. (no sé la distancia exacta).
         Ultra y Btt:   14h 09min/ 21h 26min.
  • AGUAS ABIERTAS: 10 km. (o menos, según el tiempo).
         Les llevó entre 2h 28min y 4h 29min. (no sé distancia exacta).
  • RUTA ADAPTADA: 
          Movilidad reducida:     15 km: 4h 14min / 9h 33min.
          Senderismo inclusivo:  25 km: 4h 27min / 9h 45min.
  • BTT E-BIKE: (Con ayuda, max. 25 km/h y 1 batería) 
              Oro:      163 km. 
              Plata:    127 km.
              Bronce: 113 km.
           En la cat. Oro, el primero tardó 5h 36min. y el último 12h 59min.
Los tiempos tan diferentes empleados por el primer clasificado y el último, en las diferentes modalidades, nos da una idea de la gran diferencia entre unos participantes y otros: Cada uno con sus circunstancias, con su objetivo y con su ritmo. ¿Os imagináis qué se le puede pasar a alguien por la cabeza para estar haciendo la ultramaratón, 113 km, durante más de 24 horas? ¿o haciendo los 50 km andando durante más de 15 horas? En fin...

¡Quién les iba a decir a aquellos que hace años pensaron en organizar algo como esto y le pusieron el nombre de Los 10000 del Soplao, que no solo se iba a superar esa cifra, sino que también iba a traspasar nuestras fronteras con inscritos no solo de todas las comunidades españolas, sino de 16 nacionalidades más! ¡y que cada año deben aumentar el número de modalidades para dar respuesta a todas las peticiones y necesidades! Organizadores que deben estar orgullosos por hacer del Infierno Cántabro una de las pruebas más bonitas del panorama europeo. "Es en la única parte de Europa, y he participado en pruebas de varios países, donde la gente está animándote a cualquier hora del día o de la noche" decía un Soplaoman aquella noche antes de salir a correr la ultramaratón.
Y así terminó mi experiencia con el mundo Soplao. Lo que en principio pudiera parecer, incluso, un poco aburrido, por tantas horas que pasamos allí, en realidad resultó ser de lo más entretenido, eso sí, acabé "casi" tan cansada como ellos, los participantes, jajaja.
Sólo me queda hacerme a mí misma una última reflexión: Cada uno afrontamos cada momento de nuestra vida de una forma distinta pero creo que siempre deberíamos perseguir lo mismo, aquello que nos proporcione la felicidad.

3 comentarios:

  1. Qué experiencia más bonita!!!

    Marián.

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  2. NO había oido yo eso de Soplaoman... pero viene al pelo!!!!!!

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  3. Muy muy bonita experiencia ... sólo con leerlo parece apasionante!!!

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