15/06/2019

LAS LANDAS- FRANCIA


Este viaje le teníamos pensado hacía años, de hecho iba a ser el destino de nuestro primer viaje en autocaravana,  con mi prima y su marido, cuando todavía no la había en la familia, nuestra primera experiencia. Pero entonces no pudimos porque no encontramos una de alquiler para la fecha que nos cuadraba a todos. Después mi hermana se compró una y yo ya he hecho varios viajes con ellos.
Mi curiosidad por ver cómo era esa zona de Francia, Las Landas, de la que tanto se habla en relación con el surf seguía intacta pese a que, últimamente,  por referencias que me habían llegado y por lo que yo había visto de la costa francesa en el viaje que hicimos a Mont Saint Michel y que os conté aquí, podía pensar que quizás fuera un poco monótono, mucha costa con mar embravecido y mucho bosque. Pero eso no me desanimó. Menos mal 😰. Porque hemos visto muchas cosas, algunas de ellas muuuuy sorprendentes, mucho.
Bueno, nos fuimos por la mañana, con un itinerario más o menos decidido, bien estudiado, como ya sabéis que me gusta hacer a mí. Nuestra primera parada fue en la Reserva Natural de Marais d'Orx, en el sur de las Landas:
Se trata de un humedal con senderos para pasear en silencio, en medio de una gran paz, donde poder ver distintas especies de aves, mamíferos, reptiles,... Nada más llegar vimos una especie de nutria a la que pude fotografiar y ya me he enterado de que, en realidad, es un coipú, una especia invasora. También se ven distintos observatorios y construcciones protectoras para los animales:
Vimos otra cosa que me llamó mucho la atención: una espuma en las ramas de algún árbol. Y claro, como no puedo quedarme con la duda, he buscado y por lo visto es lo que excreta un insecto llamado chicharrita que se alimenta de la savia del árbol, desprendiendo esa espuma que le sirve de escondite y protección de sus depredadores (¡¡hay que ver cuán infinita y sabia es la naturaleza...!!):
Desde allí nos fuimos a Capbreton. Lo primero buscamos el camping donde nos íbamos a quedar: La Civelle. Allí preguntamos a qué distancia estaba el centro del pueblo y la playa: menos de 4 km. Teniendo en cuenta que habíamos pasado mucho tiempo sentados decidimos ir dando un paseo. Pasamos por la iglesia de San Nicolás con su original torre con forma de faro. En principio, servía para vigilar a los barcos que salían del puerto y más tarde, para avisar de los incendios forestales. Junto a la torre, en el campanario, hay una campana del siglo XV, una auténtica reliquia medieval:
Por dentro también es muy original: las paredes de la nave central están decoradas con enormes frescos de motivos marineros:
Pero, sin duda, lo más simbólico de Capbreton (además de su fama por el surf) es el muelle, conocido como La Estacada. Napoleón III prometió la construcción de un nuevo puerto y el pueblo aportó 600  pinos (será por pinos...) para el muelle. El resultado es esta construcción, junto al Casino en la Esplanade de la Liberté:
En el paseo marítimo tomamos un refresco (y nos encontramos con gente conocida 😯). Continuamos el paseo, viendo las olas, que, la verdad, tampoco me llamaron mucho la atención, que mi playa de cabecera es la de Somo, oiga, "surfera" también...
Lo que no deja de llamarme la atención, y ya sabía de su existencia por el otro viaje que hicimos, son los búnkeres que recuerdan una época bélica. Forman parte de la llamada Muralla del Atlántico que los alemanes obligaron a construir a casi un millón de ciudadanos  para proteger la zona estratégica en que se convirtió el departamento de Las Landas durante la 2ª guerra mundial. Algunos fueron volados por los mismos alemanes durante su retirada. Actualmente están, además, semienterrados:
Desde allí nos volvimos al camping, donde cenamos. 
Al día siguiente, después de un buen desayuno, nos dirigimos al lago d'Hossegor, que mi hermana y mi cuñado ya conocían y que está muy cerca de la Estacada. Allí vi otra cosa que no conocía: criaderos de ostras, unas planchas que ponen sobre unos soportes que se cubren de agua según las mareas (es que el lago está unido al mar por un canal, gracias a Napoleón III (sí, el mismo de La Estacada)), que dan como resultado la crianza de unas de las ostras mejor valoradas:
En el extremo del lago hay varios bares y restaurantes donde se pueden degustar, pero acabábamos de desayunar, así que compramos unas cuantas, el muchacho nos las abrió (que aunque es fácil, se necesita un cuchillo especial, o por lo menos uno fuerte), nos las puso en una caja sobre algas, un limón y nos las llevamos. A los que nos gustan, que no somos todos, nos produjeron un inmenso placer, las disfrutamos mucho 😋:
Nuestro siguiente destino era la Laguna o Estanque Negro en Seignosse. Es una reserva natural que alberga y protege una exuberante vegetación. Se accede por una pasarela de madera que transcurre por encima de una superficie pantanosa y a veces hay que ir sorteando lianas que cuelgan de los árboles, viendo como serpientes cruzan por delante (bueeeeno, solo vimos una, pero era muy grande 🐍. Y muy rápida):
La laguna tiene el fondo muy oscuro, pese a que el agua está muy limpia, pero el conjunto se ve negro (de ahí su nombre, claro):
Después del tranquilo paseo, nos fuimos hacia Soustons bordeando la Laguna Blanca:
Y desde allí nos dirigimos a Vieux-Boucau-les-Bains, un pueblo muy turístico, con un largo paseo peatonal jalonado de tiendas y bares-restaurantes. Tiene playa y lago marino. De camino al lago, paseando, vi este curioso y original jardín:
Comimos allí y ya por la tarde, fuimos hasta el Lago de Léon, con muchas posibilidades en actividades acuáticas, excursiones en bici,..., con una playa de arena.
Nos acercamos hasta Mimizan Plage. Buscamos el camping para pernoctar esa noche (camping club the Beach) y nos fuimos hasta el pueblo dando un paseo. Nos tomamos un refresco en el paseo marítimo y creo que un helado y nos volvimos al camping.
Al día siguiente fuimos a visitar Mimizan con su famosa abadía, Patrimonio de la Humanidad. La vimos al pasar pero no pudimos parar. Lo que si vimos fue la esbelta iglesia de Santa María de la Asunción, rodeada de bonitos jardines:
Y de ahí nos fuimos a Biscarrose. Aparcamos junto al campo de rugby. Dimos un paseo por el centro, vimos el ayuntamiento, la iglesia de San Martin, con el Monumento a los Muertos delante, en la plaza Charles de Gaulle, donde nos encontramos con un chico al que alegramos el día por oirnos hablar español:
Pero quizás, lo más importante en la historia de Biscarrosse es su Museo de la Hidroaviación a la orilla de uno de los lagos que rodean esta ciudad, del también llamado Latécoère en recuerdo a la marca de hidroaviones que tuvieron allí su centro de ensamblaje y pruebas entre los años 1930 y 1955. Eso convirtió a este pueblo de resineros en el centro neurálgico de la aeronáutica francesa. Más tarde la aviación de tierra se impuso y como recuerdo tenemos este museo. Cuando llegamos, a mediodía, estaba cerrado pero tiene muchas cristaleras por donde pudimos ver la evolución de los distintos modelos a lo largo del tiempo:
Justo al lado está el citado Lago de Biscarrosse alrededor del cual hay muchos lugares de ocio y alojamiento para disfrutar en familia. A Daisy le gustó la zona:
Comimos allí mismo, junto al lago, y después nos fuimos en dirección norte, a ver otro lago: el Lago de Cazaux-Sanguinet, el 2º más grande de Francia. Aluciné cuando le vi. Si no supiera que era un lago me hubiera parecido una playa caribeña (bueno, no conozco el Caribe...): agua azul, arena fina, muchísimas embarcaciones amarradas en multiples muelles, muchísima gente,...,vamos, una bonita playa rodeada de pinos:
Bordeamos el lago durante varios km y parecía una auténtica playa, la verdad. Nos dirigíamos a Biscarrosse Playa, (es que aquí, todo pueblo que se precie tiene su versión playa 😀), a unos 10 km. Tiene un paseo costero diferente: vas como por lo alto de una duna con mucha vegetación y llegas a una zona que es como un prado muy bien cuidado. Y debajo el Atlántico: 
Después del paseo, nos volvimos a poner en marcha hacia nuestro siguiente destino: la Duna de Pilat. Alucinante. Yo no había oído hablar nunca de esto. Al preparar el viaje, buscando información, me topé con una foto y dije: esto tenemos que verlo, aunque ya no está en el departamento de Landas, sino en Gironda, seguido, hacia el norte. Pero aún habiendo visto fotos, verlo en vivo y en directo impresiona. Lo primero fuimos al camping donde íbamos a pernoctar esa noche (y la siguiente si nos gustaba) y bajando hacia la plaza donde íbamos a aparcar teníamos esto: una duna gigante, de 108 m de altura (aunque va variando). En las fotos no  se aprecia lo imponente que es:
Desde el camping en el que estábamos (camping la Foret) hay unas escaleras para subir a lo alto de la duna, que algo ayudaba en la subida, pero no era tan fácil, porque además los peldaños se iban llenando de arena y no te dejaba espacio para el pie. Casi a "4 patas", pero subí:
Arriba, esto: una mole dunar, con una base de 500 m de anchura, con el océano a un lado y el bosque al otro:
Esto visto desde otra perspectiva, con el camping apenas intuyéndose entre los pinos: 

Abajo, por la parte de la playa, había un canal y, como la marea estaba baja, se veía lo que supusimos que eran criaderos de ostras, por lo menos eran planchas iguales que las que habíamos visto:
Pero la entrada principal y pública de la Duna está en el extremo norte, a menos de 3 km del camping, con un amplísimo parking (este sí, de pago). Así que al día siguiente después de desayunar nos fuimos andando mi marido, mi cuñado y yo (y Daisy) para subir por esta parte. Llegamos a la base de las escaleras 😅:
Estas están mejor acondicionadas, con sus descansos y su cuerda para ayudarte:
Recorrimos toda la duna por la cresta y en el extremo sur nos bajamos a la playa (esta bajada es menos costosa). Por toda ella veíamos unas cosas que pensábamos que eran piedras negras y no, eran restos vegetales, supongo que de pinos que se habrán ido enterrando a lo largo de los siglos. Recorrimos los 2,7 km de costa lineal que mide la playa y subimos de nuevo a lo alto para bajar por la escalera:
La verdad es que es un poco sobrecogedor pensar en las toneladas de arena que hay allí y lo que podría pasar si se produjera un incidente metereológico adverso, porque aunque los bosques están precisamente para evitar el avance de la duna (dicen que avanza 3-4 m. al año), en el camping se veían los pinos de la orilla tapados de arena hasta medio tronco. Volvimos al camping a tiempo de tomar el aperitivo, comimos y nos fuimos a Arcachon, famoso por su amplia bahía, sus ostras y su puerto deportivo (el 2º del Atlántico):
Nos volvimos al camping, nos tomamos un refresco. Había leído que la puesta de sol era especial vista desde lo alto de la duna. Pero como estaba nublado pues ya habíamos desechado la idea. Pero en mi cabeza seguía rondando la idea de subir una última vez. Mi marido, que me conoce y sabe que me iba a quedar con las ganas, me dijo que él subía conmigo y ni cortos ni perezosos nos volvimos a subir. Nosotros y 2 más fuimos testigos de una puesta de sol entre nubes pero con un color cambiante en medio de una paz total:

Con cielos en todas los colores: grises, rosas, naranjas, azules en diferentes tonos,.... La arena reflejando más o menos alegría según el tono del cielo... Una pasada, la verdad (gracias Jose, como siempre):
Ya bajamos, cenamos, hicimos sobremesa y nos acostamos. Al día siguiente, después de desayunar nos pusimos en marcha con idea de llegar a comer a San Juan de Luz con su bonita bahía en forma de media luna. En efecto, después de aparcar nos dimos un paseo por la parte del puerto, que en otros tiempos fue uno de los puertos pesqueros más importantes de Francia (también fue la base-escondite de los corsarios vascos). El faro de San Juan es uno de los más originales que he visto:
Hoy es un pueblo muy turístico, con una buena playa. Las casas del casco antiguo son de estilo vasco. En la iglesia de San Juan Bautista (en la foto) se casó el rey Luis XIV de Francia con la infanta de España Maria Teresa de Austria, acontecimiento político muy importante que puso fin a un largo conflicto entre los dos paises:
Comimos en la zona del puerto y con la misma para casa. Así acabó un viaje cuando menos sorprendente. Lo de las playas ya lo sospechaba, también sabía que había lagos con mucha vida y actividad a su alrededor, pero no me imaginaba que hubiera tantos, creo que son más de 40. Claro, están cerca de la costa pero son más seguros y apropiados para los niños, lo que permite unas vacaciones más relajadas. 
Pero sin duda la gran sorpresa para mí ha sido el descubrimiento de la Duna de Pilat, uno de los sitios más visitados de Francia. Y yo ni siquiera había oído hablar de ello, ¡qué ignorante me siento 😩! 
Finalmente, no puedo dejar de decir que, como siempre, ha sido un placer compartir con mi gente unos días de vacaciones, agradeciéndoles una vez más que cuenten con nosotros. 
Ahora voy a dejar un mapa del recorrido por Francia por si a alguien le sirve de referencia. No es exacto, sólo orientativo, porque al ir a algunos lagos o a las playas el recorrido varía, pero más o menos es algo así:

09/06/2019

EL SOPLAO 2019: UN DÍA EN EL BARRO

Esta va a ser la narración de mi marido de una de las vivencias en BTT que seguramente más va a recordar a lo largo de su vida.
"Casi un mes después de haber participado en la edición número 13 del Soplao, tengo la necesidad y las ganas de contar mis impresiones de aquella experiencia.
Era mi cuarta participación y, sin duda, la más especial. Y la más dura. Todos los que de una forma u otra conocemos algo de esta prueba sabemos que cuando la llaman el Infierno Cántabro es por algo. Pero lo de este año ha sido otra historia. En principio, las previsiones hablaban de un Soplao seco y caluroso. Se equivocaron. Los días anteriores ya se empezó a hablar de lluvia y frío. Y llovía sobre mojado. El invierno aquí en Cantabria, sin ser muy duro, tuvo algunos episodios complicados, con lluvias puntualmente torrenciales con inundaciones y corrimientos de tierras que tuvieron graves consecuencias en algunos puntos de la región y que afectaron a la orografía de esta prueba. Pero nunca pensé que me iba a encontrar con tanto barro.
La víspera, cuando fuimos a buscar los dorsales, nos acercamos a Ruente por ver el puente que se llevó el temporal y la alternativa para este año: habían desviado la ruta para cruzar el río por una parte por donde no parecía que el agua cubría mucho. Lo que nos juntamos allí para verlo ya nos deseamos suerte para el día siguiente.
A la mañana siguiente, pese a las terribles previsiones, allí estábamos (no todos), esperando la hora de salida, con un cierto pellizco en el estómago:

10, 9, 8, 7, ....3, 2, 1. Las 8 de la mañana y comienza la aventura:

Después de atravesar el pueblo de Cabezón de la Sal, nos dirigimos a las cuevas del Soplao. Allí hay una bajada que ya tuvieron que desviar por seguridad, debido a la gran cantidad de barro. En esta parte se me salió la cadena varias veces y ya empecé a temer que tuviera que abandonar. Como pude, fui salvando los obstáculos.
Y llegué a Ruente. Había que cruzar el río, pero.... ¿en bici o andando?. Aproveché para lavar un poco la bici, que apenas se veía del barro que llevaba. Menos mal que allí estaba mi familia para darme ánimos:
Me esperaban con ropa seca por si necesitaba cambiarme después de cruzar el río (fijarse en la foto al que está cruzando, la altura del agua, que según me decía mi gente, estaba subiendo por momentos). Sólo me cambié los guantes. El resto... ¿para qué?:
A estas alturas ya casi nadie le podía cruzar dando pedales. Los que lo intentaban se caían al río:
Enseguida continue mi camino, que me quedaba frío. Mi moral otra vez a tope.
El paisaje sé que es bonito pero apenas le veo:
La lluvia aunque no fue agobiante, sí que fue pertinaz, nos acompañó en buena parte del día:
 Las pistas, en la zona de Ucieda, estaban bastante bien, pero en otros tramos apenas eran practicables, toda precaución era poca:
Aparte de la gente que no se presentó por la mañana, hubo muchos abandonos, porque, aunque precisamente en estas fotos no se ve, había zonas donde era muy difícil mantenerse subido en la bicicleta  por la gran cantidad de barro que se iba acumulando, formándose rodadas de buena altura, si además venía alguien un poco más rápido que tú y te quería pasar o tú querías rebasar a alguien, la cosa se ponía complicada y peligrosa. De hecho vi muchas caídas,  la mayoría sin consecuencias, excepto un chico que se cayó y rompió la bici, aunque a él no le pasó nada, apenas unos rasguños.
Yo seguía...: 
La víspera ya anunciaron que, después de haberse reunido los organizadores y responsables de la prueba, habían decidido, quitar una parte, la subida a Fuentes y Ozcava, donde se alcanza más altura, porque había algo de nieve. Aún así, tuvimos puntos de 4ºC de temperatura.
Algunos pasos eran de este tipo. Es la grandeza de la prueba. Y la dureza. En esta parte pinché, pero ya me faltaba poco para la base del Negreo, donde sabía que había un puesto mecánico, donde me inflaron la rueda y pa'lante!!!

En el Negreo me volvía a esperar mi familia. Nadie que no esté subido en la bici sabe hasta qué punto eso puede cargar las pilas del ánimo. El que mi hija me acompañara unos metros subiendo una rampa  endiabladamente empinada, me dio las fuerzas necesarias para seguir. Eso para la fuerza moral, porque para la fuerza física el punto de avituallamiento en el que me acompañaron mi hija, mi mujer y mis cuñados, también obró el milagro. Fijaros como subía los repechos de hormigón del Negreo: 
Acabando las rampas del Negreo:
Y barro, mucho barro, en ningún momento había pensado que pudiera haber tanto...:
A partir de ahí ya lo vi claro, porque aunque en ningún momento pensé en abandonar, soy consciente de que existía esa posibilidad por la dureza de las circunstancias. Pero lo conseguí, acabé:
Y en la meta estaba también Angelines (somos los 2 valientes de la familia), que lo había hecho a pie y, como yo, estaba llena de orgullo y satisfacción. Eso sí, comprobamos si las medallas que tan justamente colgaron de nuestro cuello, eran tan duras como la prueba:"
Esta ha sido la crónica que del Soplao'2019 ha hecho Jose, al que yo definiría como un hombre fuerte, constante, perseverante, tenaz, incansable, enérgico, infatigable, decidido, obstinado, valiente, a veces rozando la tozudez. Y sí, es mi marido y estoy muy orgullosa de él (también de Angelines, a la que puedo aplicar los mismos adjetivos). 
Yo podría añadir algunos apuntes de lo que sentí como espectadora: Creo que si hubiera sido consciente de lo durísima que fue (lo fui en los días siguientes, cuando vi algunos videos grabados por participantes en los que se apreciaba cómo metían las bicis en el barro hasta los pedales), quizá no debería haberle dejado hacerlo. Y nosotros sabemos los motivos. 
De cualquier forma, y como eso no lo vi pero sí vi tramos durísimos, como cuando cruzaban el río o cuando subían el Negreo, no paré de animarlos a todos, de quitar piedras del río que iban moviendo al salir, por si el siguiente se caía,... En fin, un Soplao  muy duro y muy diferente a otros que he vivido con buen tiempo (uno de los cuales os conté aquí). Pero así es El Soplao. Y así es Cantabria, infinita, imprevisible!!!

26/05/2019

GIJÓN- ASTURIAS


En esta ocasión, en la primera semana de abril, aproveché unos días de vacaciones para acompañar a mi hija hasta Gijón, donde ella estaba trabajando. Fuimos el domingo en autobús a última hora de la tarde y ya el lunes ella se fue a trabajar y yo, después de desayunar, comencé mi turisteo por la ciudad. Desde el hotel, cercano a la estación de tren, me dirigí a la playa de Poniente, la más cercana:

08/04/2019

BIZCOCHO DE ZANAHORIA

Si hay un bizcocho que me guste especialmente, es este, el de zanahoria. Hago otra versión que quizás me guste aún más, pero es un poco más laborioso, por eso hoy os presento este, que es muy sencillo y también está muy bueno. 
Ingredientes:
  • 250 gr de zanahorias ralladas
  • 200 gr de azúcar
  • 200 gr de harina de repostería
  •     4 huevos
  • 125 ml de aceite de girasol
  • 1 cucharadita de levadura en polvo
  • 1 cucharadita de canela (o vainilla, o ralladura de limón)



1.- Primero mezclamos los huevos con el azúcar hasta conseguir una mezcla espumosa.







2.- Añadimos el aceite y mezclamos hasta que se incorpore totalmente.






3.- Agregamos la zanahoria rallada y la canela (o la vainilla o la ralladura de limón), batiendo hasta tener una mezcla uniforme.



4.- Ahora incorporamos la harina y la levadura tamizados, poco a poco, mientras seguimos batiendo para que no queden grumos.






5.- Así tenemos una masa de color naranja, no demasiado espesa, pero con "cuerpo".


  
6.- Vertemos la mezcla en un molde engrasado o con papel de horno. En mi caso, en un molde desmontable. Lo metemos al horno precalentado a 190º C durante unos 30-40 minutos, con calor arriba y abajo y a media altura, comprobando al final con un palillo, estará cuando este salga limpio (ya sabéis que el tiempo depende del horno y del tamaño del molde, cuanto más ancho sea menos tiempo necesitará).
7.- Finalmente, lo sacamos del horno y cuando se pueda se desmolda. Y comienza el momento creativo, con el que yo disfruto mucho, la verdad. Empecé por tornear las puntas de unas zanahorias, ya que las que tenía eran demasiado grandes (¿a que dan el pego😄?). Pero una cosa me fue pidiendo otra, hice unas floritas con las zanahorias, las fui colocando aquí y allá, y, bueno, este fue el resultado: 
Pero cuando ya lo tenía todo colocado pensé que le faltaba un poco de brillo, así que hice una cobertura muy sencilla con azúcar glass (tenía algo menos de 100 gr) y le eché un poco de agua, lo batí hasta obtener una masa sin grumos y espesita. Quité los adornos y puse la cobertura. Coloqué de nuevo mis figuritas, pero entonces recordé el principio de cocina que dice que todo lo que se pone en el plato se debe poder comer y aunque la zanahoria cruda se come, por supuesto, en un plato de repostería pues no sé si combinará muy bien, así que puse las figuritas en un plato y lo metí al microondas durante minuto y medio (las torneadas no las metí). Cuando lo saqué se habían quedado en la mitad, pero estaban más blanditas. Este fue el resultado final:
Y este es el corte:
Así está muy bueno, pero la otra versión que hago es más jugosa (pongo también piña y nueces y la cobertura más elaborada, con queso de untar). Vosotr@s, ¿hacéis otra receta? Contad....

01/04/2019

A CORUÑA 3

Hoy os cuento un viajecito de fin de semana que hicimos a principios de marzo. Mi hija, como ya he dicho más veces, trabaja unos meses del año en a Coruña. Yo ya he estado varias veces allí con ella (podéis recordarlo pulsando en este enlace y en este otro), pero su padre no había tenido todavía la oportunidad. Así que este fue el momento. En realidad ya habíamos estado hace años en Galicia, pero bueno, nos faltaba en este plan.

12/03/2019

TARTA DE CREMA DE LIMÓN

Si queréis una tarta fácil de hacer, refrescante, con pocos ingredientes y sin complicaciones de hornos, esta es vuestra tarta. Se trata de una versión de una "mousse de limón" que suelo hacer y que ya os conté aquí.
Ingredientes:
  • 400 ml de nata para montar
  • 370 gr de leche condensada (un bote pequeño)
  • Zumo de 3 limones (unos 140 ml)
  • 100 ml de leche
  • Galletas rectangulares
1- Empezamos haciendo la crema: mezclamos la nata con la leche condensada (sólo hay que mezclar, no hay que montar la nata).
2- Vamos añadiendo el zumo de limón mientras seguimos batiendo. Al incorporar el limón sobre la nata, la mezcla comienza a espesar, obteniendo una crema fina (al principio parece que espesa más,  después parece que se queda más ligero, no importa, después en el frigo acaba de tomar cuerpo):


3- Preparamos un molde más o menos rectangular (por el tema de las galletas, aunque también puede ser redondo), cubriendo el interior con papel film para facilitar el desmolde.

4- Vamos haciendo capas: la primera de crema, no muy gruesa.
5- Encima ponemos una capa de galletas (que mojaremos ligeramente en la leche, meter y sacar), cubriendo la superficie del molde:


6- Cubrimos las galletas con otra capa de crema, otra de galletas, otra de crema,...(fui cambiando la dirección de las galletas y recortando para completar 😅):

7- Y así sucesivamente terminando con una capa de crema (a mí me salieron 3 capas de galletas, un paquete, pero dependerá del tamaño de vuestro molde, si es más estrecho saldrán más capas. Con estas cantidades tampoco puede ser un molde más grande porque saldrían pocas capas de galletas; más o menos, que quepan 3 x 3 galletas como mucho, como en la foto anterior):


8- Lo tapamos con film y lo metemos en el frigorífico, como mínimo 4 o 5 horas (yo este tipo de tartas siempre las suelo hacer la víspera y las tengo toda la noche en el frigo).
9- Para desmoldar, quitamos el plástico de encima del molde, le damos vuelta sobre una fuente y lo sacamos ayudándonos del film. 10- Lo adornamos con unas galletas "mal-partidas" por encima y con ralladura de limón (o como nos parezca):

11- El corte queda perfecto y el sabor....ummm:
Sólo falta que lo probéis y me contéis....