21/02/2020

BIZCOCHO BÁSICO


 Por esas casualidades de la vida, a veces inexplicables, me he dado cuenta de que no había publicado la receta de este bizcocho, el básico, el que supongo que muchxs hacéis, pero que nunca está de más recordar, sobre todo para aquellos que se estén iniciando en el entretenido mundo de la cocina y, en este caso, de la repostería. Es tan fácil, que con pocas fotos nos vamos a entender. Ahí va...
Ingredientes:
  • 1 yogur de limón (también puede ser natural)
  • 1 medida de yogur de aceite de oliva
  •  2 medidas de yogur de azúcar
  • 3 medidas de yogur de harina
  • 3 huevos
  • 1 sobre de levadura
  • Ralladura de 1 limón (ojo, solo lo amarillo, que lo blanco amarga)
  • Un poco de harina y de mantequilla para el molde
 Hice este bizcocho de la forma más sencilla:
1.- Precalenté el horno a 180º C.
2.- Puse todos los ingredientes en un bol, pasando la harina y la levadura por un colador y los batí con las varillas de la batidora hasta obtener una crema fina, sin grumos.
3.- Engrasé con la mantequilla y enhariné el molde (en este caso lo hice en uno de corona, pero vale cualquiera).
4.- Vertí la masa en el molde y lo metí en el horno a media altura, con calor arriba y abajo, durante unos 40 minutos (depende del horno, a partir de los 30 minutos hay que comprobar pinchando con un palillo o cuchillo: estará cuando salga limpio). Si vemos que antes se nos dora mucho por encima ponemos un trozo de papel de aluminio o de hornear por encima: 

Cuando se enfríe, se desmolda, y al día siguiente (o esa tarde) se desayuna (o se merienda).
Por tema estético le puse un poco de azúcar glass por encima, espolvoreada con un colador:
Al hacerlo de esa forma que os he dicho, o sea, batiendo todos los ingredientes al tiempo, quería ver la diferencia con otros bizcochos en los que he batido primero el azúcar con los huevos, he añadido el aceite y el yogur, la harina y la levadura tamizadas en veces,... y tengo que decir en honor a la verdad, que no he notado grandes diferencias, pero bueno, alguna habrá..., pero si vas con prisa confirmo que así está bien bueno, sencillo de sabor (en este caso por los ingredientes), pero bien bueno:

27/01/2020

TARTA DE CAPAS DE FRUTOS Y CREMA SIN HORNO



Bueno, esta es una tarta cuyo nombre no tengo nada claro. Lo ideal es que ese nombre indique claramente los ingredientes o, mejor dicho, el ingrediente principal (o un par de ellos), el que más le defina. Pero en este caso no sabría cual poner y enumerarlos todos tampoco me parece que aclara nada. En fin, a ver si mientras lo escribo se me ocurre algo.
Ingredientes:

CAPA OSCURA:
  •  200 gr de galletas (al gusto, yo usé mini-campurrianas)
  •    75 gr de uvas pasas (aprox.)
  •    75 gr de dátiles (aprox.)
  •  100 gr de avellanas (limpias y tostadas)
  •    70 gr de chocolate de repostería
  •    70 gr de mantequilla
  •      2 cucharadas de azúcar
  •   Esencia de vainilla
CREMA:
  • 350 gr queso crema (tipo Philadelfia)
  •     2 yogures (naturales o griego)
  •   90 gr azúcar + 2 cucharadas
  •     3 láminas de gelatina
  • Esencia de vainilla 

COBERTURA:
  •  45 chocolate de repostería o de fundir
  •    3 cucharadas soperas de leche
  •  10 gr de mantequilla
Aunque pueda parecer mucho lío con tantos ingredientes, en realidad es sencilla, se trata de hacer dos tipos de masas: una clara y otra oscura. Vamos con la oscura, pero antes de nada sacamos los yogures y el queso de untar del frigo, para que estén a temperatura ambiente.
  • CAPA OSCURA O DE FRUTOS:
1.- Ponemos en una picadora las galletas, las trituramos, añadimos las uvas pasas, los dátiles y las avellanas (yo tuve que hacerlo en veces porque mi picadora es pequeña):

2.- El caso es dejar triturados los frutos secos y las galletas. Los frutos pueden ser otros, al gusto, pero con estos queda riquísimo y en lugar de galletas también se puede poner pan rallado😲, pero yo así no lo he probado:
3.- Añadimos las 2 cucharadas de azúcar a las que habremos puesto un chorro de esencia de vainilla (que se humedezca el azúcar, no que nade en la vainilla). 

4.- Derretimos el chocolate con la mantequilla en el microondas, en intervalos de 30 segundos, removiéndolo cada vez con una cuchara.  

5.- Incorporamos el chocolate a la mezcla de galletas, frutos secos y azúcar vainillada, mezclamos y reservamos:

Ahora vamos con la capa blanca o de crema.
  • CAPA CLARA O DE CREMA:
6.- Ponemos la gelatina a remojar en agua fría.

7.- En un bol, ponemos los yogures, el azúcar y un chorro de esencia de vainilla, mezclamos, incorporamos el queso de untar y lo batimos hasta conseguir una crema.

8.- Escurrimos la gelatina y la disolvemos en 3 cucharadas de agua caliente, no hirviendo, y lo incorporamos al bol de la crema, mezclamos:

9.- Así, tenemos un bol con la mezcla oscura y otro con la clara:

10.- Ahora preparamos el molde. Solo necesitamos la parte lateral de un molde desmontable, o sea, sin la base: lo forramos con papel film para facilitar el desmolde y lo ponemos sobre el plato de servir (no hace falta forrarlo a la perfección, como en la foto vale):

11.- Ahora vamos montando la tarta, poniendo de las dos mezclas, por capas, y esto lo tenemos que hacer rápido para que nos resulte más fácil, antes de que endurezca la masa de la gelatina. Empezamos con la mezcla oscura, cubriendo el plato por dentro del molde, lo repartimos y aplastamos un poco con la cuchara. Cubrimos con otra capa de crema, otra oscura, otra de crema, ..., hasta acabar las dos mezclas:

Yo lo hice con un molde de 24 cm de diámetro y sólo me salieron 3 capas oscuras y 2 claras. Hubiera quedado más bonito, con más capas, si el molde hubiera sido de 20 cm o menos, pero bueno, eso sólo es estética... 
Lo metemos al frigo 3 ó 4 horas, mejor de un día para otro. 

12.- Al día siguiente (o a las 3/4 horas), derretimos el último chocolate, las 3 cucharadas de leche y la mantequilla en el microondas (ya sabes, en intervalos de 30 segundos y removiendo cada vez) y se lo repartimos por encima en una capa fina. Esto también lo haremos rápido (yo me entretuve y me costó repartirlo, que se puso duro el chocolate). Dejamos que se solidifique y ya lo podemos desmoldar, abriendo el molde y quitando el plástico.
Detalle de las capas:

Solo nos falta hacer una cosa, disfrutar, y si es con la familia, mejor. Os aseguro que está riquísima:
Sigo sin encontrar un nombre apropiado 😏... ¿alguna idea?

28/12/2019

CASTILLO DE BUTRÓN, SAN JUAN DE GAZTELUGATXE Y BERMEO (VIZCAYA)


Un precioso  y largo puente por delante y ganas de compartirlo en familia. No necesitamos más. Las previsiones meteorológicas también eran buenas. Pues nada, en marcha. En principio el sitio al que ir nos daba igual, pero, ya sabes, "id mirando..." Lo primero que hice fue buscar en esa carpeta que siempre cuento que tengo guardada, en la que voy apuntando los sitios que me gustaría visitar. Y ahí estaba: el castillo de Butrón. Yo nunca había oído hablar de él, no sabía de su existencia, pero por las redes, concretamente en IG, vi unas fotos que me gustaron, así que lo apunté. En esta ocasión reunía todas las características que nos interesaban: no estaba demasiado lejos y en el País Vasco, que pese a que, en efecto, está cerca de Cantabria, no lo tenemos muy visitado, quizás por el pasado un tanto conflictivo de nuestros vecinos. Sabía que a mi hija le iba a gustar la zona así que busqué alguna otra cosa que ver por allí y mandé mi propuesta. Se aprobó.
Así que esa mañana del día de la Constitución nos pusimos en marcha los 5: mi hija, su marido, su suegra, mi marido y yo.
El Castillo de Butrón se encuentra en Vizcaya, en la localidad de Gatika, cerca de Sopelana y es algo completamente inesperado en ese entorno, al menos para mí. Al aparcar, después de dar un rodeo por seguir las instrucciones del GPS y de llegar como por detrás, en medio de un bosque, nos encontramos con este edificio protegido por un cerramiento metálico, deshabitado, abandonado:
Paseando, fuimos rodeándolo, viendo cómo los árboles cercanos eran testigos de su declive:
El interior del castillo no se puede visitar aunque en un tiempo se intentó mantener como establecimiento hotelero para realizar eventos con espectáculos medievales, pero no dio resultado. Actualmente es del grupo INBISA y está en venta. 
En algunas partes se aprecia bien esa última reforma:
Arquitectónicamente, no parece faltarle ningún elemento propio de todo castillo que se precie: su torre del homenaje, torres angulares, torrecillas, barbacanas, garitones, troneras, saeteras, matacanes... En principio, se construyó sobre una casa-torre del linaje de los Butrón, pero su última reforma, la que le dio el aspecto actual, de estilo neogótico, se produjo en el siglo XIX:
Dependiendo de la orientación, está mejor o peor conservado. Las partes más agredidas tenían todos los colores del otoño:
Su aspecto exterior es como de un cuento, recordando a los castillos germanos o bávaros. Su interior  tiene poco espacio útil, con gruesos muros (hasta de 4 m.) y para pasar de algunas estancias a otras hay que salir por fuera o subir y bajar de una planta a otra por escaleras exteriores. Muy cómodo para vivir no parece... Pero es, sin duda, muy curioso de ver, muy sorprendente:
Para marchar cruzamos un puente sobre el río Butrón, el cual rodea al castillo y hay un aparcamiento, un restaurante, una pequeña zona recreativa con alguna mesa y juegos de niños, o sea, un buen sitio para pasar el día, paseando por la zona.
Desde allí, nos fuimos a otro punto turístico de la zona, a unos 24 km de distancia, este mucho más conocido, más nombrado: la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, encaramada en lo alto de un islote. Otra vez que estuvimos hace años, aparcamos justo donde empieza el muro que une el islote con tierra firme, pero ahora no dejan llegar hasta allí con los coches y no me extraña: había muchísima gente. Han habilitado varias zonas para aparcar en la parte de arriba, donde hay algún restaurante, pero todas son insuficientes, y después hay que bajar por una cuesta muy empinada (pindia, pindia), desde donde vas viendo la ermita y su entorno: 
Una vez cruzado el puente, la escalera es estrecha, apenas da para que se crucen 2 personas, una subiendo y otra bajando, pero eso te obliga a ir parando y descansando, ¿eh guapetones?:
Por supuesto llegamos arriba y tocamos la campana, como manda la tradición (eso sí, me parece que la tocamos 4 veces en lugar de 3, no sé si se nos cumplirá el deseo solicitado...) Dicen, también, que los barcos pesqueros dan 3 giros cuando pasan por allí para que el santo les dé suerte. A este mismo santo se le atribuyen poderes curativos (de los callos de los pies, entre otros 🙌).Dentro de la ermita hay ofrendas de marinos que han sobrevivido en algún naufragio:
Y como todo lo que se sube, después se baja, pues eso hicimos. 241 escalones por una escalera en zig-zag, que aunque parezcan muchos, a mí me parecieron cómodos de hacer y a mis chicos también:
Visto desde abajo daba miedo pensar en los efectos de la erosión, en un lugar donde el batir de las olas es casi constante:
Desde allí hay buenas vistas a un lado y otro del litoral. Al bajar, mirando hacia la derecha podemos ver el pueblo de Bakio y hacia el otro lado veremos la isla de Aquech y el cabo Machichaco, el más septentrional de la costa vasca, cuyo nombre trae a los cántabros tan malos recuerdos (un incendio en un barco con este nombre produjo en Santander el mayor desastre civil de España en el S. XIX: 590 muertos y 2000 heridos. Si quieres leerlo con detalle, pincha aquí). 
Pero en el caso que nos ocupa, el del cabo geográfico,  se puede ver desde el entorno de la ermita: es el final de la ladera del monte Sollube (¿alguien recuerda cómo había que orientar la antena de tv hacia el Sollube, aquí, en Cantabria?). En la foto, la isla de Aquech y los faros de Machichaco señalados con la flecha:
Pues sí, en el citado cabo hay 2 faros y ese sería nuestro próximo destino, a unos 6 km de distancia. Siguiendo por la carretera dirección Bermeo hay una desviación hacia él:
Este es el faro antiguo, situado en la punta del cabo, del que solo se conserva la torre:
Al estropearse este, se construyó otro a poco más de 100 m. del anterior, un poco más arriba:
La torre del faro nuevo tiene forma octogonal y una cúpula de hierro fundido. En la misma construcción está la casa de los fareros:

Y, claro, si desde la ermita veíamos los faros, pues desde los faros vemos..:
Acercando un poco con el zoom...:
Detalle del muro-puente de unión con el islote y sus 2 ojos: 
Y para todo esto, mi gente con hambre, con no sé qué ruidos por las tripillas (eran como las 14:30 de la tarde y sin comer). Pensamos ir a Bermeo que está a casi 7 km. Pertenece a la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y es una de sus localidades más pobladas. Nos costó aparcar pero tuvimos suerte con el restaurante: comimos de maravilla:
Después de comer y en vista de que ya no nos daba tiempo a ir a otro de los posibles sitios a visitar de la zona, el Bosque de Oma, nos dimos una vuelta por el pueblo, marcado por una fuerte tradición marinera: la pesca y la industria conservera de pescado son, económicamente, sus puntos más fuertes, con una importante flota de pesca de altura y la flota de bajura más importante del País Vasco.
Estuvimos por la parte del puerto, junto al parque Lamera, donde están los astilleros, con barcos que parecían que se iban a meter en alguna cocina (una pena que no se aprecie bien en la foto, que ya estaba oscuro, pero junto a esos 2 barcos subidos en las rampas está el Ballenero Aita Guria, Centro de Interpretación de la Pesca de la Ballena):
Desde allí cruzamos al puerto deportivo, pasando junto a la iglesia de Santa Eufemia, donde los Señores de Vizcaya juraban los fueros: 
El puerto deportivo en el casco antiguo y bordeado de edificios multicolores:
Cuando la noche iba cayendo, la alineación de los barcos, ya todos amarrados, da sensación de orden:
Entre edificios, escaleras que suben a la zona alta del pueblo, donde quedan vestigios de la muralla defensiva que rodeaba a la antigua ciudad medieval:
Nos subimos al muro rompeolas. Hacia el mar:
Hacia el pueblo destaca la torre de la iglesia de santa Eufemia:
Edificios con encanto, todo muy cuidado:
Allí mismo, en la zona portuaria, muestras de arte como esta escultura del 2006, hecha en bronce y cemento, "La última ola, el último aliento", representando a un naufrago que está aguantando  enormes bloques encima de los cuales hay un niño y un perro:
Dimos la vuelta por el borde del puerto, por la calle Fraile-Leku, donde está la lonja, un frontón y, haciendo esquina, la Biblioteca Municipal, antiguo edificio de Teléfonos y Telégrafos, un bonito edificio:
De regreso al coche, ya de noche, y con pena porque los días no sean más largos para poder ver tantas cosas que nos quedaron pendientes, pasamos junto a la iglesia y convento de San Francisco, con otra obra de arte a pie de calle, el Monumento a la Lechera:
Y ya nos vinimos para casa, con la sensación, al menos por mi parte, de haber aprovechado muy bien el día y con ganas de pasar otros muchos como este.