sábado, 15 de junio de 2019

LAS LANDAS- FRANCIA


Este viaje le teníamos pensado hacía años, de hecho iba a ser el destino de nuestro primer viaje en autocaravana,  con mi prima y su marido, cuando todavía no la había en la familia, nuestra primera experiencia. Pero entonces no pudimos porque no encontramos una de alquiler para la fecha que nos cuadraba a todos. Después mi hermana se compró una y yo ya he hecho varios viajes con ellos.
Mi curiosidad por ver cómo era esa zona de Francia, Las Landas, de la que tanto se habla en relación con el surf seguía intacta pese a que, últimamente,  por referencias que me habían llegado y por lo que yo había visto de la costa francesa en el viaje que hicimos a Mont Saint Michel y que os conté aquí, podía pensar que quizás fuera un poco monótono, mucha costa con mar embravecido y mucho bosque. Pero eso no me desanimó. Menos mal 😰. Porque hemos visto muchas cosas, algunas de ellas muuuuy sorprendentes, mucho.
Bueno, nos fuimos por la mañana, con un itinerario más o menos decidido, bien estudiado, como ya sabéis que me gusta hacer a mí. Nuestra primera parada fue en la Reserva Natural de Marais d'Orx, en el sur de las Landas:
Se trata de un humedal con senderos para pasear en silencio, en medio de una gran paz, donde poder ver distintas especies de aves, mamíferos, reptiles,... Nada más llegar vimos una especie de nutria a la que pude fotografiar y ya me he enterado de que, en realidad, es un coipú, una especia invasora. También se ven distintos observatorios y construcciones protectoras para los animales:
Vimos otra cosa que me llamó mucho la atención: una espuma en las ramas de algún árbol. Y claro, como no puedo quedarme con la duda, he buscado y por lo visto es lo que excreta un insecto llamado chicharrita que se alimenta de la savia del árbol, desprendiendo esa espuma que le sirve de escondite y protección de sus depredadores (¡¡hay que ver cuán infinita y sabia es la naturaleza...!!):
Desde allí nos fuimos a Capbreton. Lo primero buscamos el camping donde nos íbamos a quedar: La Civelle. Allí preguntamos a qué distancia estaba el centro del pueblo y la playa: menos de 4 km. Teniendo en cuenta que habíamos pasado mucho tiempo sentados decidimos ir dando un paseo. Pasamos por la iglesia de San Nicolás con su original torre con forma de faro. En principio, servía para vigilar a los barcos que salían del puerto y más tarde, para avisar de los incendios forestales. Junto a la torre, en el campanario, hay una campana del siglo XV, una auténtica reliquia medieval:
Por dentro también es muy original: las paredes de la nave central están decoradas con enormes frescos de motivos marineros:
Pero, sin duda, lo más simbólico de Capbreton (además de su fama por el surf) es el muelle, conocido como La Estacada. Napoleón III prometió la construcción de un nuevo puerto y el pueblo aportó 600  pinos (será por pinos...) para el muelle. El resultado es esta construcción, junto al Casino en la Esplanade de la Liberté:
En el paseo marítimo tomamos un refresco (y nos encontramos con gente conocida 😯). Continuamos el paseo, viendo las olas, que, la verdad, tampoco me llamaron mucho la atención, que mi playa de cabecera es la de Somo, oiga, "surfera" también...
Lo que no deja de llamarme la atención, y ya sabía de su existencia por el otro viaje que hicimos, son los búnkeres que recuerdan una época bélica. Forman parte de la llamada Muralla del Atlántico que los alemanes obligaron a construir a casi un millón de ciudadanos  para proteger la zona estratégica en que se convirtió el departamento de Las Landas durante la 2ª guerra mundial. Algunos fueron volados por los mismos alemanes durante su retirada. Actualmente están, además, semienterrados:
Desde allí nos volvimos al camping, donde cenamos. 
Al día siguiente, después de un buen desayuno, nos dirigimos al lago d'Hossegor, que mi hermana y mi cuñado ya conocían y que está muy cerca de la Estacada. Allí vi otra cosa que no conocía: criaderos de ostras, unas planchas que ponen sobre unos soportes que se cubren de agua según las mareas (es que el lago está unido al mar por un canal, gracias a Napoleón III (sí, el mismo de La Estacada)), que dan como resultado la crianza de unas de las ostras mejor valoradas:
En el extremo del lago hay varios bares y restaurantes donde se pueden degustar, pero acabábamos de desayunar, así que compramos unas cuantas, el muchacho nos las abrió (que aunque es fácil, se necesita un cuchillo especial, o por lo menos uno fuerte), nos las puso en una caja sobre algas, un limón y nos las llevamos. A los que nos gustan, que no somos todos, nos produjeron un inmenso placer, las disfrutamos mucho 😋:
Nuestro siguiente destino era la Laguna o Estanque Negro en Seignosse. Es una reserva natural que alberga y protege una exuberante vegetación. Se accede por una pasarela de madera que transcurre por encima de una superficie pantanosa y a veces hay que ir sorteando lianas que cuelgan de los árboles, viendo como serpientes cruzan por delante (bueeeeno, solo vimos una, pero era muy grande 🐍. Y muy rápida):
La laguna tiene el fondo muy oscuro, pese a que el agua está muy limpia, pero el conjunto se ve negro (de ahí su nombre, claro):
Después del tranquilo paseo, nos fuimos hacia Soustons bordeando la Laguna Blanca:
Y desde allí nos dirigimos a Vieux-Boucau-les-Bains, un pueblo muy turístico, con un largo paseo peatonal jalonado de tiendas y bares-restaurantes. Tiene playa y lago marino. De camino al lago, paseando, vi este curioso y original jardín:
Comimos allí y ya por la tarde, fuimos hasta el Lago de Léon, con muchas posibilidades en actividades acuáticas, excursiones en bici,..., con una playa de arena.
Nos acercamos hasta Mimizan Plage. Buscamos el camping para pernoctar esa noche (camping club the Beach) y nos fuimos hasta el pueblo dando un paseo. Nos tomamos un refresco en el paseo marítimo y creo que un helado y nos volvimos al camping.
Al día siguiente fuimos a visitar Mimizan con su famosa abadía, Patrimonio de la Humanidad. La vimos al pasar pero no pudimos parar. Lo que si vimos fue la esbelta iglesia de Santa María de la Asunción, rodeada de bonitos jardines:
Y de ahí nos fuimos a Biscarrose. Aparcamos junto al campo de rugby. Dimos un paseo por el centro, vimos el ayuntamiento, la iglesia de San Martin, con el Monumento a los Muertos delante, en la plaza Charles de Gaulle, donde nos encontramos con un chico al que alegramos el día por oirnos hablar español:
Pero quizás, lo más importante en la historia de Biscarrosse es su Museo de la Hidroaviación a la orilla de uno de los lagos que rodean esta ciudad, del también llamado Latécoère en recuerdo a la marca de hidroaviones que tuvieron allí su centro de ensamblaje y pruebas entre los años 1930 y 1955. Eso convirtió a este pueblo de resineros en el centro neurálgico de la aeronáutica francesa. Más tarde la aviación de tierra se impuso y como recuerdo tenemos este museo. Cuando llegamos, a mediodía, estaba cerrado pero tiene muchas cristaleras por donde pudimos ver la evolución de los distintos modelos a lo largo del tiempo:
Justo al lado está el citado Lago de Biscarrosse alrededor del cual hay muchos lugares de ocio y alojamiento para disfrutar en familia. A Daisy le gustó la zona:
Comimos allí mismo, junto al lago, y después nos fuimos en dirección norte, a ver otro lago: el Lago de Cazaux-Sanguinet, el 2º más grande de Francia. Aluciné cuando le vi. Si no supiera que era un lago me hubiera parecido una playa caribeña (bueno, no conozco el Caribe...): agua azul, arena fina, muchísimas embarcaciones amarradas en multiples muelles, muchísima gente,...,vamos, una bonita playa rodeada de pinos:
Bordeamos el lago durante varios km y parecía una auténtica playa, la verdad. Nos dirigíamos a Biscarrosse Playa, (es que aquí, todo pueblo que se precie tiene su versión playa 😀), a unos 10 km. Tiene un paseo costero diferente: vas como por lo alto de una duna con mucha vegetación y llegas a una zona que es como un prado muy bien cuidado. Y debajo el Atlántico: 
Después del paseo, nos volvimos a poner en marcha hacia nuestro siguiente destino: la Duna de Pilat. Alucinante. Yo no había oído hablar nunca de esto. Al preparar el viaje, buscando información, me topé con una foto y dije: esto tenemos que verlo, aunque ya no está en el departamento de Landas, sino en Gironda, seguido, hacia el norte. Pero aún habiendo visto fotos, verlo en vivo y en directo impresiona. Lo primero fuimos al camping donde íbamos a pernoctar esa noche (y la siguiente si nos gustaba) y bajando hacia la plaza donde íbamos a aparcar teníamos esto: una duna gigante, de 108 m de altura (aunque va variando). En las fotos no  se aprecia lo imponente que es:
Desde el camping en el que estábamos (camping la Foret) hay unas escaleras para subir a lo alto de la duna, que algo ayudaba en la subida, pero no era tan fácil, porque además los peldaños se iban llenando de arena y no te dejaba espacio para el pie. Casi a "4 patas", pero subí:
Arriba, esto: una mole dunar, con una base de 500 m de anchura, con el océano a un lado y el bosque al otro:
Esto visto desde otra perspectiva, con el camping apenas intuyéndose entre los pinos: 

Abajo, por la parte de la playa, había un canal y, como la marea estaba baja, se veía lo que supusimos que eran criaderos de ostras, por lo menos eran planchas iguales que las que habíamos visto:
Pero la entrada principal y pública de la Duna está en el extremo norte, a menos de 3 km del camping, con un amplísimo parking (este sí, de pago). Así que al día siguiente después de desayunar nos fuimos andando mi marido, mi cuñado y yo (y Daisy) para subir por esta parte. Llegamos a la base de las escaleras 😅:
Estas están mejor acondicionadas, con sus descansos y su cuerda para ayudarte:
Recorrimos toda la duna por la cresta y en el extremo sur nos bajamos a la playa (esta bajada es menos costosa). Por toda ella veíamos unas cosas que pensábamos que eran piedras negras y no, eran restos vegetales, supongo que de pinos que se habrán ido enterrando a lo largo de los siglos. Recorrimos los 2,7 km de costa lineal que mide la playa y subimos de nuevo a lo alto para bajar por la escalera:
La verdad es que es un poco sobrecogedor pensar en las toneladas de arena que hay allí y lo que podría pasar si se produjera un incidente metereológico adverso, porque aunque los bosques están precisamente para evitar el avance de la duna (dicen que avanza 3-4 m. al año), en el camping se veían los pinos de la orilla tapados de arena hasta medio tronco. Volvimos al camping a tiempo de tomar el aperitivo, comimos y nos fuimos a Arcachon, famoso por su amplia bahía, sus ostras y su puerto deportivo (el 2º del Atlántico):
Nos volvimos al camping, nos tomamos un refresco. Había leído que la puesta de sol era especial vista desde lo alto de la duna. Pero como estaba nublado pues ya habíamos desechado la idea. Pero en mi cabeza seguía rondando la idea de subir una última vez. Mi marido, que me conoce y sabe que me iba a quedar con las ganas, me dijo que él subía conmigo y ni cortos ni perezosos nos volvimos a subir. Nosotros y 2 más fuimos testigos de una puesta de sol entre nubes pero con un color cambiante en medio de una paz total:

Con cielos en todas los colores: grises, rosas, naranjas, azules en diferentes tonos,.... La arena reflejando más o menos alegría según el tono del cielo... Una pasada, la verdad (gracias Jose, como siempre):
Ya bajamos, cenamos, hicimos sobremesa y nos acostamos. Al día siguiente, después de desayunar nos pusimos en marcha con idea de llegar a comer a San Juan de Luz con su bonita bahía en forma de media luna. En efecto, después de aparcar nos dimos un paseo por la parte del puerto, que en otros tiempos fue uno de los puertos pesqueros más importantes de Francia (también fue la base-escondite de los corsarios vascos). El faro de San Juan es uno de los más originales que he visto:
Hoy es un pueblo muy turístico, con una buena playa. Las casas del casco antiguo son de estilo vasco. En la iglesia de San Juan Bautista (en la foto) se casó el rey Luis XIV de Francia con la infanta de España Maria Teresa de Austria, acontecimiento político muy importante que puso fin a un largo conflicto entre los dos paises:
Comimos en la zona del puerto y con la misma para casa. Así acabó un viaje cuando menos sorprendente. Lo de las playas ya lo sospechaba, también sabía que había lagos con mucha vida y actividad a su alrededor, pero no me imaginaba que hubiera tantos, creo que son más de 40. Claro, están cerca de la costa pero son más seguros y apropiados para los niños, lo que permite unas vacaciones más relajadas. 
Pero sin duda la gran sorpresa para mí ha sido el descubrimiento de la Duna de Pilat, uno de los sitios más visitados de Francia. Y yo ni siquiera había oído hablar de ello, ¡qué ignorante me siento 😩! 
Finalmente, no puedo dejar de decir que, como siempre, ha sido un placer compartir con mi gente unos días de vacaciones, agradeciéndoles una vez más que cuenten con nosotros. 
Ahora voy a dejar un mapa del recorrido por Francia por si a alguien le sirve de referencia. No es exacto, sólo orientativo, porque al ir a algunos lagos o a las playas el recorrido varía, pero más o menos es algo así:

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