viernes, 9 de septiembre de 2016

IBIZA



Este verano tocó visitar la isla de  Ibiza. En principio intentamos volver a Menorca, donde estuvimos el año pasado y que nos encantó, pero, por circunstancias personales, quisimos hacer la reserva con poco tiempo y no encontramos plazas. Entonces recordé lo que me dijo el año pasado una chica que había leído los posts de mi blog en los que contaba mis vacaciones en Menorca (aquí y aquí). Ella me comentó que iba con frecuencia a Ibiza, que le encantaba, y que Menorca parecía del estilo. Yo pensaba en Ibiza como zona de marcha, de mucha marcha, pero ella me hizo salir de mi error. Me dijo que también tenía zonas muy tranquilas, de preciosas calas. Así que miramos y... conseguimos reservar en las fechas que nos interesaban. A mi hermana le pasó lo mismo, no pudo ir a Menorca de sus amores y también reservó en Ibiza. Ella fue en julio al mismo hotel que nosotros, con lo cual tuve información privilegiada de la zona. Así que el 17 de agosto comenzamos nuestras vacaciones en la isla Pitiusa de Ibiza. Fuimos desde Madrid, porque, además de ser más barato, nos pareció que el horario de los vuelos nos iba a permitir aprovechar mejor el tiempo.  Así que madrugamos y vimos amanecer en el avión, aunque con tan mala suerte que, al ir en el lado equivocado, sólo pudimos ver los primeros reflejos del sol en el ala del avión. Realmente también es un espectáculo ver como la luz lo va inundando todo por debajo de ti, con múltiples tonalidades de amarillo:
El vuelo duró apenas una hora y en el aeropuerto ya nos estaban esperando para llevarnos al hotel. Ya sabíamos que estaba en un lugar de difícil acceso, bueno, me refiero a que para llegar a la cala San Vicente, la carretera, al final, es estrecha y con curvas. El chofer que nos llevó nos recordó que Ibiza estaba a tope. Parecía que todo el mundo estaba en Ibiza, "no cabe un alma más" fueron sus palabras. Pues allí estábamos  3 almas más!!! Antes de llegar ya vimos el hotel desde lo alto, en una cala rodeada de pinos. Una vista preciosa.
Desde nuestra habitación, la vista era esta:
 Ese primer día disfrutamos de la playa, en un agua cristalina, con  fina arena y rodeados de pinos. Un remanso de paz. El hotel también pudimos ver que, como nos había dicho mi hermana, estaba muy bien, la gente muy amable y simpática, deseosa de que todo estuviera a tu gusto. Estaba separado de la playa por 2 escalones y un paseo marítimo. 
Al llegar la noche, a la tranquilidad reinante se unía el suave murmullo del agua y el reflejo de la luna, que cada noche se asomaba tras los pinos, mirándose en el espejo de las oscuras aguas:

Al día siguiente teníamos previsto hacer un poco de ejercicio por la mañana. Habíamos visto (Elia lo había mirado) que había un par de rutas posibles desde el hotel. Pues después de desayunar comenzamos. La idea era subir hasta la Cova des Culleram y, atravesando un bosque, dar un rodeo para volver a la cala San Vicente. Comenzamos la ascensión:
Enseguida las vistas me recuerdan lo que ya había visto desde el avión. Ibiza es muy verde en su interior con suaves lomas. A su alrededor, el azul lo complementa. El azul del cielo. El azul del mar. Cielo y agua. Mar, mi mar:

En cualquier momento, un resquicio entre los pinos te permiten ver el mar, donde el bosque desciende hasta el agua, como deseoso de saciar su sed, hasta la cala San Vicente en este caso, con la isla de Tagomago al fondo:

Enseguida llegamos al entorno de la cueva, donde hay una especie de explanada para parar y respirar la tranquilidad reinante, lugar perfecto para el descanso de mis guerreros:
Un poco más arriba está la entrada a la Cova des Culleram. Se puede visitar por la mañana y es gratuita:
Es un santuario púnico y está dedicada a Tanit, diosa cartaginesa vinculada a la fertilidad y la fortuna. Fue descubierta en 1907 y los restos encontrados llevan a pensar que la cavidad ya fue utilizada en época prehistórica, aunque fueron los púnicos quienes la convirtieron en lugar de culto entre los siglos V y II antes de Cristo, y en ella se celebraban rituales con sacrificio de animales. Dentro  y rodeados de estalagmitas, se puede ver una especie de altar donde los visitantes todavía dejan sus ofrendas:

Después de un rato de mirarlo todo, continuamos la marcha (no creáis que el sendero era así, con escaleritas y todo, esto sólo lo había en el entorno de la cueva) :

Más adelante nos encontramos con una espiral de piedras que en esta isla tiene su significado. Tiene que ver con el movimiento hippie de los años 60 y el magnetismo de Es Vedrà, un misterioso islote del que os contaré más adelante. Todavía hay quienes aprovechan algunos rincones para meditar formando extrañas y curiosas figuras con piedras:

En algunos puntos, para poder atravesar el bosque había grandes muros de piedra:


En otros puntos había que bajar hasta que parecía que llegaríamos al  mismo infierno subsuelo de la isla. Después había que subir otro tanto:

Mientras tanto disfrutando del paisaje, donde de repente en un pino aparecía un "islote", de textura y color diferente. O quizá un oasis en el bosque:


Y así seguimos, con algún problemilla para encontrar el camino correcto, porque, aunque llevábamos GPS, nos encontramos con una finca particular que nos impidió el paso y después nos costó encontrar otra vez el camino, ya que el bosque estaba por allí muy cerrado. Pero al final,... premio!!!! unas vistas alucinantes, unas aguas cristalinas en todos los tonos de azul, ..., y a la otra punta el faro de Punta Grossa, al cual llegamos en otra excursión desde el otro lado:
Así acabamos nuestra primera incursión por los montes de Ibiza. Al regresar al hotel y mientras tomábamos el aperitivo, nos dijo el camarero que había que tener cuidado por esos montes que una vez se perdió una chica, que es fácil despistarse, que la tuvo que buscar la guardia civil y la encontraron a los dos días. Me sonó un poco a leyenda urbana pero es cierto que había tramos complicados.
El resto del día le pasamos en la playa y por la noche paseito, después de cenar, disfrutando también del final del día: 
Y de la luna:

Al día siguiente, después de desayunar, recogimos el coche que ya habíamos alquilado desde casa en el hotel de al lado. Ibiza nos esperaba!!!
Ya sabíamos por nuestros informantes que no era fácil circular por la isla. Y tenían razón. Estábamos un poco lejos de todo. Para salir de la cala había dos opciones, hacia San Juan de Labritja o hacia Santa Eularia  y cualquiera de ellas pasaba por carreteras estrechas y con muchas curvas. Así es que no nos dio tiempo a ver muchas cosas pero bueno, creo que nos hemos hecho una idea. 
Mi hija había buscado información y rutas, así que.... carretera y manta!! Empezamos por lo más lejano, el sur de la isla.
Es Torrent es, quizás, una de las calas  más escondidas de la isla, de cantos rodados y rocas, nada de arena. Era pronto y apenas había gente, bueno, creo que tiene más fama por el restaurante  supermega guay que hay allí, que por la playa, pero yo me quedé con las ganas de bañarme en aquellas nítidas aguas:
Seguimos hasta otra cala, Es Xarco, otra pequeña cala de guijarros, rodeada de pinos:


Para ir de una a otra pasamos por un alto desde el que pudimos asomarnos y ver esto, la cala Porroig, una bahía muy cerrada y refugio de embarcaciones: 

Desde aquí continuamos hasta Cala d´Hort, considerada como una de las mejores calas de Ibiza, aunque a mí no me gustó demasiado. Había muchísima gente y estaba un poco sucia. Lo que me encantó fue ver desde el agua el famoso Es Vedrà, un islote de 382 m. de altura, con forma piramidal y rodeado de leyendas y misterios:

De Es Vedrà se dice :
  • Que en su entorno se produce lo mismo que en el triángulo de las Bermudas (aquí lo llaman el "triángulo del silencio").
  • Que se han avistado OVNIS (caso Manises).
  • Que quien lo escalara cambiaría de sexo inmediatamente (unos alpinistas catalanes lo escalaron en 1950 y siguieron siendo hombres).
  • Que un carmelita descalzo es la persona que más tiempo ha habitado en el islote describiendo haber visto "damas de luz" y "seres celestiales"(¿paz y amor?).
  • Que en el islote habitan unas extrañas lagartijas de color azul intenso.
  • Que las cabras que durante muchos años habían habitado en el islote, se convirtieron en un grave problema para la conservación de algunas plantas endémicas por lo que el gobierno balear decidió en febrero de este 2016 contratar a un francotirador y acabar con ellas a tiros.
  • Que su silueta, que algunos ven con forma de catedral de cera derretida, ha sido empleada por varios artistas para las portadas de sus libros (Lucía Etxevarria) o de sus discos (Mike Olfield). 
  • Que es un punto magnético importante para el movimiento hippie...


Después de un refrescante bañito, volvimos a la carretera dirección Cala Carbó, otra pequeña playa dentro de la Reserva Natural de Cala d´Hort, de arena gruesa y aguas transparentes:


Donde cada uno se protegía del sol a su manera:


Ya por la tarde fuimos hasta Cala Salada. Tuvimos que andar bastante hasta bajar a la playa, porque el parking estaba lleno y cerrado. Por lo visto han tenido que limitar y regular el tráfico porque era un caos. Al final unas escaleras entre árboles nos iban dejando ver la Cala Salada y la Cala Saladeta al fondo. Tiene fama de ser una de las más bonitas de Ibiza, yo he visto fotos preciosas, pero a mí me dejó un poco... El agua estaba sucia, todo muy arrasado. La parte de cala Saladeta, que está seguida, parecía mas bonita pero para llegar a ella la gente pasaba por encima de las rocas que se ven en la foto por detrás de la bandera verde y no parecía muy fácil. Después he visto que hay un camino más cómodo más atrás:

Un baño, un rato de descanso y para arriba, que nos quedaba un ratito para andar hasta el coche. Cuando pasamos por el parking, el que estaba a la entrada abrió la barrera, recogió los bártulos y se fue. Antes le preguntamos por saber como iba el tema y nos dijo que a partir de las 6 de la tarde ellos se iban y quedaba abierto. También pudimos ver que hay servicio de microbuses que iban y venían  cada 15 minutos. 
Nuestra próxima parada en Cala Compte. Sin duda mi favorita. Junto a ella hay un aparcamiento bastante grande por lo que llegamos hasta casi el borde de la cala. Al bajarnos del coche, y saltar una cuerda que hay a un metro del borde, la imagen es impactante, parece de otro mundo por el color del mar, el color de la arena, el relieve de la costa como en capas... me encantó, y eso que estaba a tope de gente. Hay una especie de cabo que separa dos playas, con un islote al fondo, s´illa d´es Bosc: 

El baño en aquellas aguas fue... reparador, una auténtica delicia: 

Esta es una de las calas más aconsejadas para ver la puesta de sol. Hay un chiringuito, el Sunset Ashram, desde el que se puede presenciar cómodamente tomando un refresco, en plan chill out.


Entre tanta gente, no faltaba la típica despedida de soltero. Esta estuvo muy graciosa, al novio no dejaban de tocarle el culo: 
Y sí, se dieron la vuelta y nos saludaron. Y tengo la foto.

Separadas por accidentes geográficos naturales, seguidas, había otras calas, también preciosas:

Desde aquí y habiéndonos deleitado con el hermoso paisaje, ya nos fuimos al hotel. Ducha, cena y otra vez al coche. Queríamos ver la ciudad de Ibiza de noche. Tras varias vueltas conseguimos aparcar en el puerto, creo que por casualidad. Allí sí que había gente. Todos los parkings llenos, horrible. Bueno, al final aparcamos, nos dimos una vuelta por el puerto, barquitos tremendos. El lujo en estado sublime:

 Las calles, pintorescas, abarrotadas de gente:


Nuestro objetivo era ver Dalt Vila, que es el nombre con el que designan la parte alta del núcleo histórico de la ciudad de Ibiza. Es una ciudad amurallada y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Tiene 4 o 5 entradas. La principal y más bonita es la llamada Portal de ses Taules,  con sus dos estatuas romanas, junto al Mercat Vell. Tuvimos la suerte de dar justo con ella, por casualidad, la verdad, bueno y un poco de lucha familiar porque mi marido nos quería subir por una calle con un ambiente un poco raro y como tenemos antecedentes (una vez en Sousse, Túnez, nos llevó por la calle de las prostitutas siguiendo la muralla y los propios del lugar nos tuvieron que decir por señas que nos fuéramos de allí, imaginaros, dos pardillos con una niña pequeña)... Al final venció la cordura, la nuestra, claro, y dimos con la puerta acertada. Para llegar a ella hay que subir por un puente levadizo:

Nada más pasar la puerta estás en el Patio de Armas, donde se celebró el primer mercadillo hippie de la isla y seguido la Plaza de Vila, con muchas tiendas y restaurantes y con mucha, mucha gente:

Callejeando (recomiendo calzado muy cómodo porque son calles adoquinadas y con buenas cuestas), subimos hasta la Catedral de Santa María de las Nieves:

Desde allí las vistas sobre el puerto, con el colorido de las luces y su reflejo en el mar, impresionaba:


Bordeamos otro poco, hasta ponernos ya encima del mar y nos dimos la vuelta, que ya era muy tarde y nos quedaba un rato para llegar al coche y después al hotel.
Al día siguiente después de desayunar, otra vez nos pusimos en marcha. Nada más salir del hotel, las vistas desde el mirador sobre la Cala San Vicente:

Si el día anterior recorrimos un poco la parte suroeste de la costa, ahora nos dirigimos a la playa de Las Salinas, en el extremo sur de la isla. Mi segunda preferida. (de las que vimos, y sin contar en la que estábamos). Es muy larga (1,5 km.) y dicen que ahora está muy de moda en Ibiza, que van muchos famosos. Yo no vi a ninguno. Es una playa de arena fina a la que se accede atravesando una pasarela de madera para preservar las dunas que la limitan. A mí me recuerda a la playa de Somo, aquí en Cantabria:

Cuando piense en esta playa también recordaré la gran cantidad de vendedores ambulantes que había y los líos que tenían entre ellos. 
Al ser tan larga puedes pasear, cosa que yo echo en falta en las calas de estas islas. Pasas de caminar por arenal, entre hamacas, algunas de ellas dobles, cosa que no había visto nunca,  a pisar rocas (al segundo paseo ya llevé las chanclas):

Siguiendo por el borde del mar hacia la Torre de ser Portes, vas viendo pequeñas calas, preciosos rincones:


Con verdaderas obras de arte esculpidas en las rocas, seguramente de cualquier autor anónimo: 

En esta playa hay varios chiringuitos, algunos de lujo como este, Xa Trinxa, que simbolizan el espíritu de Ibiza:

Esta playa pertenece al Parque Natural de Ses Salines, y como su nombre indica, está junto a las salinas de Ibiza, que aun hoy son explotadas con métodos tradicionales, con un proceso de evaporación y precipitación natural. trasvasando el agua de unas "piscinas" a otras, obteniendo así una sal de gran calidad y fama, exportada a varios países del norte de Europa:

Cerca de la Cala San Vicente estaba la Cala de Aguas Blancas. La veíamos desde el hotel. A una de las vueltas nos acercamos a ella. También me gustó mucho. Para llegar a ella hay que bajar una cuestecita interesante de hormigón y unas escaleras, después de dejar el coche en un parking en el que hay que pagar. Es una franja alargada y estrecha al pie de un escarpado acantilado:

El agua estaba muy tranquila, cosa que no siempre pasa porque está muy abierta, y super clara. Esta playa es nudista oficial pero yo no vi a nadie desnudo, tampoco me fijé, la verdad. En muchas playas de Ibiza se practica el nudismo, pero yo sólo lo he visto en la playa de las Salinas, precisamente la que parece menos apropiada:

Por la tarde nos fuimos hasta la playa D´en Bossa, muy larga y concurrida, próxima a la ciudad de Ibiza, con todo tipo de servicios. Quizás lo que la hace más popular es la abundancia de chiringuitos a pie de playa y sobre todo dos grandes hoteles-discoteca: el Ushuaïa y el Hard Rock.
El Ushuaïa llama la atención por las flores que hay en el edificio,  un hotel de lujo en cuya piscina se montan grandes fiesta, viniendo a pinchar los DJ más famosos del mundo (Guetta está los lunes). Eso sí, la fiesta empieza pronto, sobre las 5 de la tarde hasta las 12 de la noche:

Estando en la playa vimos pasar a un par de grupos de esta guisa, promocionando las distintas discotecas:

Para pasar de la playa al hotel había varias opciones. Esta era una de ellas:

Con una decoración floral, cuando menos, alegre:

Y hasta aquí la primera parte de nuestras vacaciones. Todavía me queda contaros nuestra visita a Formentera, con sus más y sus menos,  nuestra experiencia en Benirrás con su fiesta de los tambores y donde se respira el ambiente hippy, otra excursión que hicimos a pie, en fin, muchas cosas que hemos visto y disfrutado y que quiero compartir con vosotr@s.
Como hice el año pasado con Menorca y Menorca 2, a modo de resumen voy a enumerar lo que visitamos los 2  primeros días con coche:
     -1º DIA:
  • Cala Es Torrent.
  • Cala Es Xarco.
  • Cala Porroig.
  • Cala D´hort y Es Vedrà.
  • Cala Carbó.
  • Calas Salada y Saladeta.
  • Cala Comte.
  • Ibiza y Dalt Vila.
     -2º DIA:
  • Playa de las Salinas.
  • Cala de Aguas Blancas.
  • Playa D´en Bossa.
También dejo un mapa con la situación aproximada de todo lo visto hasta ahora, por si a alguien le sirve de referencia:


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