viernes, 8 de mayo de 2015

RIBADESELLA: LA CUEVONA

No sé si alguna vez habéis pensado lo mismo que yo cuando veis varias películas del mismo tema seguidas. Siempre pienso que han abierto el cajón de las pelis de... aviones (por ejemplo)... Pues eso he hecho yo ultimamente. He abierto el cajón de las cuevas. Y como la última excursión la hicimos a una cueva del País Vasco, la de Pozalagua, pues esta vez tocaba ir a Asturias. 
Hace mucho leí acerca del único pueblo de España al que se accedía atravesando una cueva. Se trata del pueblo asturiano Cuevas o Cuevas del Agua, perteneciente al concejo de Ribadesella, y la cueva por la que se entra al pueblo se llama la Cuevona. Esa información se quedó en un rinconcillo de mi cabecita hasta que he abierto el cajón de las cuevas. Y ya que íbamos a ver esto, pues busqué qué más posibilidades había en la zona teniendo en cuenta que mi tiempo es limitado. Busqué en Ribadesella y recomendaban ver, entre otras muchas cosas, la ermita de la Guía. Como íbamos a llegar a mediodía, decidimos ir primero a la ermita, no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar en Cuevas, y en Ribadesella la apuesta era segura: si nos entraba una "pájara", siempre encontraríamos donde solucionarlo, jajaja.
Cuando llegamos, el cielo estaba oscurillo pero no nos preocupamos (qué pardillos, ni que fuéramos del sur).

Pudimos aparcar justo al final del aparcamiento, pasando el puerto, donde empieza el paseo hacia la subida de la ermita, precioso paseo peatonal, bordeando la desembocadura del río Sella. Fuimos viendo los 6 murales que, a partir de ahí, nos van relatando la historia de este pueblo eminentemente pesquero y portuario, desde la prehistoria hasta el comienzo del siglo XXI. Los dibujos son del humorista Mingote, el guión histórico del escritor Toni Silva y la cerámica del ceramista Pachi Muñiz.

Tras ese corto paseo, empezamos a subir las escaleras hacia la ermita y a media subida nos empezó a llover con ganas. 
Subimos deprisa pensando que en la ermita habría un sitio donde guarecerse, porque ¿que es un edificio de estos sin un portalillo?. Pues no, ni portalillo ni tejadillo ni ná!!! El único rincón que parecía estar un poco resguardado ya estaba ocupado, claro.
Durante la subida, que es muy cómoda, pese a la lluvia, las vistas son impresionantes, hacia el pueblo y la ría ...
y hacia el mar. Esta zona, por cierto, me recordó mucho al acantilado que tenemos aquí, entre Loredo y Galizano, las piscinas naturales de Llaranza, que os enseñé aquí, ¿no os parece? Nuestro mar Cantábrico!!!:
Junto a la ermita, en lo alto del monte Corberu, encontramos unos cañones, resultado de la fortificación del recinto para proteger la zona de posibles enemigos:
Ya nos bajamos otra vez por la misma escalera, aunque hay otra bajada hacia el pueblo, por el otro lado.
Cuando llegamos abajo ya no llovía, el cielo se quedó azul, precioso:
Sin esperar al desfallecimiento nos tomamos un tentempie en uno de los muchos bares que hay en el puerto y con la misma nos fuimos al coche.
La vista de la ermita desde la otra parte del puerto es preciosa también:
Cruzamos el puente, por donde nos indicaba el GPS, pasando junto a las Cuevas de Tito Bustillo (otra vez será) en dirección a Cuevas. Nos metió por unas calles-caminos estrechos y vimos un indicador hacia el área recreativa de Ardines y, como llevábamos nuestra comidita, pensamos que igual era buen sitio para comer. ¡¡¡Acierto total!!! 
Hay un amplio aparcamiento, un chiringuito con una mujer muy amable, zonas para hacer barbacoas, mesas, columpios para niños,... 
...todo ello en un hermoso entorno, justo encima de una especie de marisma, y desde donde se ve la playa de Santa Marina en todo su esplendor, con la ermita al fondo. 
Desde aquí se ven muy bien las casas-palacetes de indianos, que le dan un toque especial al paseo (detalle de la subida a la ermita).
Dando un paseo, rodeados de tranquilidad, nos podemos acercar a los tres miradores, merece la pena. Desde el último apreciamos el sinuoso recorrido final del Sella, antes de su desembocadura.
Después de un rato de sobremesa, con una conversación muy amena sobre el Madrid y el Barça, (me encanta hablar de eso con mi marido, siempre me deja con la boca abierta por su forma de entender el fútbol), volvimos a retomar el camino hacia la Cuevas del Agua. La carretera se las trae, pero está bien indicado. Hay unos 14 km. desde Ribadesella.
Justo antes de cruzar la Cuevona hay un aparcamiento a la izquierda. Dejamos el coche y nos fuimos andando, como no podía ser de otro modo.

Es un espectáculo, la verdad. Tiene 300 m. de longitud y está cruzada por un arroyo y la carretera.

Tiene algunas luces en puntos estratégicos y se pueden ver las estalactitas, las estalagmitas, las coladas que tanto le gustan a mi maridito,... Nosotros llevábamos una luz extra, el foquito del susodicho, de gran potencia, jajaja, y claro, veíamos todos los detalles. 
Siento mucho que las fotos no sean muy buenas (culpa mía, porque mi camarita, como ya sabéis, hace milagros, pero con esa luz no la he cogido el punto):



Tras un rato de admirar estas bellezas naturales, ya salimos al otro lado, a Cuevas, un puebluco con cierto encanto, rodeado de montañas, con varias posibilidades para hacer rutas a pie (lástima de tiempo):

Donde no podían faltar los típicos hórreos:

Ah!!! y con estación de tren, que no están tan incomunicados. Yo me quedé con una gran duda: se veía el río y una carretera con mucho tráfico al otro lado, me parece que la N-634. ¿No se tiene acceso a ella desde este pueblo? Parecía fácil. Si alguien me lo puede explicar, se lo agradezco. 
En resumen, pasamos un bonito día, dándonos cuenta de que hay mucho que ver en Ribadesella y alrededores y todo muy bonito. Me lo apunto!!!

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